miércoles, 2 de marzo de 2011

LOS MÁRTIRES DE AMLO

Fernando Belaunzarán
Twitter: @ferbelaunzaran

La crítica busca re-conocer al objeto o sujeto de la reflexión y ponerlo en sus justos términos; develar lo que no se ve a simple vista, lo que se esconde con intención o sin ella, para presentarlo, con la mayor precisión y aproximación posible, tal cual es. Por eso debe ser mesurada, es decir, medir y guardar proporciones, cuidar que el deseo no distorsione la visión y que los juicios que de él se desprendan sean acertados y pertinentes. La neutralidad es una ilusión y la objetividad una pretensión siempre insatisfecha, pero se puede ser equilibrado y rehusarse al engaño o autoengaño, lo que implica evitar sobreestimar o subestimar y obliga a observar y tomar nota de aquello que no gusta. De lo que se trata es que, con independencia de que tan involucrado se esté, mantener una distancia intelectual que impida confundir los deseos con la realidad. Por eso es que reconozco, y no deja de impresionarme, el magnetismo que todavía mantiene Andrés Manuel López Obrador, así como la devoción que le guardan no pocos de sus seguidores. Llamarles a estos “fieles” es, sin duda, una analogía afortunada.

Hablo de la fidelidad a una persona que se ha confundido, o mejor aún, ha encarnado a “la causa”, de tal suerte que el proyecto político no es un programa, una línea política explícita, unos principios y valores establecidos, sino la expresión que surge de los labios del líder incuestionable según la circunstancia y los cálculos que éste haga. De alguna manera, Andrés Manuel López Obrador ha inoculado en sus seguidores más apasionados, y en el círculo de cuadros dirigentes que lo acompañan cual discípulos, una certeza que transpira y que, en ocasiones, no ha podido evitar manifestarla. Me refiero a la convicción de que la suerte de la Nación es la misma que la del líder indiscutido.

¿Cuántas veces hemos oído por parte de López Obrador o de sus seguidores que su “movimiento” es la “única esperanza” del “pueblo” y que tiene por misión “salvar a México”. No tengo dudas de que cuando AMLO afirmó, en plática grabada subrepticiamente por Jorge Octavio Ochoa, entonces reportero de El Universal, que “el movimiento soy yo”, decía efectivamente lo que piensa, no sólo él sino también sus “fieles” (25 de abril del 2008). El caso es que una actividad profundamente racional, como es la política, es llevada a cabo por una fuerza, sí disminuida, pero todavía fuerte e influyente, a partir de la creencia fervorosa en la capacidad, visión y hasta predestinación del líder; actitud y pasión más propias de la religión que de la vida pública. Esto se vuelve notorio con espeluznante crudeza en algo que podríamos llamar “martirio político”

Imaginemos el escenario de las elecciones locales del Estado de México en el 2012, en la que se renovarán alcaldías y diputaciones, si el PRI conserva la gubernatura de ese estado y Enrique Peña Nieto es candidato presidencial. Algo muy parecido a lo que se vivió en la Ciudad de México en el año 2006 y que permitió al PRD para arrasar en la elección. No se necesita una bola de cristal para darse cuenta de que, en tal caso, el priísmo borraría del mapa a sus opositores. Eso lo saben perfectamente los obradoristas de esa entidad y, sin embargo, estoicamente trabajan para su aniquilación porque para ellos el proyecto es AMLO.

Claro, es un “martirio” entre comillas, pues en la entidad más corruptora del país, el Grupo Atlacomulco sabe tratar muy bien a los opositores funcionales; no en balde los diputados de “izquierda” que avalaron la “Ley Peña” están ahora en la primera trinchera contra la alianza en el Estado de México y a favor -¡no faltaba más!- de los “principios”. Pero, de cualquier forma, renunciar a la posibilidad de gobernar, así sea en alianza, y de generar condiciones de competitividad para las elecciones municipales y legislativas, en lugar de quedar subordinados a un gobierno de clara hegemonía, es una decisión políticamente absurda.

