martes, 1 de febrero de 2011

LOS SALDOS DE GUERRERO

Fernando Belaunzarán
Twitter: @ferbelaunzaran

El morbo es el árbol que no permite ver el bosque. Trascender la pequeña historia de grupos y partidos parece misión imposible más aun en estos tiempos álgidos en los que la definición del 2012 se siente cada vez más presente, más palpable, más inminente. En el tablero se mueven peones, alfiles, caballos y reinas, hay enroques y jaques, pero la tensión provoca que la atención se concentre en los detalles, en la jugada inmediata, en si es correcto capturar una ficha sacrificando otra –el universo reducido a dos casillas-, si resulta legítimo modificar el estilo de juego y sorprender de esa manera al contendiente o si la efectividad es menos importante que la fidelidad. Pocos ven el tablero completo y entienden que la última movida no se explica por sí misma sino por su correlación con el resto de la partida, que adquiere su sentido dentro del combate de estrategias y que aislarla sólo puede llevar al extravío por falta de perspectiva.

Eso es lo que ha sucedido profusamente en la discusión sobre el proceso electoral de Guerrero, donde ha pesado más la anécdota de familia que la dimensión de las consecuencias del resultado, lo que dificulta la comprensión de la nueva situación que se ha creado. Lástima, porque la batalla que se acaba de librar es de las que redefinen escenarios y marcan nuevos rumbos. Después de la elección, ya no se puede ver al PRI y a Enrique Peña Nieto como necesarios ganadores en el 2012. La moneda ahora está en el aire.

No digo que se obvie la discusión política e incluso ética sobre candidatos, trayectorias y declinaciones, pero sería limitado y poco esclarecedor quedarse en ella, entre otras cosas, porque su explicación sólo puede ser satisfactoria si se revisa la circunstancia y, al mismo tiempo, se le trasciende con una mirada panorámica. En abstracto resulta incomprensible que en un estado gobernado por el PRD e históricamente confrontado con el PRI, el “partido en el gobierno” haya recurrido a una ruptura del priísmo -con una figura por demás protagónica- para tratar de retenerlo. Hay que contextualizar en los dos planos, estatal y nacional.

La confrontación abierta, creciente y enconada entre sectores importantes del PRD y el gobernador, Zeferino Torre Blanca, generó fenómenos perversos que debilitaron mucho a ese partido que, en buena medida, siguió actuando como partido de oposición y fuerte crítico del gobierno al que encumbró. Lo malo se resaltó y no había, o había muy pocos, que mencionaran los éxitos, pocos o muchos, grandes o pequeños, de la administración zeferinista. Aunado a ello, la división se acrecentó en su interior. Los malos resultados electorales de las últimas elecciones locales y federales, así como las encuestas, confirmaban lo que parecía inminente: el triunfo del PRI. Por si eso fuera poco, el procesamiento para sacar al candidato perredista se complicó, polarizó y enrareció mucho. Quien se perfilaba con mayor fuerza en los sondeos fue relacionado con el gobierno y la otra parte amenazaba con no apoyarlo bajo ninguna circunstancia. El PRD se encaminaba a una derrota segura.

Y entonces sucedió lo insólito: una ruptura en el PRI, con uno de sus más conocidos exponentes, dio solución a la crisis perredista y convirtió lo que parecía un trámite en una elección competida que acabó ganando con holgura. Fue una decisión local muy polémica por la confrontación que había existido entre el PRD y Ángel Aguirre. Pero fue tomada localmente y por unanimidad. Los resquemores que muchos tuvimos al momento del anuncio no se manifestaron en Guerrero por parte de sectores de la izquierda o de la sociedad civil que pudieran haberse sentido agraviados por la decisión, aunque sí por el PRI que de la noche a la mañana descubrió y aceptó que sus gobiernos violaron Derechos Humanos, lo cual se explica por su interés electoral.

El candidato vencedor ciertamente no es de izquierda y su pasado es controvertido., aunque se debe reconocer que supo sumar, restañar heridas y lograr el respaldo del perredismo social y no sólo de los dirigentes. Habrá que ser vigilantes y demandar que cumpla sus compromisos de campaña. No se le debe negar el beneficio de la duda. Pero hay algo seguro: su gobierno no se inscribirá en el proyecto del PRI rumbo al 2012. Este partido perdió un estado simbólico y emblemático que ya tenía en la bolsa y, lo que es peor, en un momento por demás inoportuno, pues empieza el año con una derrota y se fortalece el impulso de las alianzas de cara a la elección clave del Estado de México.

