Fernando Belaunzarán
Un síntoma inequívoco de la desesperación es el desprecio por las formas y el olvido de la autocontención. Sin embargo, aunque en política no pueden faltar los desesperados, éstos no deben perder el sentido de los límites porque de lo contrario se corre el riesgo de llegar a extremos irreversibles. La elección de 2006 es paradigma de lo que puede suceder cuando se está dispuesto a cualquier cosa para cambiar las tendencias en el electorado. De esa desesperación incontinente surgió la guerra sucia y la violación consciente de la ley por parte de Vicente Fox y del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Por eso resulta patético y paradójico que en la contienda interna por la renovación de la dirección en el PRD se manifiesten los mismos perversos métodos que la izquierda sufrió durante la campaña presidencial. Pero lo que parece realmente inconcebible es que sea al que le sacaron el triunfo a la mala, Andrés Manuel López Obrador, quien caiga en este tipo de prácticas. Si en diciembre pasado no encontró en su carácter de Presidente Legítimo obstáculo alguno para acudir a un acto de campaña de Alejandro Encinas, ahora no le preocupa que el Estatuto le prohíba hacer propaganda por su cuenta para favorecer a su candidato y envió cartas domiciliarias a los más de seis millones de afiliados del partido del sol azteca para hacer abierto proselitismo. Como vemos, en esto de apoderarse del partido nada lo detiene: ni las formas, ni la ética, ni la ley. Y, por lo visto, tampoco la necesaria y patriótica defensa del petróleo.
Por donde se le vea, resulta indefendible la circulación de las cartas del Presidente Legítimo. A diferencia de las restricciones para la impresión y distribución de propaganda que el Estatuto consigna para los candidatos y que resultan a todas luces exageradas –mismas que sólo se pueden entender a la luz de la reacción que provocaron los videoescándalos al interior del partido- la prohibición a terceros para realizarla se explica muy bien y se afianza con la experiencia: vulneran la equidad de la contienda, tal como quedó de manifiesto con los anuncios del CCE en el 2006. Este punto básico se encuentra establecido en el COFIPE desde hace años y ahora es norma constitucional. El problema es que el IFE, primero, y luego el TRIFE, fueron incapaces para imponerse y hacer valer la ley en aquella multicitada elección presidencial. Además, es evidente que el coste de las cartas debe contar en los gastos de campaña del candidato apoyado y demostrar de donde vienen los recursos –como sucede con cualquier aportación en especie en elecciones constitucionales-, lo que significaría, en este caso, que se rebasa el tope, pues éste es de 20 centavos por cada afiliado y la sola impresión de la carta por cada uno más su distribución ya lo sobrepasa. Por supuesto que esto no les quita el sueño a los encinistas, pues anhelan convertirse en víctimas y decir que se les quiere ganar en la mesa. Finalmente, saben de la debilidad institucional del partido y que pueden beneficiarse de la norma no escrita, pero muy conocida, de que “Acuerdo Político mata Estatuto”, aunque públicamente renieguen de ella.
Más allá de la anécdota, de la emulación que hace el principal dirigente de la izquierda de Vicente Fox al intervenir abierta e ilegalmente en el proceso y de Felipe Calderón al pretender imponer dirigente nacional en su partido -que demuestra que AMLO decidió mandar a los principios y a la congruencia de vacaciones en la contienda interna- lo preocupante son los costos políticos. Ya sabemos que esa manera de actuar polariza la elección y ahonda las divisiones. Entonces, ¿cómo es que siendo la máxima prioridad la defensa del petróleo y, por lo mismo, la necesidad de cuidar la unidad para dar el mayor y más fuerte de los frentes a las ambiciones privatizadoras, se trabaja para acrecentar la confrontación en el seno del PRD? ¿Quiere defender los energéticos de la nación o esa es sólo una bandera para fortalecer su imagen en momentos preelectorales? La carta deja muchas dudas. Y es que nada enturbia más un proceso y enrarece más el ambiente que la impune violación de la norma para beneficio del candidato oficial.
