lunes, 1 de septiembre de 2008

SEÑALES DE ALERTA

La primera preocupación de todo político debe ser la de responder a las más apremiantes necesidades de la sociedad en conformidad con sus convicciones programáticas y axiológicas mediante los recursos propios de su oficio, los cuales en democracia son el diálogo y la negociación para sumar voluntades y construir acuerdos con otras fuerzas. Pero eso no quiere decir que los que ejercen esa actividad tengan el monopolio de las soluciones, menos aún cuando se trata de problemas incubados desde hace décadas y que, por lo mismo, han adquirido dimensiones estructurales e incluso culturales. Ese es, entre otros, el caso de la inseguridad y el desbordamiento del crimen organizado en el país.

La multitudinaria marcha sabatina expresó un clamor legítimo, esencial, básico para la convivencia que merece ser escuchado y atendido, así como tomarse nota del hartazgo más que comprensible dadas las circunstancias. Sin embargo, para que no quede reducida a un simple acto de desahogo o se le quiera aprovechar para otros fines es indispensable que sirva para favorecer la unidad nacional frente al crimen. De lo contrario, en lugar de atacar el mal de raíz y enfocar las baterías en prevenir y combatir a la delincuencia organizada se corre el riesgo de incentivar la lucha política, generar inestabilidad e imponer una guerra de culpas que previsiblemente sólo favorezca la adopción de medidas de impacto mediático sin reparar en que podría resultar peor el remedio que la enfermedad.

Lo más fácil es aprovechar la justa indignación ciudadana para poner contra la pared a un gobierno, a un partido o al conjunto de la clase política; lo difícil es que como sociedad se afronte la profundidad y gravedad del problema y que todos estén dispuestos a asumir su responsabilidad y a pagar los costos que les correspondan. Con independencia de la opinión negativa que buena parte de la ciudadanía tiene de los políticos y de que siempre resulta saludable exigirles, es obvio que acrecentando ese sentimiento no se fortalecerá la capacidad de respuesta del Estado mexicano a menos que se abriguen intenciones golpistas y se sostenga que es necesario un cambio abrupto de régimen para redimir al país de sus problemas, idea que es acariciada en los extremos de la izquierda y la derecha.

No es casual que los narcos hayan decidido hacer política abierta y llevado a cabo una estrategia mediática en consonancia con la lógica de los que quieren sentar en el banquillo a los gobernantes antes que a los criminales. Se entiende que ellos busquen agudizar la crisis política en el país, pues son seguros beneficiarios del caos. Lo inexplicable es que diversos grupos de poder jueguen con indolencia a incendiar la pradera sin tener idea después de cómo apagarla y pensando que en la incertidumbre tienen más posibilidades de ganar que de perder.

En política no hay peor consejero que el autismo -y eso vale también para los que la realizan sin asumirse como políticos. Por eso nadie debe (auto) engañarse. El país tiene grandes problemas sistémicos y en ese sentido el descontrol de las bandas delictivas que se permiten retar al Estado moviéndose con absoluta libertad y sembrando el terror a lo largo y ancho del territorio nacional debe verse como síntoma de una enfermedad mayor que no se agota en los ámbitos policiacos y judiciales. Hay una profunda descomposición social provocada por diversos factores que van más allá de la omnisciente impunidad y que incluso la cobijan, la promueven, la hacen posible. La debilidad de las instituciones, la preeminencia de poderes informales sobre ellas, la corrupción como segunda naturaleza en las más diversas esferas de la vida social, la falta de crecimiento, la ingente desigualdad y el acaparamiento de privilegios en unos cuantos son algunas de las causas más notables.

El más elemental sentido común debiera llevar a la realización de un pacto político y social no sólo para enfrentar unidos a la delincuencia, que no es poca cosa, sino para recuperar el camino de la transición y establecer los pilares fundamentales de un proyecto de nación compartido que no se agote en la coyuntura y se proyecte a mediano y largo plazo. Frente al poder que manifiesta todos los días el crimen se le debe anteponer la unidad del país. Por eso pienso que aunque la marcha fue sin duda exitosa debió convocarse como lo hacen en España cada que hay un atentado terrorista. Ahí todos salen a las calles hombro con hombro y no se preocupan de si alguien se quiere montar o si se le debe pasar la factura a la clase política o al gobierno, pues entienden que hay que darle un frente sin fisuras al enemigo común. Saben que es más fácil librar la guerra con un Estado fuerte que con uno debilitado y que se deben establecer correctamente las prioridades para que las confrontaciones entre partidos no se antepongan al interés nacional.

Algunos no se dan cuenta que la democracia está en peligro. Si un sistema es incapaz de solucionar los problemas apremiantes de la gente entonces se expone a ser desplazado por otro que, como se ha visto a lo largo de la historia, no necesariamente es mejor. Es verdad que México no vive todavía una democracia consolidada, que ha sufrido algunas regresiones y que faltan puntos de la agenda por cumplirse, pero nadie puede negar la importancia de los avances conseguidos que le han cambiado el rostro al país en los últimos tres lustros. Por eso se debe hacer frente a las nostalgias autoritarias y fortalecer a las instituciones democráticas transformándolas para que sean útiles y funcionales a las necesidades ciudadanas, asumiendo que las fallas de un mal gobierno se pagan y se cobran en las urnas. El reto para la izquierda es el de tomar la iniciativa para combatir con firmeza a la delincuencia sin sacrificar libertades, atreviéndose a poner los puntos polémicos a debate como la despenalización de algunas drogas y la adopción de medidas más estrictas para evitar el lavado de dinero.

