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lunes, 20 de abril de 2009

LATINOAMERICAN OBAMA TOUR

20 de abril de 2009



Fernando Belaunzarán


No hubo engaños ni sorpresas, aunque sí muchos sorprendidos. Obama viajó a México en una parada que no estaba contemplada de inicio a hacer lo que se había propuesto dada la emergencia que lo trajo. Algunos esperaban anuncios concretos y espectaculares sin caer en la cuenta que el mensaje era en sí la visita y el tono cordial y cercano de la misma con su homólogo mexicano. Digámoslo como es, aunque eso no pueda ser aceptado por ninguno de los gobiernos en virtud de la diplomacia, las susceptibilidades y el interés político de no proclamar la debilidad de un aliado: Obama vino a apuntalar a un gobierno en problemas.

Hay de pronto un olvido de que el vuelco de la administración Obama hacia México esta presidido de la atención en aquel país a los problemas de seguridad de nuestra nación, a la magnitud de los problemas que han rebasado por mucho la capacidad de las autoridades para hacerle frente, a la penetración del crimen organizado en las más altas esferas del poder público mexicano, al control del narco en zonas enteras y a los focos rojos encendidos sobre la gobernabilidad del país. Recordemos que en informes oficiales de dependencias militares y de seguridad norteamericana se consignó el riesgo de que México se tornara un “Estado fallido” y los medios impresos y electrónicos norteamericanos se han ocupado como nunca de la difícil situación al sur de su frontera, lo que, como todos sabemos, es considerado como algo propio de su política interna y asunto de seguridad nacional. El asunto es muy serio y la administración Obama lo tomó como tal, lo cual resulta irreprochable.

Coadyuvar a que no se desestabilice el país, siempre que eso no signifique intromisión indebida en la política interna, es un objetivo estratégico correcto y México debiera aprovechar esa situación. Darle un giro a la relación con Estados Unidos en donde se asuma la corresponsabilidad en el fenómeno de la inseguridad vinculada al narco, pero también para que la asociación económica se de con otras bases que propicien mayor y creciente equidad entre los socios debiera ponerse sobre la mesa. Es sin duda una necesidad de Estado.

Sin embargo, me preocuparía que Felipe Calderón viera en todo esto una oportunidad no de fortalecer al Estado mexicano sino a la opción política que representa y busque hacer de la guerra contra los cárteles una estrategia de control político y proyección mediática dentro de un populismo de derecha que ofrezca la mano dura a una sociedad que vive en la permanente zozobra, tal y como sucede en Colombia, el país que desde el principio se planteó como modelo el mandatario mexicano. El peligro es que no se busque terminar con la guerra contra el crimen sino sólo controlar algunas de sus consecuencias más funestas.

En ese sentido, la permanencia de la guerra contra los cárteles, y por lo tanto la prolongación de su estela de violencia y muerte, podrían ser parte de la legitimación social de un régimen que se basa en su combate, ya que éste se presentaría como un asunto no sólo de emergencia política sino basado en una moral que pretende ser incuestionable por el riesgo de que el crítico se muestre como anticlimático en un ambiente permanentemente exaltado.

Sin legalización la guerra contra las drogas será eterna. Lo bueno es que se está abriendo paso la sensatez y cada vez hay más voces que se hacen escuchar para denunciar la trágica estupidez de condenar a un pueblo a seguir pagando tan altos costos por la misión imposible de acabar con el mejor negocio del mundo con medidas punitivas.

Obama es el personaje político del momento y hace bien en querer aprovechar esa situación para darle un nuevo rostro a Estados Unidos en el mundo. Iniciar una relación política, más pragmática y menos ideologizada, más amigable y menos amenazante, los beneficia a ellos, pero también a nosotros. Ya era hora de que revisaran la tesis de hace quinientos años de Maquiavelo en la que afirma que es preferible ser temido que querido y que por cierto la hizo pensando en la creación de un eventual Estado Italiano que no existía y que se debía abrir paso en medio de potencias que la asediaban y estaban metidas hasta la cocina de aquella península, y sin tomar en cuenta la posibilidad de que en su contra se reclutaran terroristas suicidas.

