Fernando Belaunzarán
twitter: @ferbelaunzaran
El sectarismo disfraza sus fracasos de virtud. De esta manera, la derrota se sacraliza y se abona la tierra para el martirologio. A la luz de los creyentes, se gana perdiendo porque la pureza es preservada a pesar de las tentaciones del mal que plantean avanzar gradualmente y, lo peor, al costo de conceder y contaminarse. La llegada al Paraíso debe darse en un salto y el triunfo no puede compartirse. La suma cero es categórica. Si la victoria es absoluta y exclusiva, la derrota de los enemigos también debe ser total e irredimible. Todo o nada; y mejor nada que algo.
Dicha lógica maximalista traslada el espacio primordial de la política. Éste ya no es la sociedad a la que se busca incidir sino que, como si se tratara de monjes ascetas, la disputa trascendente se da en la conciencia. Lo fundamental es no desviarse, mantener la ortodoxia para lograr la redención, salvar el alma. El pueblo algún día lo reconocerá, pues es en su nombre que se hace el sacrificio. Por supuesto, tal discurso suele usarse para ocultar otros fines más terrenales y menos idílicos. Tartufería política que se presenta como monopolizadora de la moral pública mientras pugna soterradamente por miserias e intereses mezquinos, apostando a la impunidad por los males que ocasione –sería peor haber cedido y perder el cielo de los puros.
Andrés Manuel López Obrador tensa al máximo para reventar la alianza en el Estado de México aun cuando Alejandro Encinas pudo ser el candidato de la misma y el próximo gobernador del estado, tal y como ellos mismos reconocen, aunque resulte un invento del tabasqueño lo del mensaje de Calderón. Es decir, Andrés Manuel rechazó la posibilidad real de que el PRD gobernara, en tan solo dos entidades del país, la quinta parte de los mexicanos, con todo la fuerza política, económica, cultural y mediática que eso representa, y en su lugar favorecer la continuidad del PRI en el Estado de México, el camino hacia Los Pinos de Enrique Peña Nieto y poner en serio riesgo la continuidad perredista en el DF, algo que en cualquier análisis sereno parecería incomprensible. Error histórico y estratégico que sólo puede tener una explicación: la priorización de su proyecto personal que sintió amenazado por el éxito de las alianzas.
Sabíamos que todos los caminos llevan al 2012 y pasan por el Estado de México, pero no que alguno de los actores relevantes iba a preferir resolver en esa entidad el conflicto interno por la candidatura presidencial en lugar de preocuparse por ganar la elección. Mientras el Peña Nieto se toma muy en serio el riesgo de perder frente a la eventual alianza y opera para evitar rupturas, así sea con los viejos métodos, soltando la gubernatura a un grupo distinto al suyo, pensando en la presidencia de la república, la oposición se hace bolas porque, aunque unirse es lo único que dadas las circunstancias puede hacerlos competitivos, AMLO decidió convertir dicha contienda electoral en el punto de definición de la lucha por la hegemonía en la izquierda política que lleva ya algunos años.
A principios de enero, Alejandro Encinas fue presentado como eventual candidato del PRD por Marcelo Ebrard y Jesús Ortega. En un inicio -recordemos su entrevista de es día en Milenio Televisión- Encinas aceptó la posibilidad de ser candidato de la alianza PAN-PRD si así lo determinaba una consulta ciudadana. Alguna fuerza tropical lo hizo cambiar de opinión, pero lo grave es que al hacerlo cerró la posibilidad de que un dirigente connotado de la izquierda ganará la elección de gobernador y ahora la disputa sea por el segundo lugar, pues, según supone AMLO, quien lo logré será el que polarice con Enrique Peña Nieto en el 2012 y relegue al otro. Apuesta extraña sabiendo que el rechazo que ha cultivado contribuiría a que el gran parte del voto útil sería a favor del mexiquense. Pareciera como si ya hubiera tirado la toalla en la elección presidencial y su lucha fuera por prevalecer sobre “los chuchos” y prepararse por regresar en el 2018. De otra manera, no tendría lógica que le ayudará al que le lleva más de 20 puntos en las encuestas a ganar y mantener su estado y principal semillero de votos del PRI.
