lunes, 2 de mayo de 2011

EL FIN DE OSAMA BIN LADEN

Fernando Belaunzarán
http://herejiapolitica.blogspot.com Twitter: @ferbelaunzaran

Sin desplantes prepotentes; sin despliegues militares ostentosos; sin discursos supremacistas; sin groseros retos a la comunidad internacional; sin amenazar con represalias justicieras en cualquier parte del mundo; en fin, sin comportarse como George W. Bush, Barak Obama ordenó el operativo que puso fin a la vida del terrorista que atacó a los Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001.

A casi 10 años de distancia, el país más poderoso de la tierra logró hacerse justicia por propia mano. En un operativo de fuerzas especiales que empezó a gestarse en agosto del año pasado, dieron muerte a su acérrimo enemigo. Este éxito de la inteligencia norteamericana se da después del fracaso de la doctrina Bush en la “guerra contra el terrorismo”.

Afganistán e Irak se convirtieron en los nuevos pantanos del ejército norteamericano y en sitios donde los terroristas han encontrado tierra fértil para operar, atacar y hacerse de adeptos. El deterioro de la imagen pública internacional de los Estados Unidos durante la administración Bush fue colosal y la derrota republicana en las elecciones presidenciales del 2008 mostraron, entre otras cosas, el castigo ciudadano a los pésimos y muy onerosos resultados de esa política neoimperilista.

La importancia histórica de Osama Bin Laden rebasa la anécdota. El guerrillero musulmán entrenado por la CIA para enfrentar a los soviéticos en Afganistán o el parentezco de éste con la familia real saudita, aliada fiel de los Estados Unidos, da material a las sobremesas, pero el lugar que tendrá en los libros de historia se deberá a que su ataque terrorista contra el Pentágono y las Torres Gemelas abrió una etapa, muy desafortunada, en la geopolítica mundial. Las consecuencias nefastas de esa abominable acción y, sobre todo, de la no menos abominable reacción de la administración Bush, siguen a la vista y van más allá de Oriente Medio.

La unilateralidad norteamericana en la guerra de Irak, la fuerza desmedida y arrogantemente presumida, los abusos a prisioneros y civiles, la imposibilidad de pacificar Afganistán e Irak, el creciente número de bajas militares, el terrorismo desbordado en las zonas ocupadas y los gastos onerosos para mantener las tropas en eso lugares remotos, hicieron que Bush pagara un alto costo y que su política se le revirtiera; pero el dolor humano, la descomposición política y social, los efectos de los agravios están lejos de haber terminado y cuantificarse. La victoria electoral de Obama fue valiosa y aplaudida por el mundo entero, pero en sí misma insuficiente. El cambio, aunque notable, aun no ha logrado que Estados Unidos sea el factor de paz y estabilidad en Medio Oriente, al que se comprometió la administración actual.

Dicen que los extremos se juntan, pero en el caso que nos ocupa sería más certero afirmar que se fortalecieron mutuamente. Para el militarismo de Bush, nada mejor que tener enfrente a un fanático musulmán integrista que recurre al terrorismo y que había agraviado a la sociedad nortemericana en donde más le dolía. El orgullo herido clamaba venganza y la respuesta fue brutal, en sentido literal. Lo de menos era encontrar al odiado terrorista; lo de más era hacer notar el poder militar, mostrarle al mundo quién mandaba y hacer de la guerra un enorme negocio…y eso hicieron, pero dejando un tiradero casi tan grande como el odio que sembraron a su paso. Abu Graihb y Guantánamo son dos muestras del desprecio por el derecho internacional y los Derechos Humanos de la doctrina Bush que, por supuesto, incluye la impunidad.

A su vez, a Osama Bin Laden le convenía tener de “enemigo” a alguien como Bush, pues sus dichos y hechos confirmaban, a los ojos de los grupos extremistas islámicos, que Estados Unidos es “la encarnación del mal”. La destrucción, descomposición y muerte que las tropas norteamericanas dejaron a su paso generaron la desesperación y el odio necesarios para que el terrorismo creciera en base social y fuera atractivo para no pocos jóvenes de la región. Al Qaeda no existía en Irak… hasta antes de la ocupación de Estados Unidos.