La cubanización de la Quinta Cumbre de las Américas no fue un hecho fortuito o un tema improvisado. Desde hace tiempo se viene preparando mediante los canales discretos de la diplomacia un giro a ese respecto y es de sentido común lo que Hillary Clinton y Barack Obama aceptaron públicamente: el fracaso de la política norteamericana respecto a Cuba. Por supuesto que no debieron tardarse cincuenta años en darse cuenta, pero el momento para asumirlo parece inmejorable ahora que el dueto Obama-Clinton están conmocionando al planeta por mostrarse convencidos de la necesidad de cambiarle el rostro al imperio, dando señales de que quieren transitar por la ruta del multilateralismo y priorizando el entendimiento sobre la fuerza.

Ya vendrá el momento de que las buenas intenciones y la autocrítica histórica rindan frutos concretos. Por lo pronto Obama vino a America Latina a hacer campaña, constatar su popularidad y tomar nota de que su sencillez y elocuencia sirven para lo mismo que en su país: para convencer y magnetizar.

De paso…

¿AMLO chamaqueado?. El PT no registró candidato a gobernador en Nuevo León y sus bases votarán por el candidato del PRI, de tal suerte que le aplicaron a López Obrador la consabida formula virreinal de “acátese, pero no se cumpla” respecto a su instrucción de no hacer alianzas con ese partido. Ahora que resulta difícil suponer que Alberto Anaya pensara que lo iba a poder engañar con una jugada tan burda y evidente. ¿Qué va a ser AMLO al respecto? ¿Volverá a amenazar al PT? ¿Presionará para que dicho partido apoye a la abanderada del PRD? ¿Fingirá demencia? ¿Será que ese crítico moral de la clase política gusta de la simulación?... Los abucheos del porrismo obradorista contra Jesús Ortega por supuesto que fueron planeados, aunque no faltará algún cínico que quiera justificarlos con la absurda cantaleta de la “espontánea indignación de las bases”. No es necesario que la orden la dé directamente AMLO. Los que la llevaron a cabo saben perfectamente que ese tipo de acciones le encantan al político tabasqueño y esperan que ese trabajo sucio les sea reconocido por su líder… Jesús Ortega ha hecho todo por la unidad. Llevó al primer lugar de la lista a Alejandro Encinas, le ofrece dar el discurso a nombre de los diputados plurinominales, evita confrontarse con Marcelo Ebrard a pesar de su grosera intervención a favor de los candidatos bejaranistas en la elección interna, asume como propios a los diputados externos y hasta rehúsa la invitación de ir a la cena con Obama para que Andrés Manuel no lo acuse de haber respirado el mismo aire que el “espurio”, pero no hay la más mínima reciprocidad del verdadero dirigente de ese bloque. Desde los tiempos del CGH aprendí que no hay cosa más innecesaria y contraproducente que hacerle concesiones al atraso… El asesinato de Beatriz López Leyva debe aclararse a la brevedad y la PGR debe mostrar su disposición a investigar a las autoridades municipales y estatales…

lunes, 24 de marzo de 2008

LA CRISIS DEL PRD

En el enconado escenario postelectoral perredista todo es creíble menos la sorpresa. Para usar una frase trillada, podríamos decir que presenciamos la crónica de una crisis anunciada. Y es que esto ya lo vivimos; es más, todavía lo sufrimos, pues las heridas siguen vivas y presentes. ¿Quién puede negar el paralelismo que existe entre la elección interna del PRD y la elección constitucional del 2006? Y, en ese sentido, ¿quién puede extrañarse del escalado conflicto que padece el PRD?