Unas palabras antes de regresar al escenario 2012. La polémica sobre postular candidatos expriístas que renuncia para ser candidatos no es nueva. Cuando Andrés Manuel López Obrador lo hace después de las elecciones presidenciales de 1988 y se suma al entonces Frente Democrático Nacional por intermediación de Graco Ramírez, una vez que no consiguió la candidatura en Tabasco, fue aceptado de muy buena manera. Pero tras el salinato, el tema se volvió muy sensible y fue en la presidencia de AMLO en el PRD cuando el debate estalló con fuerza. Ricardo Monreal había sido el ariete de Salinas en el Poder Legislativo y un día sí, y el otro también, atacaba con infamias a Cuauhtémoc Cárdenas. La discusión de aceptarlo o no como candidato trascendió al PRD. Magú publicó un famoso cartón: “Se recibe cascajo”. La dirección política se mantuvo en la decisión a pesar de las críticas. Luego del zacatecano vinieron Leonel Cota en Baja California Sur y Alfonso Sánchez Anaya en Tlaxcala. El Peje ya había acordado con José Murat, pero en Oaxaca el PRI decidió, de último momento y tras el monrealazo, abanderarlo. Fue una política sin duda exitosa por los resultados. La experiencia dice que en el gobierno, los expriístas se mantienen en el proyecto que los postuló, aunque su forma de gobernar no difiera mucho de la de sus ex compañeros, pero eso sucede también han tenido los que no tienen ese origen, Ese es uno de los problemas de la “incipiente democracia” mexicana, hoy en peligro de naufragar.

La explicación de lo ocurrido no es tan ingenua como para pretender acabar con el concurso de desgarramiento de vestiduras ni otorgar salvoconductos morales a personajes o medidas polémicas. Pero más allá de los juicios de valor, hay que dirigir la vista hacia la nueva coyuntura y tomar conciencia del punto de quiebre. Guerrero no sólo confirma lo que las alianzas del año pasado establecieron –que se le puede vencer al PRI- sino que eso se perfila a ser la norma en todo este año. Seguramente ese partido será derrotado en Baja California Sur y tras ese par de golpes, Enrique Peña Nieto enfrentara el proceso en el Estado de México que el mismo colocó como un evento decisivo, con la peculiaridad extra de que la eventual alianza que tanto teme recobró fuerza.

La victoria con la que el PRI quería demostrar su resurgimiento y reafirmarse en el imaginario como seguro vencedor en el 2012 se le cayó de la bolsa y el punto culminante es precisamente la constatación de que eso no es así. La “cargada” extensa y alineada ya está dudando de sí eligió bien y pronto verá la forma de tomar distancia y algunos se decidirán a tomar otros derroteros. La declinación del PAN en Guerrero le dio mayor legitimidad a la victoria de Aguirre, pero su incidencia fue mucho mayor fuera que dentro de su estado. La foto tomada después del anuncio de victoria no podía ser más clara: Aguirre con Ortega, Ebrard y Camacho. No hay duda de que la línea política aliancista se anotó un gol de oro.

La reacción obradorista que ha centrado las expectativas de lograr la candidatura de su líder reventando la alianza en el Estado de México no se hizo esperar. Después de que Alejandro Encinas y otros cercanos da AMLO se congratularan por el resultado, hubo un agudo viraje y tras la campaña, el resultado y, sobre todo, la foto del triunfo, descubrieron que la izquierda había postulado a un expriísta, cuya administración –fue gobernador interino- fue señalada por el PRD de violaciones a los Derechos Humanos. Que el PT, los comités del movimiento pejista y conocido líderes cercanos al tabasqueño hayan sido entusiastas promotores del la campaña de Aguirre no obsta para que se den baños de pureza. Los tartufos de siempre.

Vale la pena congratularse por el hecho de que la opción restauradora del viejo régimen haya sido derrotada en Guerrero y ahora se vea más factible derrotarla en las elecciones presidenciales. Sin embargo, no se puede pasar por alto el fuerte deterioro que están mostrando los procesos electorales en el país. Por fortuna, el resultado holgado evitó cosas peores, pero lo visto es preocupante: La golpiza que casi mata al representante del PRD, Guillermo Sánchez Nava; el patético y artificial escándalo mediático por la grabación de la llamada pueril y ciertamente poco gratificante de la senadora Corichi; la filtración de la acusación sin bases de un testigo protegido contra un candidato; las prácticas de acarreo y compra de voto, intimidación, panfletos apócrifos, llamadas telefónicas para desinformar; la grosera intervención de la TV a favor de uno de los contendientes, etc.

La calidad de la democracia mexicana está en declive y debe considerarse un enorme foco rojo para las elecciones que vienen, máxime cuando el PRI hará hasta lo imposible para evitar perder el Estado de México, empezando por seguir obstaculizando la alianza que puede derrotarlo. Ahí, Enrique Peña Nieto y su padrino Carlos Salinas se jugarán la vida. Y, paradojas del destino, contarán con la colaboración de Andrés Manuel López Obrador que por otras razones también se juega la vida tratando de evitar la alianza –si ésta se concreta siente que se le va la candidatura y si él no es el quinceañero no quiere que haya fiesta. En cualquier caso, viene lo mejor… o lo peor, según se vea.