Mención especial merece Alejandro Encinas, político respetable y preparado, con trayectoria intachable y capacidad probada, aunque constantemente cambié de posición y declare cosas distintas respecto a la consulta, la alianza y su candidatura. Está en una situación difícil y hay que comprender que está sometido a fuertes presiones. Pero lo cierto es que tenía todo para encabezar exitosamente la coalición izquierda-derecha en el Estado de México y gobernar ese estado, pero él mismo rompió la vajilla teniendo la mesa puesta. Encinas es el mártir más notorio de Andrés. No se engaña, pues no es neófito, y sabe perfectamente que en las condiciones actuales la izquierda sola, así vaya unida y con buen abanderado, no está en condiciones de ganar la elección, con independencia de lo que diga públicamente. No hay candidato que acepte que no va a triunfar. Por supuesto, el PAN está en las mismas.

La izquierda ha ganado en tres ocasiones las elecciones del Estado de México, pero todas en comicios federales y como resultado de efectos nacionales. En 1988 y 1997 con Cuauhtémoc Cárdenas como protagonista y en 2006 con López Obrador. ¿Se parece el escenario actual a cualquiera de aquellos? En muy poco. Es mucho mayor la similitud con el 2009, donde el PRI se impuso con contundencia. Incluso ahora tiene mejores condiciones dicho partido, porque en ese año arrebató los bastiones mexiquenses tanto del PRD como el PAN, y hoy los gobierna

Recordemos Ecatepec. Ese municipio, el más poblado del país, lo gobernaba el perredismo con un alcalde obradorista, José Luis Gutiérrez Cureño. Por esa razón, López Obrador respaldó a Maribel Alba, candidata del PRD –en el resto de la entidad llamó a votar por otras siglas-, acudiendo a mítines de campaña y haciendo que tanto el PT como Convergencia se le unieran. En síntesis, se aplico a pie juntillas lo que AMLO sostiene es la solución para resolver con éxito el acertijo electoral. Sin embargo, el PRI arrasó en ese lugar. ¿Qué ha cambiado desde entonces, además del hecho ya señalado de que ahí, como en muchos otros municipios que gobernaba la oposición, ahora gobierna el PRI? Es verdad, Andrés Manuel sigue teniendo una presencia considerable, pero hoy está muy por debajo de la popularidad de Peña Nieto y no ahí tiene un amigo que le ayude con la operación del gobierno, con recursos y programas sociales. No hay manera de que haya “Juanito 2” en el Estado de México. En cambio, dicha fuerza puede quedar reducida y marginada si es que se concreta la alianza PRD-PAN.

Habría quien pudiera pensar que AMLO es mártir de sí mismo, en virtud de que el fortalecimiento de Peña Nieto rumbo al 2012 significaría sepultar sus esperanzas de ser el triunfador de la elección presidencial. Y, en efecto, a primera vista parece ilógico –usemos ese eufemismo- que en lugar de buscar disminuir a quien se perfila como el rival a vencer se le ayude, en los hechos, a conservar su principal centro de poder. La paradoja tiene su explicación en algo que López Obrador prioriza sobre cualquier otra consideración y que, por cierto, él mismo ha reconocido en diversas entrevistas: su “lugar en la historia”.

El gran temor de Andrés Manuel, la razón por la que no se permite tener una actitud frente a la alianza en el Estado de México siquiera similar a la que tuvo, ya no digamos con la de Oaxaca sino incluso con las de Puebla, Sinaloa y Durango, donde el PT jugó por su cuenta y ahora está empeñado con todos los instrumentos que tiene a su alcance en reventar la coalición, es que supone que le triunfo aliancista en esa entidad llevaría a repetir ese mismo esquema en la elección presidencial y él sería desplazado. Lo que realmente pelea AMLO en el Estado de México no es confrontar a “la mafia”, no es vencer al “PRIAN”, no es lograr el “cambio verdadero”. Es imponerse a sus adversarios internos para lograr la candidatura presidencial aunque sus posibilidades de triunfo se vislumbren remotas.