Mismos ingredientes, mismo resultado: el presidente Fox intervino, igual que el presidente legítimo; la guerra sucia que calificó como “peligro para México” a López Obrador no es de mayor calado que la que acusa de “traidor” y “colaboracionista” a Jesús Ortega; a uno se la vinculó con Hugo Chávez y a otro, vilmente, con Felipe Calderón; en ambos casos se ejercieron ingentes presiones contra el órgano electoral que poco puede hacer frente a los poderes institucionales que actúan de manera facciosa y los fácticos que desdeñan la legalidad; hasta la difusión cínica de propaganda ilegal elaborada por terceros (CCE y AMLO respectivamente) fueron una constante de los dos procesos. Por eso nadie debe sorprenderse de la polarización, la incertidumbre y el espectro de la ruptura que hoy ronda al partido, ni tampoco que ahora retumbe dentro de sus muros la consigna de “voto por voto y casilla por casilla”.

Pero más preocupante que la crisis es la falta de visos para salir de ella. La inyección de odio y el abandono de todo atisbo de institucionalidad en sus órganos de dirección han generado una verdadera guerra sin prisioneros en la que no hay ánimo ni puentes para acordar siquiera mecanismos y reglas mínimas de convivencia para desahogar lo pendiente ante el perverso desdén por la norma. El presidente del partido se ausentó tras dar a conocer conteos rápidos que, tal y como ha quedado demostrado, inventaron resultados –los responsables del fraude son las empresas, no Leonel Cota-, y haber suspendido abruptamente el programa de resultados preeliminares. Por su parte, el poder real, el principal liderazgo del PRD, al haber intervenido en la contienda, incluso violentando la norma, no es hoy factor de unidad, pero tampoco tiene ganas de serlo. Por el contrario, ha sido el más parcial de los actores, el que tras bambalinas ha manejado los hilos de una cruzada de exterminio contra los que han osado sostener públicamente una estrategia diferente a la que trata de imponer. Lo hace a su estilo, promoviendo con grupos atrasados y personajes incondicionales de algunos medios de comunicación el linchamiento moral y la ingesta insaciable de reputaciones de sus adversarios, tratando, en todo momento, de no ensuciarse las manos.

Por desgracia, no depende de los candidatos encontrar una salida a la crisis. Jesús Ortega y Alejandro Encinas suelen elevar la mira, actuar responsablemente y construir acuerdos con base en principios, anteponiendo los intereses del proyecto a las consideraciones personales y de grupo. El problema es que todo indica que Andrés Manuel López Obrador ya decidió que es preferible -para él, por supuesto- la ruptura a renunciar al control del PRD. Quizás piense que con la tan esperada reforma energética tendrá la oportunidad de tomar El Palacio de Invierno y, por lo mismo, que le estorban “las medias tintas” y necesita de la absoluta subordinación política y financiera del partido -la revolución a cargo del erario.

Se construyó, pues, una situación en la que nadie puede ceder. La solución natural, el apego a la legalidad y la aceptación de los resultados, se torna utopía por la apuesta de todo o nada, ellos o nosotros, patria o muerte. El veto a Jesús Ortega, tan deleznable como el que prevaleció contra AMLO en el 2006, determinó la descomposición creciente de la elección y hoy se expresa en la imposibilidad de concluir con los cómputos a tiempo y de acuerdo con la norma, no obstante la multiplicación de los costos políticos por la incertidumbre y la exhibición pública de irregularidades, violencia y trampas que se magnifican y generalizan, entre otras cosas, por la irreductible polarización que prevalece.

Además, resulta notorio como la estrategia mediática de uno de los candidatos se basa en acusar al otro de ser más cochino, sin darse cuenta que eso es escupir al cielo y que alienta la guerra de descalificaciones en la que todos pierden. Pero la instrucción desde El Olimpo es insistir en la monserga de buenos y malos, y en evitar a toda costa que salga adelante el candidato de Nueva Izquierda. Si el cómputo favorece a Ortega, mejor que no haya cómputo. Bueno, si es que antes no puedan cambiar las reglas del conteo mediante un golpe de mano del CEN, convertido por sus pistolas en legislador, para establecer la anulación de casillas fast track y a la carta de una de las partes, aunque eso tiene el enorme inconveniente para los promotores de ese adefesio jurídico que cualquier criterio debe ser aplicado de manera general.