Decir que Encinas puede ganar la elección porque la izquierda ya lo hizo en 1988, 1997 y 2006 es engañarse, pues la situación es hoy muy distinta a la que había en esas coyunturas. Por supuesto que entiendo que todos los candidatos tienen que decir que van a ganar, pero si no se confunden los deseos con la realidad y se hace un análisis electoral desapasionado se vería su imposibilidad, lo mismo que para Bravo Mena y el PAN. Si efectivamente la alianza se cayera, el gran ganador sería, sin duda, Peña Nieto, pero AMLO tendría casi amarrada la candidatura presidencial.
Encinas es un mártir de Andrés que sacrificó su competitividad y la posibilidad de ser gobernador para rescatar a su líder del aislamiento en el que se encontraba por el éxito electoral de las alianzas. Al grito de “sálvese El Peje aunque se hunda el mundo” ha tensado al máximo la cuerda al interior del PRD porque sin duda que es un muy buen candidato y que la debilidad de la alianza está precisamente en la carencia de un abanderado de ese nivel. El caso es que Marcelo Ebrard no quiso enfrentar a AMLO en este punto y cedió al chantaje de “la unidad” –la cual, según esto, sólo es plausible si se hace lo quiere López Obrador.
Sin embargo y a pesar de las dificultades, la alianza no está cancelada. La Consulta cumplió su objetivo. Más de 230 votos por casilla es una buena participación y el resultado fue contundente a favor del “Sí”. Resulta patético que el pejismo utilice el mismo argumento –correlación con el padrón electoral- con el que los gobiernos priístas descalificaban las consultas ciudadanas, como la del plebiscito para hacer del DF el estado 32 en 1993, o le del FOBAPROA en 1998, máxime cuando los 230 mil votantes son muchos más de los que nombraron a #AMLO presidente legítimo y no se diga con los que en el Hemiciclo a Juárez se asumieron la reencarnación de “el pueblo” para rechazar la reforma energética. No asumir los resultados de una consulta que uno mismo convoca sería contraproducente y un pésimo precedente. Parece que así lo valorará también una clara mayoría en el Consejo Estatal del PRD en el Estado de México y una mayoría suficiente en el Consejo Nacional de ese partido. Por ello, la alianza sigue viva y esta semana será definitoria.
La dificultad de la alianza es el candidato. De no encontrarse al idóneo que, dadas las circunstancias, ya no podría ser del PRD ni del PAN, entonces la izquierda cerraría filas con Encinas y el PAN presentaría un candidato propio. Si eso sucede, la elección sería prácticamente un día de campo para Eruviel Ávila -ver Encuestas- y Peña Nieto daría un paso importante hacia la Presidencia de la República. Ante ese escenario, aunque “los puros” reclamen la impunidad de “los principios”, habrá responsabilidades históricas. No fue el futuro de los mexiquenses, no fue el futuro de la Nación, tampoco la “congruencia” la que llevó al AMLO a no aceptar que la izquierda encabezará la alianza en el bastión del principal precandidato del PRI, algo que bien habría podido cambiar la historia. Fue la enferma obsesión de confundir al proyecto con su suerte personal. Su guerra en el Estado de México no es contra los caciques que la malgobiernan ni contra quien encabeza la carrera hacia el cargo que tanto anhela. Su guerra es contra “los chuchos” que osaron desafiarlo y que contrastan con su desastrosa estrategia seguida desde que tuvo la pésima idea de hacer un plantón en Paseo de la Reforma. Su guerra es por la candidatura aunque todo lo demás se lo lleve el diablo.
