miércoles, 13 de octubre de 2010

IZQUIERDA MODERNA

Fernando Belaunzarán
Twitter: @ferbelaunzaran

La autocrítica es valiosa si hay capacidad de rectificar. Esa corrección del rumbo hace pertinente separar etapas, resaltar las diferencias entre un antes y un después. No se trata de empezar de cero. Por el contrario, parte de reconocerse en el pasado, de identificar con claridad al referente primordial que le da sentido al inicio del nuevo momento, que lo liga con un ser preexistente, con su historia, con su tradición, con su carga ideológica e incluso mítica, pero que a la vez hace un deslinde notorio y meridiano con lo que ya no puede o no quiere seguir siendo. La expresión “izquierda moderna” reclama contenido y justificación, pero de entrada vislumbra permanencia y cambio, continuidad y ruptura, raíz y movimiento. Lo fundamental no es llamarse actual sino remarcar la diferencia. El primer término afirma identidad y el segundo hace distinción con algo, más que caduco o extemporáneo –la historia es caprichosa y está visto que en ella puede revivir lo que se creía desahuciado-, que debiera resultar indefendible y hasta vergonzoso para quienes luchan por transformar al mundo con ideas de democracia, justicia y libertad, es decir, para los que se asumen de izquierda.

El concepto “izquierda moderna” nace de una autocrítica indispensable, de la toma de conciencia del error, de la impostura, de la desviación que significaron el estalinismo y el establecimiento del llamado “socialismo real”; del cultivo de antivalores nugatorios de los ideales emancipatorios; de la contradicción entre fines y medios; de la incongruencia al sostener una práctica que no se corresponde con la propaganda que se hace de sí misma. La “izquierda moderna” es la reacción ante el fracaso de un experimento perverso que deformó el rostro y las entrañas de un proyecto que en realidad era su opuesto. Es en ese sentido que una izquierda moderna debe buscar no sólo innovar sino también retomar el camino extraviado.

El tamaño del acontecimiento simbolizado inmejorablemente con la caída del Muro de Berlín no era para menos. Dictaduras burocráticas que se construyeron sobre los anhelos y la sangre de millones que pelearon por libertad y justicia caían desmoronadas. Una Era geopolítica llegaba a su fin. Las críticas necesarias a esos regímenes pervertidos fueron consuetudinariamente acalladas en amplios sectores “progresistas” bajo el argumento de “no hacerle el juego al Imperialismo”. La izquierda debía revisarse, incluso aquella que se había deslindado y denunciado la impostura.

Quedó claro que cuando en nombre de la justicia se sacrifica la democracia y las libertades, tampoco se obtiene aquella. El autoritarismo “de izquierda” no sólo es aberración sino una imposibilidad. La izquierda es democrática o no es. El estatismo que incuba burocracias como un estamento privilegiado –“hay unos más iguales que otros” (Orwell)- ya no puede ser paradigma. Entre las grandes corporaciones y el Estado propietario existe una tercera opción que puede coexistir con la propiedad privada y la estatal: la propiedad social.

El culto a la personalidad promovió los peores despotismos, no sólo en los países que se reivindicaban comunistas sino también en los regímenes de corte nacionalista encabezados por caudillos que fueron respaldados acríticamente por sectores de la izquierda. Al igual que en el estalinismo, en este tipo de Estados la disidencia no se tolera y cultiva el sometimiento absoluto al hombre fuerte. Por eso, la izquierda moderna se plantea ser congruente con su convicción democrática y libertaria y por eso promueve contrapesos y equilibrios institucionales, oponiéndose a la concentración del poder. Busca complementar la democracia representativa con mecanismos de participación ciudadana, pero no cae en el error bolchevique de pensar que éstos pueden suplir a aquella.

La izquierda moderna entiende que la redistribución de la riqueza para generar justicia social requiere no sólo de una eficiente recaudación fiscal y de programas eficientes de seguridad y asistencia social sino también de fomentar el crecimiento económico, fomentando la inversión pública, privada y trasnacional. Como lo fundamental es mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos no es esclavo de los mitos y se atreve a pensar en voz alta soluciones inovadoras, aún a riesgo de sufrir el estigma de los perros guardianes de la fe y la ortodoxia.

Para decirlo claro, la izquierda moderna no acepta ninguna forma de “pensamiento único”. Acepta la crítica y la autocrítica y entiende que la discrepancia es sana e indispensable en el partido y en la sociedad. Por eso no se calla ante supuestas “autoridades morales” o poderes fácticos y considera inadmisible la intolerancia frente al disidente o al distinto y se opone fervientemente a cualquier forma de discriminación. Es promotora de derechos civiles y políticos y busca incluir a las minorías, respetando sus diferencias.