Por otra parte, con esto se desgasta una figura que debiera cuidarse. A todas luces, lo correcto era que AMLO se pusiera por encima de la contienda y, con ello, mantuviera la ascendencia política y moral sobre el conjunto del partido. Por desgracia, el deseo de control valió más que cualquier otra consideración. Esta situación lastima, pues finalmente fue el candidato de todos y todos lo apoyamos antes, durante y después de la elección. Por desgracia, parece tarde para convencerlo de que lo mejor era que los militantes decidieran libremente en un proceso limpio, transparente y respetuoso de la norma. Es obvio que cualquiera que resulte ganador buscaría tener una relación cercana con su principal dirigente y es de lamentarse que no alcance a visualizar que nadie se beneficia, ni él mismo, si impone en la dirección a un obediente que a todo le diga que sí, que es mejor tener a un Presidente fuerte, capaz de pararse en sus propios pies. Sólo espero que tenga presente que la responsabilidad de romper la liga es de quien la estira y no del que no la suelta. Que no vaya a culpar a otros de una eventual división.
Parece un mal chiste que, ante la aparición de las cartas, Alejandro Encinas se congratule con ellas –bueno, Felipe Calderón hizo exactamente lo mismo respecto al apoyo de Fox- y fustigue a sus adversarios diciendo que si están molestos es porque quieren ganar “a la vieja usanza”. La verdad es que no hay usanza más antigua, no sólo en el partido sino en el país, que la que pretende ungirlo presidente. Él se atiene y se abraza a una sola voluntad, al dedo divino del líder máximo. En sus dieciocho años de existencia, invariablemente el presidente del partido ha sido al menos palomeado por el caudillo en turno. Ese es un resabio priísta que el PRD tiene, como nunca, la posibilidad de romper el 16 de marzo. Pero flota en el ambiente dudas más que razonables: ¿AMLO aceptará la derrota de su candidato, así sea ésta inobjetable? ¿Pondrá por delante la defensa del petróleo o instigará un conflicto postelectoral para imponer a un tercero al frente del PRD? ¿Priorizará al proyecto o preferirá la vendetta? Por el bien de la izquierda, que aparezca el estadista.
De paso…
Cancún. Después de un burdo intento del PRI por robarse la elección en el municipio paradisiaco de Benito Juárez, mejor conocido como Cancún, se le entregó la constancia de mayoría a Gregorio Sánchez, candidato del PRD. El próximo presidente municipal tuvo como coordinador de campaña a Jesús Zambrano y sostiene que su gobierno será socialdemócrata… Como no hay nada que le duela más a la derecha que ganarle elecciones, el triunfo en el Caribe y la toma de protesta de Leonel Godoy como gobernador ponen de manifiesto la gran disyuntiva perredista de cara a la renovación de la dirigencia: Ganar como en Michoacán o Perder como en Tabasco… El bombazo en el DF poner en evidencia, una vez más, las enormes fallas que tiene la Seguridad Nacional en el país…Aguas con el pánico…
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lunes, 18 de febrero de 2008
lunes, 11 de febrero de 2008
LA RENOVACIÓN DEL IFE
Si partimos del embrollo en que los propios diputados se metieron por una convocatoria ingenua y un procesamiento suelto y anárquico que los llevó incluso a faltar la norma constitucional que hacía tan poco habían aprobado, entonces el resultado es muy bueno. Se encontró una salida consensuada que mejora sustancialmente al IFE empequeñecido y faccioso que contribuyó con su negligencia y parcialidad a llevar al país a una crisis política que estuvo cerca de salirse de madre. Con las sustituciones realizadas no se está construyendo al Consejo General ideal, pero sí uno más creíble y con expectativas de recuperar la confianza perdida.
Es verdad que no sólo hay saldos favorables, que prevalecieron vetos injustificados, evidenciando la mezquindad de la revancha contra personas que han construido su autoridad moral a través del ejercicio independiente de la función pública y su disposición para aplicar la ley, incluso frente a intereses poderosos. Pero también lo es que la política es el arte de lo posible y, dadas las circunstancias, el acuerdo al que llegaron los ocho partidos políticos con representación fue el mejor posible y se evitó que el PRD fuera excluido como ocurrió en 2003.
