miércoles, 27 de agosto de 2008

EL AÑO DE RUTH ZAVALETA

Ruth Zavaleta se convirtió en figura pública estelar porque en lugar de utilizar salidas fáciles, moverse en la ambigüedad, seguir la corriente, buscar fórmulas de compromiso o nadar de muertito decidió afrontar la contradicción de presidir un poder del Estado y ser diputada de un partido que se debate entre la lucha institucional o luchar contra las instituciones. Ese dilema que arrastra hasta la fecha el PRD tras el traumático desenlace de la elección presidencial se traduce en el ámbito legislativo a promover reformas o bloquearlas, a construir una alternativa a la crisis o pretender profundizarla, a ser factor de reconciliación nacional o de enrarecimiento y polarización social. Lo que unos -la mayoría- le reconocen y otros -muchos menos, pero más rijosos- no le perdonan es que Ruth haya optado por cumplir su responsabilidad constitucional y antepuesto los intereses del país a los de la aventura de desestabilizar al régimen para después intentar reconstruir otro “desde abajo”.

A diferencia de muchos de sus detractores, Zavaleta siempre ha estado en la izquierda, proviene del movimiento social y se formó enfrentando al autoritarismo del viejo régimen en condiciones precarias. Por eso no le intimidan los certificados de “pureza” que expiden desde el séquito del “gran líder” ni se impresiona por la pretendida radicalidad de los que tienen un pie en la insurrección y el otro en el presupuesto público. Su respuesta al EPR muestra que, a pesar de las diferencias, le merecen mayor respeto los que pudiendo estar equivocados asumen los riesgos de combatir al sistema sin dobleces que los que viven de cambiar de camiseta, no se incomodan con los bandazos y ahora son ultras por pragmatismo aunque les salga espuma por la boca y hagan gala de ese odio furioso propio de los conversos. Basta tener un poco de memoria para saber que muchos “radicales” de ahora son de ocasión.

La izquierda que conformó el PRD es consecuente consigo misma si persiste en la vía electoral y se preocupa por transformar al país y sus instituciones a través de éstas. Para ello requiere de construir mayorías legislativas, ganar elecciones, convencer a la opinión pública e involucrar a la sociedad civil en sus batallas. Los agravios sufridos, que no son pocos ni menores, no pueden justificar el error de olvidar esa ruta y, en su lugar, tomar el camino del aislamiento y el vanguardismo que cree que una minoría desengañada e iluminada por la sabiduría de un hombre providencial puede mediante la acción directa redimir a todo un pueblo y acabar con los tiranos; pensamiento que, por cierto, suele cobijar tiranías.

Ruth Zavaleta en ese punto no se equivoca. Actúa con la convicción de que la izquierda es más fuerte si cuenta con el consenso social y que, por lo tanto, en lugar de cultivar el resentimiento y trabajar para decantar el voto duro se tiene que mantener el apoyo ciudadano conseguido y buscar incrementarlo. Y es que, al final del día, la fuerza de un partido, de un proyecto político, se mide con el número de votos en las urnas y la capacidad que tenga para modificar la realidad con base en su programa e incidir con sus ideas y prácticas en la mentalidad, en la cultura, en las convicciones de los ciudadanos.

El contraste entre dicha visión y la que tiene y difunde el gobierno legítimo es un factor que resaltó la labor de Ruth. Pero también lo hizo la adversidad en la que se ha movido y frente a la que se ha afirmado y sobrepuesto. Por principio de cuentas tuvo que vencer con votos el veto de López Obrador que se negó incluso a recibirla antes (y después) de su elección. Luego se enfrentó a un ambiente hostil por parte de los incondicionales de aquél, los cuales, además de que no pueden concebir que haya vida política fuera de la gracia divina del ex candidato presidencial, están imposibilitados para cuestionar sin caer en el insulto burdo. Evidenciando su doble moral, los soldados de Dios arremetieron contra Zavaleta –que nunca se reunió con Calderón- por relacionarse con otros poderes y diversos personajes en el ámbito de su trabajo. Mientras se le iban encima por hacer causa común con la esposa de Calderón contra las adicciones callaban sobre viajes, palabras melosas y peregrinaciones a Los Pinos que hizo la gobernante que apoyó a Alejandro Encinas. Los ataques de ese antihéroe que en un inexplicable harakiri de la izquierda se le nombró miembro y vocero del CEN PRD, lo mismo que los del par de diputadas pendencieras del FAP y, por supuesto, la insinuación soez del propio AMLO contra ella, sin duda que la fortalecieron, aunque en eso fue fundamental la entereza y contundencia con que los enfrentó. De esa manera pudo representar valores cívicos y democráticos como la tolerancia, el diálogo, la inclusión y el respeto.