En México sufrimos también las consecuencias de aquel 11 de septiembre. Como a algún funcionario norteamericano, seguramente no muy brillante, se le ocurrió que a los terroristas islámicos se les haría muy fácil pasar por el desierto mexicano, incrementaron sustancialmente su seguridad en la frontera sur, complicando el paso de indocumentados. Esa situación provocó que el tráfico de personas usara las mismas rutas y redes que tráfico de drogas y contribuyó a juntar los negocios. La trata y el secuestro encontraron condiciones inmejorables para desarrollarse con los migrantes, muchos de ellos provenientes de Centroamérica. La tragedia de San Fernando tiene, en parte, su explicación en dicha situación de vulnerabilidad frente al poderoso crimen organizado ligado al narco.

Barak Obama tiene méritos en su trayectoria, en sus ideas, en su elocuencia discursiva, pero sin duda que su éxito electoral también se debió al fracaso militar de Bush. Ahora que ha visto menguada seriamente su popularidad por los problemas económicos que, si bien heredó de su antecesor, no ha podido encontrarles las soluciones satisfactorias que desearía, le llega la muerte de Bin Laden a manos de sus tropas de elite como un regalo del cielo. Sin el ruido amenazador ni el puño cerrado de Bush logró lo que éste no pudo. Seguramente eso se lo ayudará en la campaña por la reelección del próximo año. Y que no regresen los republicanos sería, sin duda, una buena noticia para el mundo.