Por todo lo anterior, reconstruir la relación y tender puentes parece casi imposible, pero no se debe renunciar a ello. La crisis no es producto de la elección, ya estaba en ciernes y sólo necesitaba un detonante para expresarse en toda su crudeza. No estaba oculta, nadie dudaba de ella, pero se hizo muy poco para atajarla y no faltó quien jugó desde su influyente posición para exacerbarla.

Ahora bien, toda esperanza de unidad pasa indefectiblemente por la legitimidad de la próxima dirección. Si se quiere evitar el camino de los tribunales y, por tanto, que sea el TRIFE el que decida al próximo presidente, se tienen que cumplir dos condiciones: transparencia en el resultado y cero impunidad para los que cometieron tropelías. El voto por voto y casilla por casilla es a todas luces ineludible y debe realizarse una vez que concluya el cómputo bajo el compromiso de ambos candidatos de aceptar el resultado, tal y como fue, en su oportunidad, el ofrecimiento de AMLO a Calderón. Lo otro, referente a las sanciones, no requiere de comisiones. El CEN debe actuar inmediatamente y con toda energía contra los responsables de la violencia y anomalías comprobadas durante el proceso con independencia de la corriente a la que pertenecen.

El PRD debe mirarse al espejo y reaccionar. No basta con evitar la división. Requiere transformarse y acabar con la cultura del todo se vale para ganar, ésa que nos derrotó en el 2006.


De paso…

Provocación. Son inaceptables las agresiones que sufrió Dolores Padierna durante el cómputo de Tabasco. A pesar de las diferencias que tengo con ella, repruebo los insultos y que le hayan aventado ligas en clara referencia a su marido. Es verdad que su corriente, IDN, es constante promotor de actitudes similares y la mayoría de los hechos de violencia en la jornada electoral están ligados –perdón- a esa expresión, pero no se debe ser intolerante ni siquiera con los intolerantes. Ahora bien, de ninguna manera justifica lo que vino después, pero tampoco Padierna tenía ningún derecho a arrancar las cartulinas colocadas por grupos inconformes con los resultados, así tuvieran críticas contra AMLO. ¿O qué está prohibido cuestionarlo? Fue una provocación en la que nadie debió haber caído…Por cierto, en el Estado de México se abrieron todas las casillas que indicó Fernández Noroña y el saldo hasta las diez de la noche del domingo era que Alejandro Encinas había recuperado 500 votos y Jesús Ortega 2,500. Después de eso, retiró a los delegados encinistas del CTE para que no firmaran el acta respectiva y tener así congelado el cómputo…Según las actas, más de la mitad de las casillas del Distrito Federal utilizaron más de mil boletas. ¿Pues no que eso sólo había ocurrido en Chiapas?...En Zacatecas los delegados oficialistas madrugaron con un acta de cómputo sin que éste se hubiera realizado. ¿Qué esconderá la gobernadora y compañera de tours internacionales de Felipe Calderón?...Una semana después de hacerlo en el Zócalo el 18 de marzo, AMLO ungirá otra vez al nuevo presidente nacional del PRD en un mitin masivo. ¡Viva el PRI!...

martes, 18 de marzo de 2008

EL PRD DEBE SER CONGRUENTE

Las encuestas han dejado de ser un instrumento de medición para volverse el oráculo del mundo político. No se necesita mayor constatación que un muestreo y todos cruzan los dedos y guardan el aliento para esperar la revelación inobjetable de la verdad en gráficas y porcentajes. Es el paraíso de la realidad virtual porque se torna la única realidad. Cuestionar la certeza de una encuesta resulta anticlimático y suena tan precientífico y atávico como sostener que La Tierra es plana. Por supuesto, si los hechos no corroboran lo ahí sustentado, peor para los hechos. Pues bien, el caer en esta mistificación de las encuestas, la cual fue criticada por el PRD durante la sucesión presidencial, puede llevar a los perredistas a una trampa de difícil salida y que fue tendida únicamente por ellos mismos.