Sin vetos, seguramente hubieran sido nombrados Genaro Góngora, Mauricio Merino y Jorge Alcocer. Puro peso completo. Pero dominados por la necesidad de hacer un proceso abierto que cubriera flancos ante la crítica despiadada de los medios de comunicación que, ante la reforma que prohíbe la contratación privada de propaganda electoral, tomaron por bandera la defensa del IFE gordillista, llegando al exceso de hacer de Luis Carlos Ugalde un prócer de la democracia y la autonomía del instituto, los diputados idearon un procedimiento que se les salió de control y que tuvo como consecuencias indeseables, entre otras, una carnicería de reputaciones que no merecían muchos de los que de buena fe creyeron en la convocatoria y tenían los merecimientos suficientes para, por lo menos, ser tratados con decoro.
Lástima que Felipe Calderón no entendió que lo mejor que podría ocurrirle al régimen que preside es que encabezara Góngora a la autoridad electoral, que eso hubiera cerrado el pasó a la cuestionamiento y la sospecha, y se hubiera avanzado de manera notable en la necesaria reconciliación nacional. Pero el presidente de facto está lejos de ser un estadista y acabó haciendo causa común con el Gober Precioso y Ulises Ruiz, quienes se han visto afectados por las valientes posiciones públicas del Ministro. La acusación de cercanía de éste con López Obrador era virtud y no defecto como lo vieron algunos políticos de corta mirada. Mauricio Merino sufrió el veto del PRI por el Pemexgate, es decir, se le cerró el paso por hacer lo que queremos y esperamos que hagan los Consejeros Electorales. Y la cabeza de Jorge Alcocer fue ofrendada en el altar de los medios por ser uno de los creadores de la nueva legislación electoral.
El caso es que por querer simular lo que era inevitable, que finalmente tendría que llegar la decisión a los más altos niveles partidarios y a la opinión del Poder Ejecutivo –dado el veto de facto que tiene el PAN por su fuerza numérica- se adentraron a un callejón que parecía no tener otra salida que el despropósito de repetir la historia fallida de hacer a un lado a la más nítida oposición y cuyos agravios sufridos dieron razón de ser a la reforma electoral y a los cambios en el IFE. O sea que estuvo a punto de malograrse todo y pagarse un precio alto sin ningún sentido y para nada.
Por todo lo anterior crece la decisión de los diputados al deshacer el entuerto, pues Leonardo Valdés en su trayectoria ha mostrado entereza, capacidad, rigor intelectual, apego a la ley e imparcialidad. Hizo bien el PRD en reclamar y conseguir proponer al presidente del IFE en una negociación complicada para que, como debe ser, las cosas se hagan bien y no para aspirar a controlar el órgano electoral; para darle el nivel que se perdió al imponer un Consejo General sin consenso, por cuotas de bajo perfil y con miembros propensos a la subordinación. Benito Nacif y Miguel Antonio Baños también generan expectativas positivas y no será difícil que hagan una mejor labor que los que se fueron y los que en breve se irán. Sin embargo, coincido con Marcelo Ebrard cuando dice que los nuevos consejeros tendrán que ganarse la confianza con hechos. Démosles pues, el beneficio de la duda y el apoyo para que su gestión sea exitosa. Ojalá se procesen mejor los tres consejeros que faltan por nombrarse este año para que, sin tanta complicación, se consolide un IFE cualitativamente superior al que sufrimos en el 2006.