De paso…

Egipto. Las protestas cívicas se extienden en Medio Oriente y después del derrocamiento de Ben Ami en Túnez se han extendido a otros lugares, entre ellos Jordania, Yemen y de forma espectacular a Egipto donde desde hace 30 años gobierna Hosni Mubarak mediante un sistema autoritario y corrupto con elecciones fársicas como las que durante tanto tiempo tuvimos en México. Lo sano sería que el dictador abandone el puesto y un gobierno transitorio convoque a nuevas elecciones con garantías democráticas. Esperemos que efectivamente nazca un nuevo sistema con garantías individuales y democracia política. El gatopardismo o, peor aun, la teocracia y el fundamentalismo son riesgos que también acechan. Por lo pronto, es de gran importancia que se tomen medidas para proteger el maravilloso patrimonio cultural de ese país… Los mismos que llevan cuatro años con el anhelo de derrocar a Felipe Calderón se han encargado de vaticinar que en México cundirá el ejemplo de Medio Oriente y emergerán las protestas sociales exigiendo la salida del gobierno y de “la mafia”. Son evidentes las diferencias y es evidente que tales acelerados confunden sus deseos con la realidad, pero sería un error caer en la autocomplacencia y no caer en cuenta del creciente hartazgo social que existe en el país y el cual está más que justificado. La inmensa pobreza, la ostentosa desigualdad, la injusticia y arbitrariedad, la falta de oportunidades para los jóvenes y, ahora, la incontenible violencia pintan un cuadro en sí mismo volátil. Para conjurar la posibilidad de eventuales estallidos sociales que, insisto, sería irresponsable descartar, es necesario transformar al país y al sistema político por la vía institucional. Es decir, el sistema debe funcionar para resolver los grandes problemas, de lo contrario, el riesgo seguirá latente… Insisto, creo que ganarán los Empacadores en el super domingo. Se vislumbra un juegazo. Que así sea… Síganme en twitter: @ferbelaunzaran

6 comentarios:

Pepepintos dijo...

Ya sígueme,mi cuenta de Twitter es @pepepintos
Está marcado el rumbo, quien no lo quiera ver, que se quede en su ostracismo.
El camino de la alianza PRD-PAN ha sido extraordinariamente aceptada por la mayoría de los mexicanos. Queremos muerto al PRI. Si en Francia ya se juntaron izq y derecha para derrotar a la extrema derecha, no veo el por que no podamos nosotros.
Ya destrozado el PRI, cada partido que tome su rumbo y hagan acuerdos para sacar adelante al país. NO HAY OTRO CAMINO.

Geovanny Garin dijo...

Me parece un buen artículo que expone de manera crónica lo sucedido acá en Guerrero, hace unos meses yo no le veía esperanzas al PRD. Pienso que el PRI tomó malas decisiones sí Aguirre hubiera permanecido en su partido de origen de cualquier forma hubiese ganado debido al respaldo de la gente.

Julio Iñaki Zuinaga Bilbao dijo...

No cabe duda, estamos distanciándonos de los partidos como abanderados de ideologías diferentes y contrapuestas. Pero lo que es peor, todo ello está trascendiendo en menoscabo de las ideologías y un cada vez más serio distanciamiento entre los ciudadanos y la sociedad política. Habría que reconvenir en darle consistencia a la ideología, a los programas partidarios y no negociar lo fundamental en aras de frenar a las oposiciones a costa de los pilares que dan asiento a las grandes organizaciones partidarias. El arte de la política define a los individuos por su trayectoria, sus acciones, y no por sus devaneos y oportunismos.

Julio Iñaki Zuinaga Bilbao dijo...

Lo siento, yo aún estoy convencido de que es el programa de un partido que se dice de izquierda el que lo identifica con los ciudadanos.

Al dijo...

¿Por qué un militante de izquierda no es buen candidato?
Veamos. El PRD desde su fundación ha candidateado a expriístas para las gubernaturas que han ganado. ¿Por qué cuando se propone un militante de esos de izquierda nunca gana o por que se vuelven artífices de la derrota, como el caso de la otrora comunista Amalia García en Zacatecas? Por qué siempre sus ganadores se han escindido del PRI y por qué nunca gana un perredista de cepa o sea sin orígenes partidarios priístas a los cargos de elección directa? ¿Son incompetentes, no tiene dinero, son incapaces de concentrar multitudes, no son cínicos o les falta el arte electorero del que son expertos los priístas?. ¿Por qué Jesús Ortega y antes los otros dirigentes perredistas han preferido a integrantes del régimen para combatir al partido del régimen? Leonel Cota, Ignacio Anaya, Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard, Jaime Sabines, Zeferino Torreblanca, Gabino Cué. También candidateó a Mario López, y hoy a Ángel Aguirre en la elección a celebrarse el 30 de enero en Guerrero que dice: “Voy a hacer un gobierno que va a recoger muchos de los programas de carácter social de la izquierda, pero en la que yo me ubico: la izquierda moderada, moderna, que no está reñida con la inversión privada”. Añil.

Richard dijo...

A ese paso en un futuro veremos una alianza PAN-PRD-narcos con tal de derrotar al PRI,.....o cualquier otra combinación que convenga a sus intereses económicos....