El CEN contrató dos conteos rápidos para que, al evitar la incertidumbre, ayudaran a bajar la presión política y a garantizar la estabilidad partidaria. Esa fue la intención de Leonel Cota cuando insistió en su aplicación. Y eso se cumplirá si es que esas mediciones se corroboran por los resultados oficiales. En cambio, si eso no es así y la contienda es cerrada o da otro triunfador, entonces la eventual crisis que se evitó al conocerse las tendencias de las mediciones estadísticas el domingo por la noche regresaría con mayor fuerza y colocaría bajo sospecha toda la elección. Es difícil imaginar un escenario más patético que el de dos presidentes: uno virtual anunciado por las encuestadoras y otro legal sostenido por las actas. De ahí a ser calificados como “legítimo” y “espurio” sólo hay un paso. Si a eso le agregamos la intervención del presidente legítimo, la guerra sucia y, ahora, las encuestas cuestionadas, pues ya esta casi el cuadro completo del 2006. Si esto se confirma, ¿quién podría regatearle a Marx el tino de decir que cuando la historia se repite la primera es como tragedia y la segunda como farsa? Bueno, eso sería así si el espectáculo chusco que puede escenificarse no acrecentara la división, el encono y el riesgo de escisión, amén del descrédito público que traería consigo. Es decir, bien puede convertirse en una tragicomedia.

Obviamos, lo digo como autocrítica, lo difícil que es medir estadísticamente los procesos internos del partido, en virtud de la heterogeneidad y, por lo mismo, volatilidad de los electores en el territorio. En una manzana puede tener un grupo mayor fuerza y en la de junto otro. Es difícil encontrar continuidades estadísticas Ya habíamos tenido la experiencia en Michoacán cuando Consulta Mitofsky no quiso dar resultados en la elección interna para candidato a gobernador y Leonel Godoy terminó ganando con un margen de superior al 8%. Y ahora, en cambio, se lanza a proporcionarlos con vacíos importantes en la información de Chiapas y Oaxaca y, según ellos mismos, complementando con proyecciones lo que les faltaba de datos.

Resulta un evidente contrasentido que las encuestas terminen contrariando resultados en lugar de apuntalarlos. Y lo que sería ya el absurdo es que la preocupación sea como acomodar las cifras para que coincidan con los números de las empresas.

Frente a esa delicada situación no queda más que la transparencia y garantizar aquello que negó el IFE y el Tribunal Electoral. Me refiero, por supuesto, al recuento de votos. El PRD tendrá que darle a la sociedad mexicana el voto por voto y casilla por casilla que tanto coreó y demandó en calles y plazas. Eso significa una oportunidad, pero también un riesgo. En un país con vida democrática consolidada no habría duda que lo que estaría en duda sería el rigor y exactitud del muestreo, pero tratándose de la cultura nacional en la que la presunción del fraude es casi un axioma, entonces no hay duda que el que está en el banquillo es el partido.

Ahora que esto de que el PRD, literalmente, le abra sus entrañas a la sociedad puede ser a mediano y largo plazo muy bueno, y si pasa la prueba y se demuestra que las irregularidades son menores en el universo de la votación, no hay duda que saldrá fortalecido y tendrá autoridad moral para seguir impulsando la democratización del país. Claro, si es que pasa la pasa la prueba de la unidad. Ahí tendrá mucho que ver la responsabilidad de los dos candidatos principales, Alejandro Encinas y Jesús Ortega, lo cual debería tranquilizar, pues ambos han dado muestras de sobra de actuar así a lo largo de sus trayectorias. El problema es que no sólo depende de ellos. Andrés Manuel López Obrador tendrá que hacer su parte para atemperar ánimos. Para nadie es un secreto que él es el único que puede llamar al orden al grupo de René Bejarano.