López Obrador quiere seguir siendo la cabeza del “movimiento”, refrendar en el imaginario social su carácter de líder opositor más importante del país, no sólo frente a Calderón, que ya se va, sino frente a Peña Nieto que se perfila para sucederlo. Lo que AMLO pelea hoy es la hegemonía de la izquierda para prevalecer y poder transitar al 2018 si, como todo parece indicar, el próximo año no triunfara. Sólo así es que puede entenderse que no le preocupe que su rival más importante se levante con la victoria estratégica, simbólica y emblemática del Estado de México, colocando con ello un pie en Los Pinos.

Pero el “martirio político” puede rebasar los deseos del “mesías” que promete la salvación a cambio de actos de fe que algunos, en vano, tratan de sustentar racionalmente. El efecto nacional que logró vencer al PRI en el Estado de México en el 2006 puede darse, pero en sentido contrario en el Distrito Federal, seis años después. Así como la capital del país irradió a su entidad vecina en las tres elecciones en las que la izquierda ha vencido en esas tierras, si el viento corre en dirección contraria podría ser a la inversa. La devoción obnubila la mirada y los “fieles” no toman conciencia plena de los peligros, pero no puede dejar de impresionarme la temeridad con la que arriesgan lo más valioso que tienen por seguir frenéticamente al líder, confiando en el milagro que los salve a ellos y, por supuesto, a México. Y es ahí donde radica la mayor fuerza que tiene AMLO en estos momentos, en la fe ciega de sus “mártires”, la cual sería un error subestimar. No en balde, a pesar de sus errores, sigue siendo un factor que nadie puede ignorar.

5 comentarios:

guillermo dijo...

como siempre va vs AMLO en lugar de ir vs el PriAN, qe el espurio ya es legítimo solo por aliarse al PRD chucho? qe no era espurio por los siglos dlos siglos? Acaso dlo qe acusa a AMLO, como fin último, la candidatura dl 2012, no es lo mismo q pretnden los aliancistas chuchos y panistas, donde solo la unión de pérdidos es la única posibilidad de sobrevivir a costa dl erario? porqe aliarse al partido del presidente genocida qe tiene al país sumido en la peor crisis de seguridad y empĺeo y sigue abonando con sus actitudes a la desintegración del tejido social?

Beren dijo...

En el primer párrafo:"de cual involucrado se esté", debería de de decir de "cuan" involucrado se esté.

Saludos.

Fernando dijo...

Esperaba un blog más equilibrado. Comparto en gran parte tu opinión sobre AMLO. Pero tú como otros perredistas que se dicen de izquierda no son auto-críticos:

Tú y todos tus colegas endiosaron a López Obrador, como en su momento lo hicieron con C. Cárdenas. ¿Recuerdas que hubo un momento en que al igual que hoy lo hace AMLO su palabra era la ley?

Hubo un tiempo en que no sabían cómo quitarse de encima a C. Cárdenas, el acaparaba todo (tres candidaturas a la Presidencia!!) Por eso se fue Muñoz Ledo ¿Ya no recuerdan?

Cuando se fue, se dieron cuenta de que no podían vivir sin lamerle las patas a un líder: y coronaron a López Obrador. Hoy su Rey se ha vuelto tirano.

Sólo una persona con cierto problema de inferioridad se le ocurre poner en su CV: "Interpeló a Zedillo". Por dios!!! ¿Sabes cuantas personas no interpelan a otros presidentes en el Mundo? ¿Eso te hizo ser mejor político o intelectual (si es que lo eres)?

Marycarmen dijo...

A pesar de no ser muy docta en el tema, le entendí bastante bien, señal de que es necesario acercar más los temas políticos, con datos, fechas y nombres, para tomar mejores desiciones.

Anónimo dijo...

Huy, lo que menos me imaginaba, adoleces el mal de muchos, no soportas la crítica, solo te gusta que te adulen y te digan lo bello que escribes, lo digo, por que haz quitado tres o cuatro respuestas que criticaban tu artículo, y no eran groseros, hablaban con argumento, el único problema es que eran anonimos, pero eso no los hace para quitarlos, que lástima amigo, eres igualito a todos.