Los cuestionamientos de AMLO a los nuevos consejeros era previsible. Por estrategia política él no hará nada que pueda interpretarse como aval a los esfuerzos institucionales por darle legitimidad a un régimen manchado por el fraude electoral a través de cambios y transformaciones. La apuesta es otra: que se descomponga, que se pudra, que se caiga –o mejor, que lo tiren. Eso ha llevado a pensadores como Héctor Aguilar Camín a pedir, de manera poco velada, que se detenga la dinámica reformista del Congreso de la Unión y que ya no haya más concesiones a la agenda democrática del PRD. Lo que pretende el prestigiado historiador es retornar al paraíso perdido del salinismo en el que todo lo decidían, sin ver ni oír a la oposición de izquierda, el PRI y el PAN (Milenio, 8 de febrero de 2008). Deseo que paradójicamente coincide, aunque por otros motivos, con el del principal líder de esa oposición de izquierda.
De paso…
Demócratas. La competencia por la candidatura del Partido Demócrata en Estados Unidos se ha vuelto apasionante y cardiaca. El guión es inmejorable entre el primer precandidato de color con posibilidades de ganar la Presidencia del país más poderoso del planeta y la primera precandidata mujer en esas mismas condiciones. El Senador por Illinois ha generado una inusitada esperanza por el cambio e involucrado a jóvenes e intelectuales, viniendo de atrás y con una retórica fresca y hasta poética. Por su parte, la Senadora de Nueva York ha mostrado un gran oficio y consistencia, de tal manera que no puede ser vista como ex esposa de un Presidente exitoso sino como una política con merecimientos propios y capacidad probada. Al margen de mi simpatía por Obama y el deseo que tengo de que el sueño se haga realidad y llegue a la Casa Blanca como corolario de una historia increíble y fantástica, y mi reconocimiento por Hillary Clinton, lo fundamental es que el que logre la candidatura le haga un favor al mundo y nos libre a todos, aunque sea por cuatro años (pero ojalá sea por muchos más) de los republicanos que asolan al planeta con su conservadurismo mesiánico e intervencionista…¿La familia que tanto obsesiona a Alejandra Barrales por su actitud patrimonialista del partido no será una que empieza con “Ba” y termina con “tres”?…
Es verdad que no sólo hay saldos favorables, que prevalecieron vetos injustificados, evidenciando la mezquindad de la revancha contra personas que han construido su autoridad moral a través del ejercicio independiente de la función pública y su disposición para aplicar la ley, incluso frente a intereses poderosos. Pero también lo es que la política es el arte de lo posible y, dadas las circunstancias, el acuerdo al que llegaron los ocho partidos políticos con representación fue el mejor posible y se evitó que el PRD fuera excluido como ocurrió en 2003.
Sin vetos, seguramente hubieran sido nombrados Genaro Góngora, Mauricio Merino y Jorge Alcocer. Puro peso completo. Pero dominados por la necesidad de hacer un proceso abierto que cubriera flancos ante la crítica despiadada de los medios de comunicación que, ante la reforma que prohíbe la contratación privada de propaganda electoral, tomaron por bandera la defensa del IFE gordillista, llegando al exceso de hacer de Luis Carlos Ugalde un prócer de la democracia y la autonomía del instituto, los diputados idearon un procedimiento que se les salió de control y que tuvo como consecuencias indeseables, entre otras, una carnicería de reputaciones que no merecían muchos de los que de buena fe creyeron en la convocatoria y tenían los merecimientos suficientes para, por lo menos, ser tratados con decoro.
Lástima que Felipe Calderón no entendió que lo mejor que podría ocurrirle al régimen que preside es que encabezara Góngora a la autoridad electoral, que eso hubiera cerrado el pasó a la cuestionamiento y la sospecha, y se hubiera avanzado de manera notable en la necesaria reconciliación nacional. Pero el presidente de facto está lejos de ser un estadista y acabó haciendo causa común con el Gober Precioso y Ulises Ruiz, quienes se han visto afectados por las valientes posiciones públicas del Ministro. La acusación de cercanía de éste con López Obrador era virtud y no defecto como lo vieron algunos políticos de corta mirada. Mauricio Merino sufrió el veto del PRI por el Pemexgate, es decir, se le cerró el paso por hacer lo que queremos y esperamos que hagan los Consejeros Electorales. Y la cabeza de Jorge Alcocer fue ofrendada en el altar de los medios por ser uno de los creadores de la nueva legislación electoral.