No se necesita tener mucha intuición para darse cuenta que la desestabilización del gobierno es acariciada por otros sectores alejados de la izquierda que piensan que la mano dura sin restricciones es lo mejor para resguardar sus intereses sin necesidad de hacer concesiones como aceptar contrapesos, pagar impuestos justos o ser sujetos a más estrictas fiscalizaciones en el sistema financiero para atacar a la delincuencia. Así se da una extraña coincidencia con quienes desde el otro lado del espectro político sostienen que un gobierno considerado ilegítimo no debe terminar su encargo. Está visto, nadie sabe para quién trabaja.


De paso…

UDG. La segunda universidad pública más importante del país entró en crisis porque el hasta hace unos días rector quiso emular a Fujimori encabezando un autogolpe a la institución, el cual llevó a cabo al más puro estilo de sus nuevos patrocinadores yunquistas: a lo bestia. Tránsfuga de la izquierda hacia el PRI y ahora entregado al Gober Piadoso, Carlos Briceño Torres alega en su defensa que tuvo una inspiración divina al salir de la iglesia -seguramente del mismo espíritu que llevó a su amigo Emilio González a entregar una megalimosna con dinero público al obispado. Ese tal Briceño se quiere convertir en el anti Barros Sierra pues en lugar de defender la autonomía está clamando por la intervención gubernamental que pase por encima de las leyes y lo convierta en monarca universitario. En el colmo de la estulticia declara con ínfulas de fajador callejero que va a destituir a Raúl Padilla, su hasta hace poco mentor, de la organización de los eventos culturales más exitosos de la universidad y que cuentan con prestigio internacional -la FIL y el Festival de Cine- poniéndolos en riesgo. Ese desprecio por la cultura sin duda lo hacen digno aspirante al rito de iniciación del Yunque, pero son indignos para quien pretende encabezar una institución de educación superior. Con independencia de lo que decidan los tribunales, Carlos Briceño es un cartucho quemado. La lección y moraleja que debiera servir no sólo para Raúl Padilla, pues es un mal muy extendido en el país, es que vale más apostar por la capacidad que por la incondicionalidad. Aquellos que siempre están más que dispuestos a lamer la suela de los zapatos suelen ser los más nocivos… Tras una discusión profunda, ocho de once ministros consideraron constitucional la despenalización de la interrupción del embarazo hasta las doce semanas de gestación. Con ello se fortalece al Estado laico y se protege la salud de miles de mujeres. Por supuesto, lo que sigue es bajar la incidencia de la práctica del aborto reduciendo los embarazos no deseados y generando opciones a la madre que siempre debe tener la última palabra. Se trata de un triunfo cultural, pero también de la división de poderes, pues nadie le puede escamotear el mérito a la Asamblea Legislativa que, ya sabemos, con Víctor Hugo Círigo al frente le ha dado por legislar sin pedir permiso… Y sí, los extremos se juntan. Jorge Serrano Limón ya mandó al diablo a las instituciones… La Convención Demócrata fue por demás emotiva y el estadio de los Broncos de Denver insuficiente para albergar a todos. Hillary Clinton, como siempre, estuvo excepcional e hizo un llamado inequívoco a la unidad. Resalto dos mensajes, el de Barack Obama que afirma que ocho años de guerra son suficiente y el del exitoso ex presidente Hill Clinton: “Al mundo le impresiona más el poder de nuestro ejemplo que el ejemplo de nuestro poder”… Un adiós fraternal para Gilberto Rincón Gallardo en recuerdo a sus décadas de lucha por un México más justo y sin discriminación…

3 comentarios:

Bian dijo...

Buen artículo FER. Solo que considero que las marchitas no son la solución para parar la seguridad y menos marchas de puro "fresita".

Así no vamos a avanzar y mucho menos con un presidente que ahora ya no se arriesgará a exponerse sino que nos informará de sus acciones por medio de la tele... qué divertido!

Anónimo dijo...

Me parece muy interesante tu artículo.Solo quiero decirte que si bien la delincuencia ha crecido, no es nueva en este país. Lo que ocurre es que ahora esta golpendo a los pudientes, a los qui si tienen voz en los medios, a los que siempre fueron beneficiados por el régimen. Lo digo porque, tal vez sin tanta violencia,los fregados siempre han sufrido con toda impunidad el robo de sus "semans" o "quincenas", el despojo de sus pertenencias, etc.

lalo dijo...

Bian,
los "fresitas también lloran" y votan, y cierto que aunque son la causa-efecto de la impunidad, tienen derecho a tomar las calles de vez en cuando.
Parafraseando a Valérie Giscard d'Estaing: "Sr Miterrand usted no tiene el monopolio del corazón" ni los no fresas el de las calles.

Saludos