De paso…

Tibieza. Está más que demostrado el asesinato de mexicanos a manos del ejército de Colombia en territorio ecuatoriano. Al margen de la opinión que se tenga de las FARC y de que éstas utilizan métodos deleznables como el secuestro, no puede obviarse que se trató de un ataque contrario al derecho internacional. No se trata sólo de reafirmar la convicción a favor del multilateralismo y de la solución pacífica de controversias entre países sino de asumir el papel de defensa de nuestros compatriotas en el extranjero. Aunque el presidente Uribe sea aliado del gobierno mexicano, éste tiene la obligación política y moral de condenar el hecho y pedir satisfacciones al país agresor...Nadie debe espantarse de que en la UNAM haya tal libertad y exista tal pluralidad que entre sus estudiantes haya simpatizantes de las cuestionadas FARC, como tampoco el que tenga, y seguro tiene, miembros del Yunque en sus aulas. Precisamente esa gran libertad y tolerancia han hecho posible que sea el centro cultural más importante de América Latina…

lunes, 25 de febrero de 2008

FIDEL CASTRO

25 de febrero de 2007


Fernando Belaunzarán

Hay personajes que no sólo hicieron historia sino que ellos, en sí mismos, son Historia. Uno de ellos es, sin duda, Fidel Castro, al que es difícil aproximarse con visión crítica y objetiva, pues pocos se salvan de caer en los excesos de la mitificación o la satanización cuando se le caracteriza a él y al régimen que encabezó durante casi cincuenta años. Para huir tanto de la apología como del estigma hay que perderle el miedo al lenguaje franco y decir las cosas sin pretender quedar bien con uno u otro bando y acostumbrarse a la idea de que, a final de cuentas, se quedará mal con ambos. Eso significa no escatimarle aciertos, pero tampoco errores, y evitar ser condescendiente o implacable. Describir antes que juzgar, no defender lo indefendible ni dejar que la pasión se apodere del criterio que necesita ser libre para encontrar el equilibrio, si no de la verdad, al menos de la verosimilitud, es la mejor manera de humanizar a una persona a la que no le hacen ningún favor volviéndola santo ni lo perjudican al endemonizarlo, y la cual merece ser comprendida y sopesada en sus méritos.

Cuando alguien quiere hablar bien del Comandante y del estado de las cosas en Cuba señala los logros en educación, empezando por la erradicación total del analfabetismo, los avances en materia de salud, seguridad social, combate a la pobreza y deporte, así como el indudable ejercicio de la soberanía nacional, la resistencia frente al injusto e infame bloqueo y una política exterior solidaria con los países menos desarrollados o que son víctimas del imperialismo trasnochado de la administración Bush. En cambio, cuando se busca descalificarlos se hace hincapié en la falta de libertades, en la represión a la disidencia, en el abuso a los derechos humanos y el acoso a las minorías, en el inmenso exilio, en el partido único, en que no hay más periódico que el oficial, en que no se puede salir legalmente del país y en la inexistencia de instituciones y procesos democráticos. Lo interesante es que nadie miente. Unos y otros tienen razón, lo cual debería llevar a atemperar los ánimos, no asumir posiciones irreductibles y abstenerse de pelear con la realidad. Sin embargo, suele, desde una posición preconcebida, ignorar, maquillar o de plano volver virtudes o vicios, según corresponda, lo bueno o lo malo del sistema cubano y de quien ha estado al frente de él durante medio siglo. El sentido común diría que se debe buscar en estabilidad, y sin injerencia extranjera no pedida, cambiar lo indeseable, es decir, transitar a la democracia, sin arriesgar los éxitos conseguidos ni su soberanía.

Digámoslo sin rubor: el nombre para llamar a quien está tanto tiempo en posesión de un poder omnímodo es el de dictador. El problema es que ese concepto es insuficiente para caracterizar a Fidel, pues no pasa de ser propaganda barata de sus detractores compararlo con Franco, Videla o Pinochet. Lo menos que deberíamos decir es que se trata de un dictador sui generis. Goza de aceptable respaldo popular, ha mantenido la estabilidad política del país –gracias, pero no sólo ni principalmente, a su muy eficaz policía- es factor de cohesión social y todavía abreva de la fuente de legitimidad revolucionaria, no obstante que la mayoría de los habitantes de la isla no habían nacido cuando los barbudos tomaron el poder el 1 de enero de 1959. Castro mantuvo durante todos estos años una relación paternalista con su pueblo, al que protegía y oprimía al mismo tiempo. Es una mezcla de hombre fuerte del politburó y caudillo latinoamericano que puede ser tan comprensivo y generoso como implacable e injusto.

