miércoles, 14 de diciembre de 2011

CARTA AL SUBCOMANDANTE MARCOS

Fernando Belaunzarán
Twitter: @ferbelaunzaran

14 de diciembre de 2011

Subcomandante Insurgente Marcos:
Presente.

Distinguido Sup:

Hace poco más de seis años, el 18 de agosto del 2005, le escribí una carta en el modesto espacio de “El correo ilustrado” de La Jornada. Usted tuvo la amabilidad de responderla de manera extensa y, para mi pesar, ese periódico ya no me dio la oportunidad de publicar la réplica, misma que tuve que hacerle llegar por otro conducto. En aquella ocasión se acabó el debate por decreto editorial.

Su más reciente misiva al Filósofo y, para mí, muy querido Maestro, Luis Villoro, en el marco de un interesante y valioso diálogo que sostuvieron sobre Ética y Política en la revista Rebeldía, me da la oportunidad de retomar la discusión, en virtud de que en ella aborda, aunque no exclusivamente, el tema de la próxima elección presidencial y, en su Post Data, se ocupa especialmente de la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, la cual, como de seguro recuerda, fue el motivo de aquel intercambio epistolar que tuvimos en el año 2005.

En ese entonces, no le reclamé sus cuestionamientos, algunos de ellos justos y certeros, contra mi partido y contra quien era su virtual candidato, sino que los agravios aludidos por usted fueran lo “suficientemente graves” como para no contribuir al triunfo electoral de la izquierda que le daría un nuevo rumbo al país. Su respuesta eludio el sentido del reclamo y fue a todas luces desproporcionada, pues, entre otras cosas, me acusó de despreciar la vida de los indígenas, es decir, de ser racista, lo cual no sólo es una mentira, sino también una infamia, por demás inexplicable, pues usted conoce la participación activa que tuve en la “Caravana Ricardo Pozas” que desde el inicio del conflicto tuvo un papel destacado como parte de la sociedad civil movilizada que exigía “paz con justicia y dignidad”. En su carta, desplazó el punto del debate para pelearse con el fantasma que usted mismo creó.

La cuestión que le planteé hace seis años y que mantiene vigencia frente al próximo proceso electoral es la siguiente: ¿El resultado electoral es importante para el país y para la sociedad, de tal suerte que vale la pena influir en él? Dicho de otra manera: ¿Da lo mismo quién salga triunfador de la elección o, en virtud de males y beneficios, es correcto tomar partido por el mejor o, en su defecto, por el menos malo?

Entiendo su crítica al poder y a quienes lo ejercen o lo buscan, así como la aportación de Luis Villoro a la ética política con la afirmación del “antipoder” que enfrenta abusos, abre espacios de libertad y conquista derechos frente a la opresión; pero eso no excluye la posibilidad de participar en la definición que se da en las urnas sobre la titularidad en el Poder Ejecutivo y, en ese sentido, incidir en la calidad o, si prefiere, el carácter del poder al cual se le hará frente, pues las diferencias existen, aunque no sean tan profundas y notorias como debieran y, creame, yo quisiera.

En el PRD se han dado prácticas y eventos que, en efecto, a los perredistas nos deben avergonzar, mismos que de ninguna manera minimizo. Escribo estas líneas con la indignación de los dos estudiantes normalistas asesinados por policías en Ayotzinapa, Guerrero. Con toda la decepción y el dolor, sin dejar de reclamar justicia y exigir que las autoridades asuman su responsabilidad por el crimen, sigo sosteniendo que el PRD es más que sus errores e incongruencias. Mi partido también ha estado en la trinchera de la sociedad, enfrentando al poder autoritario –aunque en ocasiones, por desgracia, también lo ha reproducido-, logrando conquistas democráticas y derechos ciudadanos, luchando contra injusticias y defendiendo causas valiosas.