De paso…
Sicilia. Me uno a la pena que embarga al escritor Javier Sicilia por la irreparable pérdida de su hijo, Juan Francisco, arteramente asesinado en el estado de Morelos, así como con la de los familiares de las demás víctimas. Exijo a las autoridades que haya justicia y que no prevalezca la impunidad, como ya es costumbre nacional. ¡¿Cómo no estremecerse con las palabras del poeta?! ¡¿Cómo no hacer nuestra su dolor y su demanda?!: “El mundo ya no es digno de la palabra… la poesía ya no está en mí”… Me uno también al clamor social de “Ya basta” que hay en la sociedad y creo que debemos tomar la calle, tal y como lo hacen los españoles de todos los colores cuando ataca ETA… Síganme en twitter: @ferbelaunzaran
domingo, 3 de abril de 2011
jueves, 24 de marzo de 2011
ZAMBRANO, PADIERNA Y LAS ALIANZAS
Fernando Belaunzarán
Twitter: @ferbelaunzaran
El antecedente es referencia obligada. Hace tres años tuvieron que pasar ocho meses y una crisis traumática antes de tener certeza sobre la elección de los dirigentes del PRD. Ahora, en menos de 48 hrs. se obtuvo un resultado claro e incontrovertible y se evitó la tan anunciada ruptura. Por ello, a pesar del show mediático de una Secretaria General confrontada con el Presidente, la verdad es que los costos resultaron ser mucho menores de los que se pronosticaban y se salvó un evento ineludible que representaba inminentes peligros, los cuales fueron, al menos de momento, conjurados. Jesús Zambrano tendrá la responsabilidad de conducir las elecciones del 2012 y, antes de ella, comicios locales de gran trascendencia, entre ellos, por supuesto, los del Estado de México, entidad en la que la alianza con el PAN se convirtió, para Andrés Manuel López Obrador, en punto de definición de la candidatura presidencial de la izquierda, lo cual explica la beligerancia de Dolores Padierna para tratar de impedirla; algo que, por cierto, la rebasa y que, además, permite vislumbrar con claridad la quinta esencia del actuar obradorista: simulación.
No hay alianza que haya sido suscrita con el PAN y que no haya sido avalada con el voto favorable de Dolores Padierna –tanto Oaxaca, Puebla, Sinaloa, Durango e Hidalgo en 2010, como Nayarit y Coahuila en 2011- lo cual no ha obstado para que ésta declare que la “línea política” del Congreso perredista de 2009 prohíbe las alianzas con el PAN, algo que podría tomarse como confesión de parte, pues si eso fuera cierto todas habrían sido ilegales, con independencia de que hayan sido aprobadas o no en el Consejo Nacional o en el Comité Político. Pero eso es falso. En dicho Congreso se acordó trasladar la discusión sobre su pertinencia, caso por caso, a los otros órganos de dirección y, por esa razón, fue votado por unanimidad. Así lo entendieron los medios en sus notas de aquel entonces y eso explica que el texto sea contradictorio e incluso esquizofrénico, pues el consenso se construyó pegando párrafos de documentos muy disímbolos.
Llama la atención que Andrés Manuel López Obrador, sin haber acudido al Congreso, haya repetido la especie de que en ese evento se prohibieron las alianzas y tomado la bandera de la legalidad para justificar su petición de “licencia”, no sólo porque, como vimos, no hay tal sino porque no hay nada más ilegal que haber apoyado candidatos de otros partidos. Pero la simulación es su escuela. Así como en el 2006 El Peje llamaba en las plazas al recuento “voto por voto y casilla por casilla”, pero en su recurso al TEPJF se le olvidó demandar la reapertura de más de 50 mil urnas, así también se opuso públicamente a la alianza en Oaxaca, pero la permitió y hasta dejó que el PT se incorporara. No es casualidad sino “modus operandi” que se explica por una forma de entender la política. Vemos como sigue persiguiendo herejes en el seno de la izquierda y denostando a los moderados al tiempo en que en sus reuniones con empresarios y en su “Proyecto alternativo de Nación” recién presentado se esmera en hacer gala de moderación. Su problema es que el doble discurso, más allá de su grey que lo sigue con devoción y sin distancia crítica, le resta credibilidad.
Jesús Zambrano tiene una tarea complicada, pues, por lo que se ve, todo el peso de la institucionalidad recaerá bajos sus hombros y tendrá frente así a una Secretaria General facciosa, muy preocupada por mandarle mensajes de incondicionalidad a AMLO a través de los medios. Por eso hizo muy bien Zambrano en comprometerse en ser imparcial en la elección del candidato del PRD en 2012 y llamar a la unidad con base en el diálogo y respeto a la legalidad y a las decisiones mayoritarias de los órganos de dirección. En ese sentido, sabe que el PRD está obligado a asumir los resultados de la consulta del domingo 27 de marzo en el Estado de México. Los mexiquenses en las urnas decidirán si en ese estado emblemático habrá alianza o no.