De paso…

Nayarit. Si en 2010, el PRD y el PAN lograron acabar con la ilusión priista del “carro completo”, derrotar a caciques que un año antes se habían mostrado imbatibles, abrir posibilidades de transición en estados que sólo habían sido gobernados por un mismo partido en más de ocho décadas, arrebatarle plazas importantes al PRI y cambiar la percepción de que éste partido estaba destinado a regresar a Los Pinos en 2012, en este año parece que están trabajando para conseguir el resultado contrario. A la caída de la alianza en Estado de México se siguieron con Coahuila y Nayarit, este último estado con grandes posibilidades de ganarlo. Pero si en el PRD se impusieron las minorías, estatales y nacionales, para no aceptar que el panismo apoyara a Alejandro Encinas, en la entidad del Pacífico el PAN decidió no respetar el Convenio que le otorgaba la facultad a los perredistas de decidir sobre el candidato a gobernador. Forzaron la realización de un par de encuestas bajo el argumento de que sólo la esposa del exgobernador Echevarría era competitiva. Las mediciones demostraron que eso era falso y que Acosta Naranjo tenía altas posibilidades de vencer. Sin embargo, el panismo acordó disolver la alianza antes de que el Consejo Estatal del partido del sol azteca resolviera sobre la candidatura y se llevaron a la perredista apoyada por René Bejarano como candidata. Aunque en realidad ella sólo se debe al grupo económico que representa y que es muy poderoso en ese estado: Grupo Alica. Toño Echevarría, su marido, ganó la primera alianza victoriosa, en el año 1999. Preámbulo del foxismo, su gobierno fue decepcionante a tal punto que no pudo volver a ganarle ninguna elección a su expartido, el PRI. Acosta Naranjo tuvo que renunciar y salir prácticamente exiliado a fines de ese mismo año cuando se negó a firmar una compra de patrullas sin licitación a una de las concesionarias del entonces señor gobernador. Echevarría firmó un compromiso público de no tomar partido entre el PRD y el PAN en 1999, pero decidió apoyar a Fox, al que conocía bien, pues desde hace muchos años tiene la concesión de la Coca-Cola en la entidad. En 2006, cuando vio que el viento corría en otra dirección, apoyó a Andrés Manuel López Obrador. Un año antes trató de hacer a su esposa gobernadora, pero el fracaso de Maricarmen Ramírez en Tlaxcala y el paso atrás de Martha Sahagún, llevaron al PAN a no respaldarla, razón por la cual ésta quemó su afiliación a ese partido. Martha Echevarría apareció en la escena pública como Directora del DIF y se hizo muy popular porque los programas sociales se canalizaron a esa dependencia. Si bien tiene un perfil marcadamente bajo, su estilo populachero le genero un respaldo social importante, aunque el candidato del PRI, Roberto Sandoval, también de bajo perfil, es aun más popular. Guadalupe Acosta Naranjo le ofreció la candidatura a diputada en 2009 y luego la hizo presidenta de la Comisión de Equidad y Género de la actual legislatura. Ella a su vez se comprometió a apoyarlo en la disputa por la gobernatura, pero cambió de planes. Como ella misma dijo a Carlos Navarrete y a Jesús Zambrano, “las palabras se las lleva el viento”. En su pugna por la candidatura frente a Acosta Naranjo consiguió el apoyo de las corrientes nacionales obradoristas, fundamentalmente la de René Bejarano, se reunió en Tepic con Andrés Manuel López Obrador y logró que la Coalición del Partido del Trabajo y de Convergencia la esperaran hasta el último momento por si no le daban la candidatura. Las decisiones siempre las toman sus asesores y sus familiares, pues ella no tiene ninguna formación política y siempre se constriñe a leer con deficiencia las tarjetas y escritos que le redactan. Si yo tuviera malicia, la bautizaría como Marthahari. Pero eso es anecdótico. Lo fundamental es que si en el Estado de México se cayó la alianza porque el PRD no tuvo la mayoría calificada en sus órganos para asumir los resultados de la Consulta que él mismo convocó, en Nayarit la responsabilidad de que no haya alianza recae en el PAN por no haber sabido tratar, y respetar, a los aliados. Juan Molinar Horcasitas y Gustavo Madero creen que se puede repetir el fenómeno de Baja California Sur, pero se equivocan, las situaciones son muy distintas. Si hubieran escuchado a todos los alcaldes panistas (4) y a la única diputada federal que han tenido de mayoría en esa entidad, quienes se manifestaron por respaldar a Acosta Naranjo, quizás no hubieran cometido ese grave error... En el Estado de México hay que cerrar filas con Alejandro Encinas y buscar ganar, a pesar de las dificultades. Sigo pensando que fue un error no ir en alianza, pero hay que asumir las decisiones de los órganos colegiados. Hay que ser institucionales. Es mi convicción. Sólo por cuestiones de responsabilidad histórica, en una decisión fundamental, es que los invito a que vean mi posicionamiento al respecto en el Consejo Nacional del PRD: http://www.youtube.com/watch?v=He4tmaWbTLQ … Enrique Peña Nieto nos adelanta como piensa gobernar al detener las reformas que su partido aprobó en el Senado. Si no hay periodo extraordinario no habrá candidaturas independientes en el 2012. Parece que eso quiere el gobernador mexiquense, cuyos operadores pusieron de pretexto que no estaba la claúsula de gobernabilidad que busca garantizarle al partido que gane la presidencia la mayoría en ambas cámaras; es decir, quieren condicionar la reforma a que se apruebe una contrarreforma… Como este De paso se alargó, escribiré en el siguiente algo de lo mucho que se puede decir de Juan Pablo II… el Barza se la volvió hacer al Real Madrid en la Champions y se perfila una final entre Messi y Sir Chicharito… Vaya fin de semana con boda real, beatificación y noticia de la muerte de Osama Bin Laden!!!… Síganme en Twitter: @ferbelaunzaran

domingo, 3 de abril de 2011

ESTADO DE MÉXICO: CADA QUIEN SU GUERRA

Fernando Belaunzarán
twitter: @ferbelaunzaran

El sectarismo disfraza sus fracasos de virtud. De esta manera, la derrota se sacraliza y se abona la tierra para el martirologio. A la luz de los creyentes, se gana perdiendo porque la pureza es preservada a pesar de las tentaciones del mal que plantean avanzar gradualmente y, lo peor, al costo de conceder y contaminarse. La llegada al Paraíso debe darse en un salto y el triunfo no puede compartirse. La suma cero es categórica. Si la victoria es absoluta y exclusiva, la derrota de los enemigos también debe ser total e irredimible. Todo o nada; y mejor nada que algo.