Tengo fuertes y profundas diferencias con el candidato presidencial de mi partido, Andrés Manuel López Obrador, pero reconozco que el programa de apoyo a adultos mayores que se implementó durante su gestión, siendo jefe de Gobierno del DF, sirvió para que la sociedad revalorara a sus ancianos. La despenalización del aborto y el establecimiento de matrimonios entre personas del mismo sexo, aprobados durante la administración de Marcelo Ebrard e impulsados por la mayoría perredista en la ALDF, son logros libertarios que reconocen derechos y contrarían a la discriminación.

Es consabido el papel del PRD en la los avances democráticos conseguidos en una transición que, aunque inconclusa, vale la pena defender frente a los ánimos restauradores. Sé, por experiencia, que le molesta mucho que se recuerde que también contribuyó, junto con muchos otros actores, a detener la guerra en 1994, pero no por eso deja de ser cierto –y no lo digo para pasarle la factura. Por supuesto, todo ello no exime al PRD de sus yerros, pero sin duda debe ser puesto en la balanza.

El escenario que tenemos es muy distinto al que se avizoraba en el 2005. Le creo cuando dice que sus críticas a AMLO en esa ocasión se hicieron con la convicción de que él sería el próximo Presidente del país y no para tratar de evitar su inminente triunfo. Lo hecho por sus adversarios, legítima e ilegítimamente, así como los graves errores que cometió el entonces candidato y que, como bien dice, no acaba de aceptar, hicieron que la victoria se le saliera de la bolsa. Absurdo e injusto que se le culpe al EZLN de la derrota, aunque sigo pensando que hubieran hecho bien en apoyarlo entonces.

Ahora las condiciones son muy distintas. El riesgo de que regrese a Los Pinos el PRI con un personaje vacuo y manipulable, pero con un claro proyecto restaurador, y obtenga además la mayoría absoluta en ambas Cámaras es real. Podríamos regresar al país de un solo hombre, al presidencialismo autoritario sin equilibrios y contrapesos, que alienta la corrupción y otorga impunidad a los suyos, lo cual significaría tirar por la borda la lucha de generaciones en México por abrir el sistema y democratizarlo. Conozco sus cuestionamientos a la democracia representativa, a sus limitaciones y a su lógica individualista, pero supongo que compartimos la convicción de que sería peor que regresara la “dictadura perfecta”.

Lo anterior no quiere decir que entonces es deseable seguir como estamos ahora, en ruta imperturbable hacia el abismo -si es que no estamos ya en él. El PAN en el gobierno, además de no cumplir con el cambio que prometió, ha contribuído como nadie a generar una más que explicable decepción social frente a la incipiente democracia que se muestra incapaz de resolver los graves problemas del país. La estrategia de Calderón contra el crimen organizado es un sangriento fracaso y su obcecación por sostenerla amenaza la viabilidad del Estado mexicano; así como la creciente desigualdad social, los insultantes privilegios para una elite, el debilitamiento de las instituciones y la disfuncionalidad del actual régimen político mantienen latente la posibilidad de un estallido social de imprevisibles consecuencias.

¿Qué hacer frente a esa situación? Algunos pudieran pensar que se debe esperar, e incluso contribuir, a que la descomposición política y social se agudice hasta el colapso, pero esa es una apuesta aventurada, en virtud de que podría ser un acontecimiento incontrolado y al final del día salir peor el remedio que la enfermedad, algo que diera pie a la entrada de un régimen abiertamente policiaco, tal y como ciertos sectores retrógradas acarician torpemente como una “solución” a la desbordada inseguridad que se vive en el país. Además, no hay garantía de que finalmente ocurra ese momento de ruptura y mientras tanto la sociedad sufre las consecuencias, pues lo que se busca con dicha estrategia -¿o táctica?- es que la gente por desesperación se rebele, visión que se resume con la frase: “entre peor, mejor”.

Tengo la convicción de que el tránsito, no “hacia el centro”, sino hacia el extremo que López Obrador experimentó después de los traumáticos resultados del 2006 se debió a ese cáculo fallido, al olvido de las urnas para que la definición del poder en el país se tomara en las calles, situación que aprovechó el PRI para reposicionarse electoralmente tras su debacle en aquel año. Ahora AMLO trata de corregir y regresar al lugar del que no debió haberse apartado y, en mi opinión, ese es un acierto, pues le permitirá ser más competitivo el próximo año.