El caso es que por querer simular lo que era inevitable, que finalmente tendría que llegar la decisión a los más altos niveles partidarios y a la opinión del Poder Ejecutivo –dado el veto de facto que tiene el PAN por su fuerza numérica- se adentraron a un callejón que parecía no tener otra salida que el despropósito de repetir la historia fallida de hacer a un lado a la más nítida oposición y cuyos agravios sufridos dieron razón de ser a la reforma electoral y a los cambios en el IFE. O sea que estuvo a punto de malograrse todo y pagarse un precio alto sin ningún sentido y para nada.
Por todo lo anterior crece la decisión de los diputados al deshacer el entuerto, pues Leonardo Valdés en su trayectoria ha mostrado entereza, capacidad, rigor intelectual, apego a la ley e imparcialidad. Hizo bien el PRD en reclamar y conseguir proponer al presidente del IFE en una negociación complicada para que, como debe ser, las cosas se hagan bien y no para aspirar a controlar el órgano electoral; para darle el nivel que se perdió al imponer un Consejo General sin consenso, por cuotas de bajo perfil y con miembros propensos a la subordinación. Benito Nacif y Miguel Antonio Baños también generan expectativas positivas y no será difícil que hagan una mejor labor que los que se fueron y los que en breve se irán. Sin embargo, coincido con Marcelo Ebrard cuando dice que los nuevos consejeros tendrán que ganarse la confianza con hechos. Démosles pues, el beneficio de la duda y el apoyo para que su gestión sea exitosa. Ojalá se procesen mejor los tres consejeros que faltan por nombrarse este año para que, sin tanta complicación, se consolide un IFE cualitativamente superior al que sufrimos en el 2006.
Los cuestionamientos de AMLO a los nuevos consejeros era previsible. Por estrategia política él no hará nada que pueda interpretarse como aval a los esfuerzos institucionales por darle legitimidad a un régimen manchado por el fraude electoral a través de cambios y transformaciones. La apuesta es otra: que se descomponga, que se pudra, que se caiga –o mejor, que lo tiren. Eso ha llevado a pensadores como Héctor Aguilar Camín a pedir, de manera poco velada, que se detenga la dinámica reformista del Congreso de la Unión y que ya no haya más concesiones a la agenda democrática del PRD. Lo que pretende el prestigiado historiador es retornar al paraíso perdido del salinismo en el que todo lo decidían, sin ver ni oír a la oposición de izquierda, el PRI y el PAN (Milenio, 8 de febrero de 2008). Deseo que paradójicamente coincide, aunque por otros motivos, con el del principal líder de esa oposición de izquierda.
De paso…
Demócratas. La competencia por la candidatura del Partido Demócrata en Estados Unidos se ha vuelto apasionante y cardiaca. El guión es inmejorable entre el primer precandidato de color con posibilidades de ganar la Presidencia del país más poderoso del planeta y la primera precandidata mujer en esas mismas condiciones. El Senador por Illinois ha generado una inusitada esperanza por el cambio e involucrado a jóvenes e intelectuales, viniendo de atrás y con una retórica fresca y hasta poética. Por su parte, la Senadora de Nueva York ha mostrado un gran oficio y consistencia, de tal manera que no puede ser vista como ex esposa de un Presidente exitoso sino como una política con merecimientos propios y capacidad probada. Al margen de mi simpatía por Obama y el deseo que tengo de que el sueño se haga realidad y llegue a la Casa Blanca como corolario de una historia increíble y fantástica, y mi reconocimiento por Hillary Clinton, lo fundamental es que el que logre la candidatura le haga un favor al mundo y nos libre a todos, aunque sea por cuatro años (pero ojalá sea por muchos más) de los republicanos que asolan al planeta con su conservadurismo mesiánico e intervencionista…¿La familia que tanto obsesiona a Alejandra Barrales por su actitud patrimonialista del partido no será una que empieza con “Ba” y termina con “tres”?…
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