Fidel Castro tiene un perfil heroico y una estura histórica innegable. Triunfador de una guerrilla que hizo volar el romanticismo revolucionario a lo largo del mundo e iluminó muchas luchas antisistémicas, armadas y pacíficas; compañero de armas del Che Guevara -aunque evidentemente no comparte la ascendencia moral de éste-; hombre clave de la Guerra Fría que estuvo en el centro del conflicto conocido como “la crisis de los misiles” que estuvo a punto de detonar la tercera guerra mundial; blanco de varios intentos de asesinato por parte de la CIA; hombre que se mantuvo en el poder durante casi cincuenta años a 60 millas de su poderoso enemigo que no ha dejado de acosarlo durante todas esas décadas.

Muchos pensaron que tras la caída del Muro de Berlín y el derrumbe del campo socialista sería cuestión de tiempo el fin del régimen castrista en la isla y ya pasaron casi veinte años de esa fecha y ahí sigue Cuba desafiando a su vecino y país más poderoso de la tierra. Lo cierto es que ya nadie podrá decir que los soviéticos eran el sostén del régimen. En mi opinión, por paradójico que parezca, los Estados Unidos colaboraron de mejor manera al darle a la revolución cubana un elemento inmejorable de cohesión social al poner a la orden del día la defensa de la independencia frente a la agresión imperialista. Eso ha ayudado, pero no es lo único, que ha mantenido cierta legitimidad política del régimen. El paternalismo de Fidel, pero también los aciertos sociales de la revolución han hecho su parte. Decir esto, por supuesto, no busca justificar los excesos y arbitrariedades contra disidentes políticos, intelectuales y minorías, aunque ayuda a ser equilibrados en los juicios.

Fidel Castro entregó el cetro por decisión propia. No fue la muerte, ni una insurrección popular o un golpe de Estado, ni siquiera la temida invasión norteamericana, la que lo apartó del poder. Castro se retira en lucidez. Una salida digna que no convence a quienes durante tantos años habían esperado este momento, pero que se lo imaginaban de otra manera. Cede el poder a su hermano, unos pocos años menor que él. Contrasta el hecho de que 1959 un grupo de jóvenes tomaba el control del Estado cubano por medio de las armas con esta transmisión del poder dirigida, nepotista y gerontocrática, lo cual no necesariamente es negativa si hay la intención de llevar a acabo una transición con riesgos calculados y controlados. Para los que pensamos que el socialismo sólo es posible en libertad y democracia, esperamos que ésta sea una oportunidad para avanzar hacia esos dos grandes pendientes de la revolución cubana. Sobre el comandante retirado sólo me resta decir que la historia no lo absolvió, pero tampoco lo condenó, porque la historia que vale la pena, y él tiene su lugar en la historia universal, no sirve para eso.

De paso…

Lumpenismo. Carlos Marx y Federico Engels acuñaron la categoría de lumpenproletarido para referirse a sectores pauperizados “improductivos y regresivos” que podían servir a la burguesía o a la aristocracia como grupos de choque antirrevolucionarios a cambio de recursos económicos modestos (clientelismo, diríamos ahora). Pues sectores lúmpenes identificados con René Bejarano y Gerardo Fernández Noroña agredieron a los dos coordinadores parlamentarios del PRD, Javier González Garza y Carlos Navarrete. Estos actos de porrismo deben ser condenados de manera categórica y contundente por todos, especialmente por Andrés Manuel López Obrador, pues es el dirigente del movimiento, y por Alejandro Encinas que es el candidato de los rijosos (me imagino que Alejandro nunca pensó que algún día sería apoyado por el atraso). Eso sí, si pensamos defender la propiedad nacional del petróleo con estos lúmpenes, estamos jodidos…Cuauhtémoc Cárdenas partió plaza en San Lázaro y dio una cátedra magistral sobre la situación de PEMEX y la necesidad de defender la riqueza energética del país. Hizo propuestas viables, nacionalistas e indispensables. Seguramente Andrés Manuel López Obrador, que coincide con el ingeniero en los propósitos, utilizará a favor del movimiento los conocimientos y la visión que el estadista compartió con los legisladores…