La izquierda moderna se reencuentra con su pasado remoto al reivindicar la libertad y luchar por profundizarla y hacerla realidad para todos los seres humanos. En ese sentido entiende que hay condiciones materiales y culturales que deben extenderse al conjunto de la población para que sus miembros tengan opciones y puedan considerarse libres.

En América Latina, el exponente más notorio de una izquierda moderna es, sin duda, el todavía presidente de Brasil: Lula

Es verdad que no porque una izquierda se asuma como “moderna” lo es. Hay inercias culturales difíciles de revertir. Pero es un avance decir lo que se piensa y quiere para que a la luz de ese parámetro medir y ser medido, y que eso sirva para saber si hay acercamiento o alejamiento de la meta elegida. Y por supuesto, es fundamental combatir resabios como es el poder autoritario y caprichoso de los caudillos, así como de los vicios que provoca, tales como la incondicionalidad al líder, los linchamientos morales a los críticos, las verdades absolutas que así se certifican ellas mismas, la utilización vulgar y demagógica de “El Pueblo” para buscar prevalecer y amagar a los adversarios, etc.

No entiendo el intento de mofa que Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores hacen reiteradamente sobre la izquierda moderna. Aunque el origen del tabasqueño no es una organización de izquierda sino el PRI, le reconozco todo el derecho para opinar y tratar de convencer sobre el tema. Sin embargo, no le conozco una sola crítica seria sobre el tema y se queda en el chistorete y el sarcasmo barato. Es evidente que busca defender una tradición, pero no nos dice cuál ni por qué. Si la respuesta la vamos a encontrar en su práctica, la cual revive no pocos elementos del caudillismo latinoamericano, pues entonces, con mayor razón, se hace necesaria esa izquierda moderna que reivindique frente a esas desviaciones la democracia, la inclusión y la tolerancia. Me rehúso a pensar que el motivo de su sorna sea que la noticia de la caída del Muro todavía no llega a Macuspana.

De paso:

Don Adolfo. El pasado 17 de septiembre, un día después de la conmemoración del Bicentenario, cumplió 95 años el eminente filósofo marxista del Exilio Español, Adolfo Sánchez Vázquez. Sus críticas al “socialismo real” y la lucidez con la que defiende la necesidad y posibilidad de transformar al mundo hacen de él un pensador actual y apasionante y, sin duda, indispensable para una izquierda perdida en disputas sectarias y mezquinas. A pesar del retraso, felicidades querido y admirado Maestro!!!... Merecido premio Nobel de Literatura para Mario Vargas Llosa. Sus novelas son realmente excepcionales. Si me tuviera que quedar con alguna, elegiría “La guerra del fin del mundo”… El mundo se conmovió con razón por el rescate de los mineros en Chile. 33 historias entrañables en un drama humano con final feliz y una metáfora existencial que no puede dejar de sacudirnos: el volver a nacer… El Consejo Estatal del PRD en Estado de México aprobó por clara mayoría calificada (193-88) la exploración sobre una alianza que pueda incluir al PAN para enfrentar al delfín de Enrique Peña Nieto el próximo año. Esa posibilidad es precisamente lo que ha tratado de evitar el gobernador mexiquense por todos los medios a su alcance, primero negociando el incremento al IVA con el gobierno panista y luego modificando la ley para complicarla. Pero de manera inexplicable, quien parece ser su adversario, Andrés Manuel López Obrador, se convirtió en el principal activista a favor de su misma causa: evitar la alianza. Es aún más sorpresivo si se toma en cuenta que en Oaxaca, si bien AMLO desautorizó la coalición con la palabra, lo cierto es que no la obstruyó y permitió que el PT se sumara a ella. Lo peor de todo es que sin buscar el diálogo con la dirección de su partido o siquiera asistir a exponer y a debatir su posición en contra de la alianza en el Consejo Estatal, López Obrador optó por amenazar a ese órgano con sacar a otro candidato a través del PT si, como sucedió, votara a favor de buscar el acuerdo con el PAN para enfrentar a la poderosa maquinaria del Grupo Atlacomulco que no cabe de contento con los “principios” del ex jefe de Gobierno… La Selección Mexicana está haciendo un papelón. Si lo que se pretende es llevar a cabo el necesario “control de daños”, la verdad es que están haciendo todo por seguir escalando el problema… Síganme en Twitter: @ferbelaunzaran

7 comentarios:

Andressa dijo...

divulgando :)

http://apeenas.blogspot.com/

juan carlos guzman dijo...