A Lula en Brasil le sirvió moderarse y establecer acuerdos con otros sectores, incluso de derecha, para ganar la elección y luego para encabezar a un gobierno exitoso que, a pesar de los escándalos de corrupción –el carácter corruptor del poder del que han hablado Villoro y usted- resultó benéfico para millones de personas que dejaron atrás la pobreza. Es cierto que lo del ex lider sindical brasileño no fue un zig-zag, no se reinventó de manera tan tajante en los albores de la campaña presidencial, pero es mejor cambiar a mantener una política equivocada que se dirige hacia un fracaso seguro.

Que aplauda la moderación de AMLO, misma que se expresa en la recuperación de planteamientos que hasta hace poco no aceptaba, como el del “pacto nacional” y la “reconciliación”, en su acercamiento a diversos sectores de los que se había alejado en los últimos años, incluyendo el empresarial, y en dejar atrás el lenguaje pendenciero, no quiere decir que suscriba el discurso de la “República amorosa”, que más allá de su sentido propagandístico –el cual suele requerir mensajes simples, superficiales y optimistas- y que pudiera dar buenos resultados -ya se medirá-, tiene claras resonancias religiosas y un tufo conservador que no comparto.

Por supuesto que hay que promover valores en la sociedad y baste ver la barbarie que la violencia desatada en el país nos muestra todos los días con su estela de 50 mil muertos, no pocos de ellos descabezados, desollados, torturados, etc., para darnos cuenta de la imperiosa necesidad de inculcar el respeto por la vida humana y por su dignidad. También, sin duda, sería sano recuperar para el conjunto de la sociedad ciertos valores comunitarios que se expresan en los pueblos indios y que ayudarían a restaurar el tejido social con bases solidarias, lo cual no está reñido, al contrario, con la construcción de ciudadanía. Nadie niega el valor de la honestidad, pero en la vida pública tal valor rebasa al ámbito de la moral y ésta debe, en todo momento, verificarse; de ahí la importancia de la transparencia y la fiscalización para que se cumpla. Más que el “golpe de pecho” que suele servir de coartada a tartufos, se necesita que los ciudadanos adquieran el control sobre sus gobernantes y representantes.

En fin, distinguido sup, me desvié un poco del problema planteado, pero, si no tiene inconveniente, lo retomo para concluir. No todo se decide en las urnas, pero importa al país y a la sociedad lo que ahí suceda, aun cuando las propuestas a elegir disten mucho de ser ideales. Le recuerdo un caso extremo. En 2002, la segunda vuelta en Francia se dio entre dos opciones de derecha, representadas por Jacques Chirac y por Jean-Marie Le Pen, respectivamente. La izquierda francesa hizo bien en votar, incluso con asco, por el primero para evitar que los gobiernara el fascismo.

En México el escenario está entre la regresión, el continuismo y el cambio caudillista, pero éste último controlado por la división de poderes y los compromisos adquiridos que la moderación le ha impuesto. Yo apoyaré éste último por disciplina partidaria, es cierto, pero también por ser la mejor o la menos mala opción, según como se le quiera ver.

Me llama la atención, pero no me extraña, que termine su carta a Luis Villoro advirtiendo sobre el “alud de calumnias” que se le vendrán encima por sus cuestionamientos al “candidato de las izquierdas” cuando la que yo le mandé hace seis años empezaba diciendo que me veía en “el patíbulo de la hoguera moral” por cuestionarlo a usted. La verdad es que entonces no tenía idea del nivel de intolerancia y linchamiento moral al que llegaría un sector de la “izquierda institucional” en estos últimos años. No hay comparación y creame que ahora me siento muy tranquilo porque estoy seguro de que su respuesta, por mas dura y hostil que sea, no se va a aproximar ni de cerca a la rabiosa y fanatizada andanada de insultos y acusaciones alucinantes que con ínfimo alcance intelectual practican las hordas de fieles devotos del caudillo, las “camisas pardas” que menciona en su carta. Lo que sea de cada quien, usted tiene nivel y estilo, y no abarata su discurso para ponerlo a tono de ninguna ortodoxia.