El nuevo presidente del PRD tiene mucha experiencia y tiene el carácter para no someterse a los poderes fácticos perredistas. Ese es un punto fundamental. La dirección real del partido no recayó en ninguna de sus fuertes figuras y eso ayudará a la democracia interna y a la necesaria y sana autonomía que permitan efectivamente no cargar los dados en la candidatura presidencial ni reproducir al priísmo en su interior. El colectivo no se sometió, en esta ocasión, a las voluntades supremas.
Es indudable que Zambrano hubiera logrado mayor gobernabilidad y un equipo más eficaz y constructivo si el Secretario General fuera Armando Ríos Pitter, figura fresca y dinámica que además le habría redituado al PRD en imagen y ayudado al necesario relevo generacional. Pero Marcelo Ebrard prefirió no tomar partido frente al obradorismo, lo cual si bien le ayuda a mantenerse como un factor de unidad, quizás luego se dé cuenta de que desperdició una importante posibilidad de darle un rumbo cierto al PRD alrededor de una estrategia que comparte con los llamados “chuchos” por posponer definiciones que más temprano que tarde deberá tomar. En efecto, acarició la idea de aprovechar la polarización para quedarse con la presidencia, pero eso no debe espantar a nadie; la política es también tratar de aprovechar las oportunidades aunque, en este caso, haya medido mal.
Pero frente a las simulaciones que se extienden, se cayó una. La solicitud de reafiliación de René Bejarano mostró a la luz del día lo que todos sabíamos y que él mismo confirmo: nunca se había ido. De hecho, nunca dejó de ser el operador más importante de AMLO en el PRD a pesar de que no estuviera formalmente inscrito. Eso se debió a que mantuvo su liderazgo al frente de la corriente Izquierda Democrática Nacional que sólo nominalmente dirige su esposa. Por cierto, la intención de Bejarano de ser de nuevo perredista debe pasar, tal y como lo marcan los Estatutos, por la decisión de los órganos de dirección nacional. Y no está demás recordar que el mismo Bejarano en un mitin, después de los triunfos aliancistas del 2010, anunció su apoyo a la alianza con el PAN en el Estado de México. Esa misma tarde, AMLO contesto desde una radiodifusora en Chiapas: eso sería “traición”. Así por las buenas, “el Profesor” rectificó de inmediato. Donde manda capitán…
Twitter: @ferbelaunzaran
El antecedente es referencia obligada. Hace tres años tuvieron que pasar ocho meses y una crisis traumática antes de tener certeza sobre la elección de los dirigentes del PRD. Ahora, en menos de 48 hrs. se obtuvo un resultado claro e incontrovertible y se evitó la tan anunciada ruptura. Por ello, a pesar del show mediático de una Secretaria General confrontada con el Presidente, la verdad es que los costos resultaron ser mucho menores de los que se pronosticaban y se salvó un evento ineludible que representaba inminentes peligros, los cuales fueron, al menos de momento, conjurados. Jesús Zambrano tendrá la responsabilidad de conducir las elecciones del 2012 y, antes de ella, comicios locales de gran trascendencia, entre ellos, por supuesto, los del Estado de México, entidad en la que la alianza con el PAN se convirtió, para Andrés Manuel López Obrador, en punto de definición de la candidatura presidencial de la izquierda, lo cual explica la beligerancia de Dolores Padierna para tratar de impedirla; algo que, por cierto, la rebasa y que, además, permite vislumbrar con claridad la quinta esencia del actuar obradorista: simulación.
No hay alianza que haya sido suscrita con el PAN y que no haya sido avalada con el voto favorable de Dolores Padierna –tanto Oaxaca, Puebla, Sinaloa, Durango e Hidalgo en 2010, como Nayarit y Coahuila en 2011- lo cual no ha obstado para que ésta declare que la “línea política” del Congreso perredista de 2009 prohíbe las alianzas con el PAN, algo que podría tomarse como confesión de parte, pues si eso fuera cierto todas habrían sido ilegales, con independencia de que hayan sido aprobadas o no en el Consejo Nacional o en el Comité Político. Pero eso es falso. En dicho Congreso se acordó trasladar la discusión sobre su pertinencia, caso por caso, a los otros órganos de dirección y, por esa razón, fue votado por unanimidad. Así lo entendieron los medios en sus notas de aquel entonces y eso explica que el texto sea contradictorio e incluso esquizofrénico, pues el consenso se construyó pegando párrafos de documentos muy disímbolos.
