lunes, 7 de noviembre de 2011

LA ENCUESTA DE LA IZQUIERDA

Fernando Belaunzarán
Twitter: @ferbelaunzaran

La izquierda define a su candidato presidencial antes de que las precampañas siquiera hayan iniciado formalmente. La premura se debe a que la decisión tomada va más allá del mejor candidato, pues en realidad se estaría resolviendo la estrategia a seguir según las condiciones, posibilidades y objetivos de quien salga como “mejor posicionado”. Aunque son los mismos partidos los que apoyarían, tanto a Andrés Manuel López Obrador como a Marcelo Ebrard, la contienda sería muy diferente si es uno o el otro.

La urgencia está ligada a un plazo legal. El 18 de noviembre deben registrarse los convenios de coalición en las diferentes elecciones federales del próximo año (presidente, senadores y diputados) y la política de alianzas es fundamental para tener éxito en lo que se busca, lo cual está íntimamente ligado a lo que se puede. Es ahí donde está la disyuntiva de tener a un candidato para cultivar el voto duro de la izquierda, pero con muchas dificultades de trascenderlo por su alto rechazo, o bien a alguien que pueda atraer con mayor facilidad a los independientes e indecisos, contar con el voto conocido como “switcher”, para construir el polo que le dispute la nación al proyecto de la restauración que hoy parece gozar de la mayoría de las preferencias. Para decirlo con claridad: lo que se dirime es si la prioridad para la izquierda en 2012 es construir una nueva organización política o disputar el rumbo de la nación.

AMLO mantiene un respaldo importante y sólido, pero muy por debajo de lo que llegó a tener en 2006 y, para su desgracia, con una enorme dificultad para recuperar lo perdido. Me refiero a su alto voto negativo, al grado de que su rechazo es mayor que su aceptación: uno de cada tres ciudadanos afirma que nunca votaría por él. Es una loza imposible de remontar en el corto plazo, aunque hay que reconocer el enorme esfuerzo que está haciendo por verse moderado y cambiar su imagen. Pero como se trata de un personaje con enorme peso específico y, sin duda, el más conocido del país, resulta muy complicado modificar la percepción social que se tiene sobre él. Eso explica por qué, a pesar de ser el único de los precandidatos de todos los partidos en salir en spots de radio y televisión -más de un millón- no ha podido disminuir sus negativos de manera relevante. Por eso mismo, en caso de que la elección se polarizara entre Peña Nieto y López Obrador, cuesta trabajo pensar que el voto útil del electorado panista se pudiera ir hacia el político tabasqueño, a diferencia de lo que sería si el candidato fuera el actual jefe de Gobierno. Así como existe el voto antipriísta, también existe el voto antipejista, el cual, según encuestas, es hoy mayor.

Cualquier análisis frío de las tendencias hoy establecidas nos dice que AMLO tiene un techo que le impide, en la elección del 2012, pensar en ganar; menos aun si la elección se polariza en dos, pues el voto útil no lo beneficiaría. Si algo quedó demostrado en el Estado de México es que en estos momentos no le basta ir unida a la izquierda para pensar en ganar. No obstante ello, López Obrador quiere ser candidato, no para ganarle a Peña Nieto –fuera de sus posibilidades- sino para construir a MORENA como partido político a partir del 2013. No en vano reitera, una y otra vez, la importancia de ese “movimiento” que “cambiará a México desde abajo”. En esa perspectiva, trataría de argumentar que no fue un fracaso perder la elección presidencial después de sostener que en la pasada se le arrebató el triunfo por “fraude”, pues de la lucha de esos años surge la organización que, según sus cálculos, representaría a la izquierda en las batallas futuras. Un plan que, dadas las condiciones actuales del político tabasqueño, le sería muy redituable, pero que tiene un defecto: deja el camino libre al PRI y a Enrique Peña Nieto hacia Los Pinos, con el riesgo real de que se restaure el viejo régimen, o mejor dicho, para usar la analogía que él ha usado, que regrese Santa Anna al poder. Un costo muy alto para el país que no lo vale ningún proyecto personal, así sea el de aquél que piensa estar destinado a salvar a México.