Triste el papel el que ha jugado La Jornada en esa regresión de una parte de la izquierda política al sectarismo setentero con el agravante de la anemia teórica y la pobreza del debate. Se sumó editorialmente a la cruzada contra los herejes que nos atrevimos a discrepar de la estrategia -ahora claramente fallida y, por lo mismo, corregida- del excandidato presidencial tras el 2006. Ha llegado al extremo de censurar a Marco Rascón con el pueril argumento de que no se vale “ofender” a otros editorialistas del periódico, llamándo “intelectuales del obradorismo” a quienes son efectivamente intelectuales del obradorismo. Ya no reconozco al periódico plural, abierto, incómodo al poder, de causas libertarias con el que tanto me identifiqué y con cuya audaz generosidad pude contar en momentos críticos. Ahora hasta litiga en la Suprema Corte de Justicia de la Nación contra la libertad de expresión.

Está en lo cierto cuando señala que están en aprietos intelectuales los que avalaron la vía extrema y estigmatizaron incluso a aquellos que se “atrevieron” a dar un apretón de manos, un abrazo o un beso a cualquier villano de la clase política, ahora que su candidato cometió el acierto de moderarse y adoptar algunos de los principales postulados de los llamados “chuchos”. Imagino que preferirán no darse por enterados, aunque ese acto de cinismo no se lleve con la honestidad, primer precepto de la llamada república amorosa.

A pesar de nuestras notables diferencias, considero que también tenemos puntos de encuentro, uno de ellos es el respaldo al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, y a ese gran ser humano que es Javier Sicilia. El llamado de éste a la reconciliación desde le dolor de las víctimas y a que se atiendan las causas de la violencia con más inteligencia y sensibilidad que fuerza es, literalmente, de vida o muerte. Por cierto, qué le voy a decir, es apremiante organizarse y alzar la voz para defender a los activistas que están siendo atacados. Hay que defender a los defensores.

Me despido, distinguido sup, con la esperanza de tener respuesta de usted, aun cuando ya anunció su silencio. En su brillante libro, “El Poder y el Valor”, Luis Villoro habla de la utopía como “faro guía”, como el lugar que nunca alcanzaremos, pero que nos sirve para evitar extraviarnos y saber si estamos avanzando por el camino correcto, pues de lo que se trata es de acercarnos a ella. Cada paso que demos en esa dirección, así sea pequeño, habrá valido la pena. Desde nuestras distintas izquierdas, pienso, podemos dar algunos pasos juntos, porque estoy cierto de que nuestras utopías no son tan diferentes.

Sin más por el momento, reciba un fuerte abrazo y mis consideraciones.

Fernando Belaunzarán

PD. Sígame en twitter: @ferbelaunzaran. Corresponderé… ;)

8 comentarios:

Erubey Gtz dijo...

Muy buen texto

Carlos Paredes dijo...

El voto por el "menos peor" no es una opción.. ahora comprendo a que nivel llega la ceguera del deseo de poder que orilla a ciertas personas a pedir a la gente que los elijan a ellos porque los van a "golpear" más bonito o como dirían algunos más "amorosamente" que los otros...

¡El voto se gana!pedir que se vote por el menos peor no es más que quitarle los ideales al pueblo, retirarles esa capacidad de soñar con algo mejor y en cambio imponer un "madrazo de resignación"

La verdad es que si alguien pretende ser apoyado por la gente necesariamente tiene que convencer con realidades y propios méritos, el pensar que por ser el único candidato de su corriente no debe de verse como que toda la "corriente" lo apoya, aún si se tratase de una elección de candidato único es un hecho que no conseguiría que el 100% de la gente lo apoyase (no hablamos de votos, porque aunque aveces se les olvide a ciertos individuos, detrás de cada voto hay una persona).