Llama la atención que Andrés Manuel López Obrador, sin haber acudido al Congreso, haya repetido la especie de que en ese evento se prohibieron las alianzas y tomado la bandera de la legalidad para justificar su petición de “licencia”, no sólo porque, como vimos, no hay tal sino porque no hay nada más ilegal que haber apoyado candidatos de otros partidos. Pero la simulación es su escuela. Así como en el 2006 El Peje llamaba en las plazas al recuento “voto por voto y casilla por casilla”, pero en su recurso al TEPJF se le olvidó demandar la reapertura de más de 50 mil urnas, así también se opuso públicamente a la alianza en Oaxaca, pero la permitió y hasta dejó que el PT se incorporara. No es casualidad sino “modus operandi” que se explica por una forma de entender la política. Vemos como sigue persiguiendo herejes en el seno de la izquierda y denostando a los moderados al tiempo en que en sus reuniones con empresarios y en su “Proyecto alternativo de Nación” recién presentado se esmera en hacer gala de moderación. Su problema es que el doble discurso, más allá de su grey que lo sigue con devoción y sin distancia crítica, le resta credibilidad.
Jesús Zambrano tiene una tarea complicada, pues, por lo que se ve, todo el peso de la institucionalidad recaerá bajos sus hombros y tendrá frente así a una Secretaria General facciosa, muy preocupada por mandarle mensajes de incondicionalidad a AMLO a través de los medios. Por eso hizo muy bien Zambrano en comprometerse en ser imparcial en la elección del candidato del PRD en 2012 y llamar a la unidad con base en el diálogo y respeto a la legalidad y a las decisiones mayoritarias de los órganos de dirección. En ese sentido, sabe que el PRD está obligado a asumir los resultados de la consulta del domingo 27 de marzo en el Estado de México. Los mexiquenses en las urnas decidirán si en ese estado emblemático habrá alianza o no.
El nuevo presidente del PRD tiene mucha experiencia y tiene el carácter para no someterse a los poderes fácticos perredistas. Ese es un punto fundamental. La dirección real del partido no recayó en ninguna de sus fuertes figuras y eso ayudará a la democracia interna y a la necesaria y sana autonomía que permitan efectivamente no cargar los dados en la candidatura presidencial ni reproducir al priísmo en su interior. El colectivo no se sometió, en esta ocasión, a las voluntades supremas.
Es indudable que Zambrano hubiera logrado mayor gobernabilidad y un equipo más eficaz y constructivo si el Secretario General fuera Armando Ríos Pitter, figura fresca y dinámica que además le habría redituado al PRD en imagen y ayudado al necesario relevo generacional. Pero Marcelo Ebrard prefirió no tomar partido frente al obradorismo, lo cual si bien le ayuda a mantenerse como un factor de unidad, quizás luego se dé cuenta de que desperdició una importante posibilidad de darle un rumbo cierto al PRD alrededor de una estrategia que comparte con los llamados “chuchos” por posponer definiciones que más temprano que tarde deberá tomar. En efecto, acarició la idea de aprovechar la polarización para quedarse con la presidencia, pero eso no debe espantar a nadie; la política es también tratar de aprovechar las oportunidades aunque, en este caso, haya medido mal.
Pero frente a las simulaciones que se extienden, se cayó una. La solicitud de reafiliación de René Bejarano mostró a la luz del día lo que todos sabíamos y que él mismo confirmo: nunca se había ido. De hecho, nunca dejó de ser el operador más importante de AMLO en el PRD a pesar de que no estuviera formalmente inscrito. Eso se debió a que mantuvo su liderazgo al frente de la corriente Izquierda Democrática Nacional que sólo nominalmente dirige su esposa. Por cierto, la intención de Bejarano de ser de nuevo perredista debe pasar, tal y como lo marcan los Estatutos, por la decisión de los órganos de dirección nacional. Y no está demás recordar que el mismo Bejarano en un mitin, después de los triunfos aliancistas del 2010, anunció su apoyo a la alianza con el PAN en el Estado de México. Esa misma tarde, AMLO contesto desde una radiodifusora en Chiapas: eso sería “traición”. Así por las buenas, “el Profesor” rectificó de inmediato. Donde manda capitán…
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