Saludos, Fer: Me entristece tu artículo de hoy porque me doy cuenta de la corrupción que han hecho del pensamiento de izquierda todos ustedes.

No es posible hacer una distinción entre izquierda e izquierda moderna sin caer en un pleonasmo, la izquierda o es moderna o no es izquierda. Las palabras no tienen un significado por sí mismas, ellas significan el hacer que evocan y la izquierda, entre muchos otros haceres evoca un hacer dinámico en la aceptación del devenir cómo su realidad.

No puedo hablar fuera de mi perspectiva de tal modo que no quiero decir que así sea, pero me parece que este artículo buscara ser una justificación a la recién acordada alianza, como si el hecho de aliarse fuera un símbolo de modernidad y aceptación del diferente, pero en la negación del que difiere con ellas.

En diversas ocasiones he mencionado la supremacía que ha tomado el pensar de derecha sobre el de la izquierda, una supremacía casi invisible para todos ustedes, AMLISTAS y CHUCHISTAS, pero bien presente en todos sus discursos moralistas, ortodoxos, despachados desde el “deber ser”.

La fuerza de la derecha, de su ideología descansa en la moralidad, en la noción de lo “bueno” y lo “malo” tan arraigadas en nuestras sociedades occidentales. La izquierda por el contrario busca modelos de convivencia fundados en la ética, entendiendo por ética el bienestar común. La izquierda no busca imponer su ideología, seduce, enamora, invita a un convivir libre sustentado en la confianza de la auto regulación.

juan carlos guzman dijo...

La derecha vive en una solidez conceptual indiscutida, cree en la competencia, y en la apropiación, busca por medio de la imposición el “respeto” de las normas. La izquierda se revela ante las normas, las reconoce como un límite a la libertad, no da nada por sentado, vive en el desapego conceptual, fomenta la colaboración y rehúsa la competencia, no segrega ni discrimina. La izquierda comprende que la política es una dimensión de lo humano y desde ahí busca crear estructuras flexibles que en su operar no comprometan la dignidad.

La moralidad de ustedes, AMLISTAS y CHUCHISTAS los ha llevado a la separación, ambos colocan al otro del lado del “mal” y se reivindican el “bien” para sí. No han sido sus diferencias lo que los ha separado, es su irresponsabilidad, su incompetencia para hacerse cargo de ellas. Moralmente buscan “culpables” y con ello comprometen su responsabilidad.

Como mencioné, hablo desde mi perspectiva y busco solamente crear un espacio reflexivo que permita la reconciliación de lo que hoy son extremos.

Saludos y un abrazo
Juan Carlos Guzmán J. (@juan_ca68)

PRAHALAD dijo...

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Yuri1Mann dijo...

Ja! El jefe de los Chuchos -Calderón- ya dió su línea: socialdemocracia y no socialismo; reforma y no revolución. Capitalismo y transnacionales sí; estatismo y nacionalismo no -son cosas antiguas-.
Ah qué mi amigo! Si no sabes lo que es la izquierda, pues tienes que re-inventarla a la Sergio Sarmiento: coinciden tú y él en la necesidad de una izquierda moderna. Pero los de abajo, que son millones, quién sabe si los necesiten a uds. Y uds. sí que necesitan el subsidio del gobierno y ahora son meros comparsas del mismo.
Al margen de todo, espero que andes bien y que disfrutes tu momento de gloria, porque andar de ficha en el casino polìtico no da para màs tiempo que un suspiro.
Saludos, mi 'moderno' izquierdoso!

Luis Eduardo . dijo...

La Izquierda Moderna del señor Belaunzarán

Espulgando el nuevo artículo, “Izquierda Moderna” del Señor Fernando Belaunzarán (reconocido militante perredista aliado de Nueva Izquierda que funge como Consejero Nacional del PRD) y más allá de sus conocidos recursos retóricos para confundir el fondo con la forma, hemos de señalar lo fundamental de dicho escrito:

Artículo completo: http://luiseduardosanz.blogspot.com/2010/10/la-izquierda-moderna-del-senor.html

En la Sangre y en la Savia dijo...

La Izquierda Moderna del señor Belaunzarán

Espulgando el nuevo artículo, “Izquierda Moderna” del Señor Fernando Belaunzarán (reconocido militante perredista aliado de Nueva Izquierda que funge como Consejero Nacional del PRD) y más allá de sus conocidos recursos retóricos para confundir el fondo con la forma, hemos de señalar lo fundamental de dicho escrito:

Artículo completo: http://luiseduardosanz.blogspot.com/2010/10/la-izquierda-moderna-del-senor.html