Si lo que se busca, más que ganar la elección, es conformar y consolidar a la “izquierda verdadera” en una organización, entonces las alianzas, en cualquiera de sus ámbitos, deben circunscribirse a esa parte del espectro político, pues la identidad y el contraste con otras opciones resultaría fundamental. Por eso la insistencia de AMLO en no abrirlas con el PAN en ningún ámbito, a pesar de que el PRI amenaza no sólo con ganar la presidencia sino también la mayoría absoluta en ambas cámaras, lo que, por cierto, ha defendido el peñanietismo como condición de gobernabilidad. Con los números de 2009, es decir, sin “efecto Peña Nieto”, el PRI ganaría en 255 distritos electorales de 300. Sobra decir que con ello regresaríamos al país de un solo hombre, a la llamada Presidencia Imperial, y la lucha de generaciones por democratizar al país se habría desperdiciado.

Si la encuesta, como parece, la gana Marcelo Ebrard, la apuesta es otra: Trascender el voto de la izquierda para construir una mayoría electoral que pueda enfrentar con éxito a las fuerzas de la restauración. No se ve fácil, pero está lejos de ser imposible. Muchos mexicanos podrían reconocer en él la posibilidad no sólo de derrotar al PRI sino de hacer la transición por la izquierda ante los dos sexenios panistas que no pudieron cumplir con las expectativas de cambio. Por supuesto, una izquierda incluyente, tolerante, moderna, desprejuiciada que, como ocurrió en Brasil, Uruguay o Chile, sepa sumar y conciliar con otros sectores de la sociedad. De hecho, el compromiso de Ebrard con los gobiernos de coalición y con la separación del Poder Ejecutivo en jefe de Estado y jefe de Gobierno apuntan en esa dirección.

Esa lógica distinta también de reflejarse en la política de alianzas y al menos conformar coaliciones legislativas amplias, no sólo para evitar el riesgo de terminar con la división de poderes a tan sólo tres lustros de que naciera sino para revertir la percepción de que la elección ya está decidida y el resultado es inevitable a favor de la regresión autoritaria.

Paradójicamente, la eventual candidatura de Marcelo Ebrard podría significar una oportunidad preciosa para Andrés Manuel, ya que el simple reconocimiento de que otro distinto a él fuera candidato sería una prenda incuestionable para demostrar que, en efecto, no es como lo pintan y que es capaz de aceptar sus derrotas y poner por delante el interés general. Si quiere, en verdad, combatir el rechazo ciudadano y reinventarse para tener posibilidades en el futuro, levantarle la mano a Marcelo sería lo más convincente que pudiera hacer.

La diferencia esencial en la definición sobre la candidatura presidencial de la izquierda es si se arroja la toalla frente al PRI en 2012, optando por construir algo nuevo –con Barttlet y Bejarano- para disputar el 2018 -si es que el retorno al poder de ese partido abre tal posibilidad- o se busca crear un polo competitivo frente al partido del viejo régimen, que esté comprometido con los avances democráticos y con la transición no concluida ni consolidada, y que al mismto tiempo establezca políticas de crecimiento y justicia social que urgen en el país. Como dijo hace poco Enrique Krauze, falta una nueva alternancia y ahora debe ser por la izquierda. Ahora sí que por el bien de todos, que la encuesta la gane Marcelo Ebrard.
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4 comentarios:

Fundación Equipo dijo...

Conoce el trabajo que está haciendo Fundación Equipo a favor de las izquierdas en México. http://fundacionequipo.org/w/

Richard dijo...

Uhhh pues la encuesta la gano Andres asi que adios al proyecto de una izquierda domesticada, lastima!!!

Adrián Gómez dijo...

La encuesta no miente: López Obrador tiene una intención de voto casi 10 puntos más alta que la de Ebrard, entonces todo el argumento de Belaunzarán (y cuantos echaron mano del mismo, en particular Milenio) carece de sustento.

En la entrevista abierta a todos los electores --todos los derechistas incluidos-- el público prevee que sí existe competencia entre AMLO y Peña Nieto, en cambio, no existe competencia entre Ebrard - Nieto, porque como ya se había demostrado en otras encuestas, un Ebrard candidato sólo hubiera favorecido al PAN que saldría con un margen superior al 20% de votos

Alondra Moreno García dijo...

Qué te cuesta Fernando en ser objetivo y reconocer lo que Andrés Manuel López Obrador ha hecho por el PRD...Espero que con la capacidad de análisis que tienes, no olvides que AMLO jamás ha denostado contra ningún compañero de lucha, como sí lo ha hecho Marcelo y Jesús Ortega..