viernes, 29 de julio de 2011

LOS DIÁLOGOS DE SICILIA

Fernando Belaunzarán
Twitter: @ferbelaunzaran

Insólito y trascendente si lo tuviera que definir en dos palabras. Un movimiento de víctimas, cuya cabeza visible es un poeta, se ha convertido no sólo en un interlocutor notable de la sociedad frente a los tres Poderes de la Unión sino en la vía para que los asuntos públicos más importantes se ventilen de cara al país a través del instrumento primigenio de la política: el diálogo.

Estamos siendo testigos de un ejercicio democrático de gran envergadura en momentos en que la amenaza de la regresión autoritaria crece y la lógica de “la guerra” apunta en sentido contrario. Al máximo nivel se debaten grandes problemas nacionales y la sociedad civil ahí sentada emplaza, con toda la razón, a las instituciones a cumplir con su responsabilidad y dar resultados.

No es sólo el drama humano, la autoridad moral ganada por la tragedia que no debió ocurrir, la mala conciencia de los representantes de un Estado rebasado por la violencia e incapaz de cumplir con su obligación de brindar seguridad en un rango aceptable a la población. Javier Sicilia y el movimiento “Paz con Justicia y Dignidad” interpelan a una clase política desprestigiada, divorciada de la ciudadanía, que provoca tedio en el diálogo consigo misma. Por eso los políticos han visto también una oportunidad en estos encuentros y aceptan comparecer y, lo más importante, muestran una voluntad de acuerdo y de comedimiento que no tienen en su mundo, razón por la cual coincido con Emilio Álvarez Icaza cuando afirma que salió esperanzado del diálogo con los legisladores.

En la política mexicana reina la lógica de facción. El que gobierna busca aprovechar los recursos y los programas públicos para perpetuarse en el poder y los opositores apuestan al fracaso de la administración en turno. Esa es una de las razones de la disfuncionalidad del régimen y de la creciente descomposición política, misma que suele agudizarse con la cercanía de la sucesión presidencial. La visión de Estado está en peligro de extinción y no se encuentra por ninguna parte… hasta que Sicilia llama a la concreción de un Pacto Nacional y reclama que se resuelvan los graves problemas del país antes de pensar en la próxima elección.

Dicha visón de Estado lleva al movimiento a plantear temas que rebasan el ámbito de la seguridad. El llamado es a pensar juntos el proyecto de nación que la alternancia no trajo consigo. El régimen post partido de Estado es en gran medida disfuncional y si ese problema no se aborda a nada se le dará una solución del tamaño que requiere. De ahí la importancia de abordar la reforma política y empujar para que los funcionarios públicos rindan cuentas y la ciudadanía tenga mayor incidencia en la vida pública. Es preciso acabar con los territorios de privilegio. Equilibrios, contrapesos, transparencia, competencia en condiciones de equidad deben darse a todos los niveles y en todos los ámbitos.

Hay que reconocer que Javier Sicilia resistió a las presiones del sector que en un principio lo arropó dando por descontado que el poeta se sumaría a la lógica rupturista y sería la punta de lanza de una nueva ofensiva para exigir la renuncia de Felipe Calderón. No es casual que ahora los golpes más bajos y ruines en su contra vengan precisamente del obradorismo. Y es que no sólo se negó a transitar por la vía de la polarización sino que acudió a las instituciones en lugar de mandarlas al diablo. Es una línea política divergente de aquella que Andrés Manuel López Obrador anunció el primero de diciembre de 2006 en el Zócalo, cuando Calderón tomaba posesión como Presidente de la República, y que se sintetiza muy bien en una advertencia que ahí pronunció: “No habrá normalidad política…”.