Termino con un ejemplo, si a alguien te pregunta ¿quién quieres que te aviente el barranco, el que te va a aventar y a insultar, o el que te va a dar una palmadita en la espalda antes de aventarte? tú tienes el derecho de hacer tu propia tercera opción, en este caso "yo no quiero ser aventado de un barranco"

Mauriprado dijo...

Tampoco coincido en que se deba de votar por "el menos peor", ya que el ideal de la democracia es que el pueblo elija al gobernante que mejor hable en voz del pueblo y responda a sus necesidades.
Sin embargo creo que la abstención del voto es peor aun porque es una indiferencia ante la situación del país, es cierto que tal vez no haya un candidato que cumpla con la voluntad de la mayoría y que sus propuestas sean bastante lejanas a los intereses del pueblo. Pero con la abstención no se logra nada, sólo demuestras tu indiferencia, una indiferencia inofensiva porque de todas formas alguien te va a gobernar.
En conclusión, coincido en que "votar por el menos peor" no es el ideal de democracia, un ideal de que debemos buscar constantemente. Pero la abstención es peor porque es una resignación y conformismo ante la situación del país.

Norma Azcona dijo...

Querido Hereje:

Me dejas sin palabras, todas las has plasmado en la carta. Saco a relucir tu brillante postura, no dejas de reconocer los errores que ha tenido la izquierda en nuestro país, pero sabes mediarlos con las muchas virtudes que han ayudado tanto a la sociedad. Los partidos son como cualquier institución, con defectos, virtudes, seres honestos y otros no tantos. Sabes rescatar la verdadera escencia, revalorizarla y continuar con los ideales que tenemos muchos. El Sub está errado, mal informado y veo claramente que no ha sido objetivo en cuanto a sus críticas y a su real plataforma ideológica, si la tuviera se daría cuenta que el único camino para salvar al país es el PRD.
Te mando un beso con todo mi cariño y te reitero mi profunda admiración.

Anónimo dijo...

Interesante el plantemiento, pero yo en lo personal Estoy de acuerdo con Carlos Paredes en cuanto a la no opción que representa aceptar el verdugo "más buena onda" y aceptar esto como único escenario posible.

Sinceramente creo que Andres Manuel y el grupo que (desde la izquierda lo apoya) se equivocan (o quiza es nuestra necesidad de creer la que se equivoca).

Lo único que lo hacia representar una opción distina, para la gente común como yo, era que al menos el discurso era consecuente, los genios de la estrategia hoy le sugieren pactar con los dueños de la comunicación, descafeinar el discurso y por supuesto las ideas.

¿Que se puede esperar de las acciones?. ¿Cuál es el verdadero proyecto? ¿Morena? ¿el PRD? ¿la clase empresarial? ¿TELEVISA? ¿ahora resulta que hay que abrazar al explotador?
Por favor..

Ok, pensemos que como ciudadanos podemos llevar al poder (oficial) a un grupo distinto, que abandere las causas democráticas ¿Dante Delgado entre ellos?

Creo que la consecuencia de tu escrito es clara para que nadie te descalifique, pero

Después de los argumentos que tu mismo das ¿De verdad piensas que será mejor un gobierno dirigido por las "amorosas camisas pardas"?
¿como los "desempoderaremos" una vez que esten arriba si ellos representarán "la izquierda"? Como sucede en el PRD...

Muchos buscamos el mismo destino desde distintos caminos, ojala encontremos uno común pronto.

Chido este espacio

Christopher Moreno dijo...

Muy bueno, y totalmente de acuerdo con lo que mencionas.

Indudablemente nos encontramos ante un enorme reto, no solo sobrevivir como institución política con la ya desgastada e impopular practica de repetir a nuestros aspirantes a la presidencia, estando lejos de mostrar una imagen de un izquierda de vanguardia, si no, que ahora tenemos que cargar con ese sector que pareciera seguir la tan nombrada por su líder; expresión de complot, ahora son ellos mismos los que nos dan impresión para frenar a la izquierda desde su interior imponiendo a sus caudillos, estos son los enemigos de un verdadero cambio

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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