Dicha lógica maximalista traslada el espacio primordial de la política. Éste ya no es la sociedad a la que se busca incidir sino que, como si se tratara de monjes ascetas, la disputa trascendente se da en la conciencia. Lo fundamental es no desviarse, mantener la ortodoxia para lograr la redención, salvar el alma. El pueblo algún día lo reconocerá, pues es en su nombre que se hace el sacrificio. Por supuesto, tal discurso suele usarse para ocultar otros fines más terrenales y menos idílicos. Tartufería política que se presenta como monopolizadora de la moral pública mientras pugna soterradamente por miserias e intereses mezquinos, apostando a la impunidad por los males que ocasione –sería peor haber cedido y perder el cielo de los puros.

Andrés Manuel López Obrador tensa al máximo para reventar la alianza en el Estado de México aun cuando Alejandro Encinas pudo ser el candidato de la misma y el próximo gobernador del estado, tal y como ellos mismos reconocen, aunque resulte un invento del tabasqueño lo del mensaje de Calderón. Es decir, Andrés Manuel rechazó la posibilidad real de que el PRD gobernara, en tan solo dos entidades del país, la quinta parte de los mexicanos, con todo la fuerza política, económica, cultural y mediática que eso representa, y en su lugar favorecer la continuidad del PRI en el Estado de México, el camino hacia Los Pinos de Enrique Peña Nieto y poner en serio riesgo la continuidad perredista en el DF, algo que en cualquier análisis sereno parecería incomprensible. Error histórico y estratégico que sólo puede tener una explicación: la priorización de su proyecto personal que sintió amenazado por el éxito de las alianzas.

Sabíamos que todos los caminos llevan al 2012 y pasan por el Estado de México, pero no que alguno de los actores relevantes iba a preferir resolver en esa entidad el conflicto interno por la candidatura presidencial en lugar de preocuparse por ganar la elección. Mientras el Peña Nieto se toma muy en serio el riesgo de perder frente a la eventual alianza y opera para evitar rupturas, así sea con los viejos métodos, soltando la gubernatura a un grupo distinto al suyo, pensando en la presidencia de la república, la oposición se hace bolas porque, aunque unirse es lo único que dadas las circunstancias puede hacerlos competitivos, AMLO decidió convertir dicha contienda electoral en el punto de definición de la lucha por la hegemonía en la izquierda política que lleva ya algunos años.

A principios de enero, Alejandro Encinas fue presentado como eventual candidato del PRD por Marcelo Ebrard y Jesús Ortega. En un inicio -recordemos su entrevista de es día en Milenio Televisión- Encinas aceptó la posibilidad de ser candidato de la alianza PAN-PRD si así lo determinaba una consulta ciudadana. Alguna fuerza tropical lo hizo cambiar de opinión, pero lo grave es que al hacerlo cerró la posibilidad de que un dirigente connotado de la izquierda ganará la elección de gobernador y ahora la disputa sea por el segundo lugar, pues, según supone AMLO, quien lo logré será el que polarice con Enrique Peña Nieto en el 2012 y relegue al otro. Apuesta extraña sabiendo que el rechazo que ha cultivado contribuiría a que el gran parte del voto útil sería a favor del mexiquense. Pareciera como si ya hubiera tirado la toalla en la elección presidencial y su lucha fuera por prevalecer sobre “los chuchos” y prepararse por regresar en el 2018. De otra manera, no tendría lógica que le ayudará al que le lleva más de 20 puntos en las encuestas a ganar y mantener su estado y principal semillero de votos del PRI.