Lo mejor de todo es que la ruta del diálogo ha sido muy exitosa, incluso si los acuerdos prometidos no se concretan con la premura o profundidad requeridas o la obcecación gubernamental impide cambiar de estrategia contra el crimen. Que la sociedad sea testigo de los encuentros en el Alcazar de Chapultepec y conozca de manera directa las razones de los distintos actores y del movimiento es de por sí un avance en la cultura política del país y, por supuesto, incidirá en la opinión pública. Es una forma para trascender el círculo de los convencidos que se dicen lo que quieren escuchar y dirigirse a otros sectores, persuadirlos, sumarlos a la gran causa de replantear nuestra nación para ofrecerle a las siguientes generaciones un futuro diferente y distinto que el del Estado policiaco al que la dialéctica de la violencia nos lleva irremediablemente.

Algo que no se puede soslayar es la fuerza moral del movimiento. Imposible no conmoverse y tomar partido por las víctimas al escuchar sus testimonios y las exigencias de justicia, al mostrarnos las secuelas de “la guerra” o como quieran llamarle a esa matazón salvaje que, con ellos en la mesa, se llenan de rostros, nombres e historias que las abultadas cifras ocultaban. Su presencia hace que no se pueda cerrar los ojos a la realidad terrible de los ejecutados, descabezados, desollados, colgados, levantados, secuestrados, desparecidos, vejados. En nuestro México hay una leva del crimen organizado que convierte a niños en sicarios, que se aprovecha de la frustración de una juventud sin oportunidades para tener un ejército de reserva interminable, que por más capos detenidos y acciones espectaculares de la policía y las fuerzas armadas los negocios criminales, sobretodo el narco y la trata, siguen dando ganancias estratosféricas. Podemos repartir las culpas que se quiera, pero el problema es de todos y todos debemos encontrar las soluciones. De eso trata el Pacto Nacional, una esperanza, una oportunidad que no debemos, no tenemos derecho, de desperdiciar.

3 comentarios:

Luis Mariano Acévez dijo...

Excelente texto. Claro, generoso. Gracias

Alfredo dijo...

Que bueno que Sicilia está haciendo esto, pero no ha sido el único, ya antes que el están Alejandro Martí, Dora Wallace y Nelson Vargas. Que bueno que ya la clase gobernante se está dando cuenta de que los ciudadanos comunes ya estamos hartos de todos ellos.

Y con clase gobernante me refiero a todos desde presidentes municipales, policias, diputados locales, gobernadores, secretarios de estado, presidente, diputados y senadores federales, jueces, etc. A todos y de todos los partidos.

Dense cuenta de que ya sabemos que a nadie de esta clase le importa un bledo lo que pasa con nosotros. Sólo están para servir a sus propios intereses y los de su partido.

Déjense ya de tratar de demostrar la superioridad de un partido sobre otro, ya sabemos que todos son iguales.

Déjense ya de estar buscando recetas para "reinventar" este país cada 6 años, ya sabemos que dichas recetas sólo sirven a sus mezquinos intereses personales.

Simplemente dedíquense a administrar los recursos públicos con honradez, castiguen la impunidad y la corrupción y escuchen a los ciudadanos.

Todo lo que queremos es vivir en paz y tener la oportunidad de trabajar para mantenernos a nosotros y a nuestras familias de una manera digna.

No necesitan inventar nada más, si todos los recursos públicos que generan nuestros impuestos (y las deudas que contratan) los utilizaran honestamente para darnos educación con maestros bien preparados y salud con médicos y enfermeras bien preparados y si utilizaran los recursos para mantener los servicios municipales y no los malgastaran en campañas inútiles y en mantener a una burocracia inflada y corrupta. Eso es todo lo que pedimos señores políticos.

¿Acaso es mucho pedir?

Puente dijo...

Que pobres resultan los análisis que no parten de un planteamiento completo del problema. Hablar de la violencia en México e ignorar su etiología, los cárteles en la lucha por el monopolio de la plaza, su poder armado y su penetración de todos los niveles sociales, su control de lo político y lo judicial. En una palabra la captura de el país y de cada ves mas sujetarlo a sus intereses criminales. Acabar reduciendo todo esto a solo decisiones políticas producto de un capricho va mas alla de la ineptitud para convertirse en complicidad.