La voz de Ruth no ha dejado de oírse. Sus palabras tienen resonancia nacional y nada escapa a las grabadoras que cotidianamente la rodean. Habla con espontaneidad y se muestra auténtica, alejada del cálculo y la malicia. No se dirige, como muchos otros, a un único y poderoso destinatario sino que piensa en comunicarse con el conjunto de la sociedad. Se expresa con libertad sobre casi todos los temas. Por eso nadie debe sorprenderse que si bien en muchas ocasiones acierta en otras no. El caso más conocido fue cuando declaró que se debía aceptar la posibilidad de que los ministros de culto pudieran ser candidatos a cargos de elección popular; por fortuna pronto reconoció su error y rectificó, algo poco común entre quienes la hostigan.

En cualquier país democrático sería motivo de orgullo que otros partidos y gente sin partido reconozcan el trabajo realizado por una compañera. Esa es una señal de éxito. Sin embargo, para la lógica perversa de la confrontación absoluta es considerado un crimen y se ha usado contra Ruth como si el respaldo de los otros fuera una prueba fehaciente de la traición denunciada. En realidad, lo único que se demuestra con ello es el atraso y la regresión autoritaria que ha sufrido una parte de la izquierda en el empecinamiento de subordinar toda consideración al deseo de revancha por una elección ciertamente opaca, inequitativa y abusiva, pero que al olvidarse de las necesidades de la gente y los intereses del país se condena a la autodestrucción y la impotencia.

La polarización crea sus antípodas paradigmáticos. En el PRD puede apreciarse a los que rechazan toda decisión institucional que no les favorezca, que pretenden decidir quién es presidente y quién no lo es cerrando oficinas y que llegan a la kafkiana práctica de tomar por la fuerza su partido siendo dirigentes del mismo. Sobra mencionar al representante más notorio de esa tendencia, sobre todo cuando el verbo noroñar se usa ya con cotidianidad para señalar prácticas cavernarias. Del otro lado, sin duda que Ruth Zavaleta se volvió símbolo de la izquierda propositiva que pelea por la democracia asumiendo sus reglas y principios.

El próximo primero de septiembre ya no irá Felipe Calderón a San Lázaro. El próximo presidente de la Cámara de Diputados no tendrá que moverse en el filo de la navaja ni ese día ni a lo largo de su gestión y, por supuesto, tampoco sufrirá la censura de su mensaje. Muchas cosas han pasado en el lapso de un año en el ámbito legislativo: reformas trascendentes, controversias públicas, nombramientos, tomas de tribuna, encuentros y desencuentros. Un año intenso… el año de Ruth.

1 comentario:

Diego Alberto El Magno dijo...

realmente RUTH ZAVALETA fue la mujer del año politico que concluye... no se si fue por su caracter y/o aceptacion politica-social-popular o sencillamente porque presidio la Camara de Diputados; pero a lo largo del año tuvo sus altibajos... como a cualquier politico le suceden, y AFORTUNADAMENTE para ella (y para nosotros los perredistas), esta cerrando este ciclo con la frente en alto. Debo de reconocer que hubo ocasiones en que no coincidia con sus declaraciones y hasta mis compañeros de escuela priistas y panistas se mofaban de mi por sus declaraciones, pero tambien hubieron declaraciones de las que me senti sumamente orgulloso de tenerla en el PRD... en fin... lo que ahora el partido con UNIDAD debemos de buscar.. es que nos den lo que nos corresponde: LA PRESIDENDIA DEL SENADO...