Decir que Encinas puede ganar la elección porque la izquierda ya lo hizo en 1988, 1997 y 2006 es engañarse, pues la situación es hoy muy distinta a la que había en esas coyunturas. Por supuesto que entiendo que todos los candidatos tienen que decir que van a ganar, pero si no se confunden los deseos con la realidad y se hace un análisis electoral desapasionado se vería su imposibilidad, lo mismo que para Bravo Mena y el PAN. Si efectivamente la alianza se cayera, el gran ganador sería, sin duda, Peña Nieto, pero AMLO tendría casi amarrada la candidatura presidencial.

Encinas es un mártir de Andrés que sacrificó su competitividad y la posibilidad de ser gobernador para rescatar a su líder del aislamiento en el que se encontraba por el éxito electoral de las alianzas. Al grito de “sálvese El Peje aunque se hunda el mundo” ha tensado al máximo la cuerda al interior del PRD porque sin duda que es un muy buen candidato y que la debilidad de la alianza está precisamente en la carencia de un abanderado de ese nivel. El caso es que Marcelo Ebrard no quiso enfrentar a AMLO en este punto y cedió al chantaje de “la unidad” –la cual, según esto, sólo es plausible si se hace lo quiere López Obrador.

Sin embargo y a pesar de las dificultades, la alianza no está cancelada. La Consulta cumplió su objetivo. Más de 230 votos por casilla es una buena participación y el resultado fue contundente a favor del “Sí”. Resulta patético que el pejismo utilice el mismo argumento –correlación con el padrón electoral- con el que los gobiernos priístas descalificaban las consultas ciudadanas, como la del plebiscito para hacer del DF el estado 32 en 1993, o le del FOBAPROA en 1998, máxime cuando los 230 mil votantes son muchos más de los que nombraron a #AMLO presidente legítimo y no se diga con los que en el Hemiciclo a Juárez se asumieron la reencarnación de “el pueblo” para rechazar la reforma energética. No asumir los resultados de una consulta que uno mismo convoca sería contraproducente y un pésimo precedente. Parece que así lo valorará también una clara mayoría en el Consejo Estatal del PRD en el Estado de México y una mayoría suficiente en el Consejo Nacional de ese partido. Por ello, la alianza sigue viva y esta semana será definitoria.

La dificultad de la alianza es el candidato. De no encontrarse al idóneo que, dadas las circunstancias, ya no podría ser del PRD ni del PAN, entonces la izquierda cerraría filas con Encinas y el PAN presentaría un candidato propio. Si eso sucede, la elección sería prácticamente un día de campo para Eruviel Ávila -ver Encuestas- y Peña Nieto daría un paso importante hacia la Presidencia de la República. Ante ese escenario, aunque “los puros” reclamen la impunidad de “los principios”, habrá responsabilidades históricas. No fue el futuro de los mexiquenses, no fue el futuro de la Nación, tampoco la “congruencia” la que llevó al AMLO a no aceptar que la izquierda encabezará la alianza en el bastión del principal precandidato del PRI, algo que bien habría podido cambiar la historia. Fue la enferma obsesión de confundir al proyecto con su suerte personal. Su guerra en el Estado de México no es contra los caciques que la malgobiernan ni contra quien encabeza la carrera hacia el cargo que tanto anhela. Su guerra es contra “los chuchos” que osaron desafiarlo y que contrastan con su desastrosa estrategia seguida desde que tuvo la pésima idea de hacer un plantón en Paseo de la Reforma. Su guerra es por la candidatura aunque todo lo demás se lo lleve el diablo.

De paso…

Sicilia. Me uno a la pena que embarga al escritor Javier Sicilia por la irreparable pérdida de su hijo, Juan Francisco, arteramente asesinado en el estado de Morelos, así como con la de los familiares de las demás víctimas. Exijo a las autoridades que haya justicia y que no prevalezca la impunidad, como ya es costumbre nacional. ¡¿Cómo no estremecerse con las palabras del poeta?! ¡¿Cómo no hacer nuestra su dolor y su demanda?!: “El mundo ya no es digno de la palabra… la poesía ya no está en mí”… Me uno también al clamor social de “Ya basta” que hay en la sociedad y creo que debemos tomar la calle, tal y como lo hacen los españoles de todos los colores cuando ataca ETA… Síganme en twitter: @ferbelaunzaran