14 de julio de 2008
Fernando Belaunzarán
En el país del Gober Precioso, de Ulises Ruiz y de Juan Camilo Mouriño debe valorarse que en el Distrito Federal no haya prevalecido la impunidad por el desastroso operativo policiaco que costó la vida a doce personas. Así mismo, debe reconocerse que el jefe de Gobierno cumplió su compromiso al acatar las recomendaciones de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y que ya no estén en sus cargos los responsables de más alto rango de las dependencias involucradas. Sin embargo, no hay margen para la autocomplacencia ni en el gobierno ni en el PRD. La gravedad de lo acontecido obliga a reflexionar, revisar y corregir, no sólo para guarnecer al principal bastión perredista de cara a unas elecciones intermedias complicadas sino también para reforzar el perfil de izquierda liberal y democrática que deben tener las administraciones encabezadas por el partido del sol azteca. En ese sentido, la tragedia del News Divine debe ser un parteaguas.
Por supuesto, si se piensa que el problema es exclusivamente de imagen y lo único que hay que hacer es crear una campaña mediática eficaz para enfrentar los efectos dañinos del suceso, entonces quiere decir que se considera que todo está muy bien, que tan sólo fue una “lamentable cadena de errores” que pudieron evitarse, que con el castigo y la salida de los responsables se pagan las culpas y que lo que se requiere es volver lo antes posible al carril de la cotidianidad abandonada por una imprevisible contrariedad, cuyos daños ya están controlados. No es difícil suponer que algún insensible burócrata pudiera razonar así, pero después del informe de la CDHDF esa visión resulta absolutamente insostenible.
Emilio Álvarez Icaza puso un espejo frente a la izquierda en el poder y la imagen que le regresó está lejana de los ideales, anhelos, valores y propuestas que durante duras décadas de enfrentamiento contra el autoritarismo priísta forjó esa tendencia política en la capital del país. Eso no quiere decir que no se hagan cosas buenas y congruentes en la administración capitalina, mismas que se deben preservar y resaltar; pero sería engañarse afirmar que las razzias policiacas son el único resabio, la última trinchera en la que hasta hoy se parapetan las concepciones autoritarias del viejo régimen en la Ciudad de México. Ya nos dimos cuenta en todo el país que era más fácil derrotar al PRI en las urnas que al priísmo como cultura política.
No, la tragedia no fue causada por “errores” sino por la implementación de una política “sistemática e institucionalizada” que criminaliza a jóvenes cuya única falta –si se le puede llamar así- es beber cerveza en establecimientos regulados por la autoridad delegacional y en la que se violan los derechos humanos de los que debieran ser tratados como víctimas y no como delincuentes. Ya hemos dicho que el objetivo de estos operativos no era otro que la promoción mediática de la policía haciendo redadas espectaculares que produjeran cientos de detenidos y que den sustancia al mensaje de cero tolerancia que vino a promover hace algunos años Rudolph Guliani y que en tiempos de zozobra frente a la inseguridad creciente resulta rentable para acrecentar preferencias electorales. Sin embargo, dicha concepción persecutoria necesariamente de jóvenes y pobres es incompatible con el PRD y su historia y expresa exactamente lo contrario a los programas sociales que se implementan en la misma ciudad. Junto a las doce estúpidas muertes que no debieron haber ocurrido, feneció también el gulianismo, el verdadero error de aquel infausto 20 de junio.
Es evidente que se necesita replantear la concepción de seguridad pública y de la procuración de justicia en la Ciudad de México para que éstas hagan compatible la eficacia en la persecución del crimen y la prevención del delito con el respeto pleno a los derechos humanos y sin sacrificar libertades civiles y políticas; una verdadera visión humanista de la seguridad y la justicia en una época en la que la apología de la violencia está por todas partes y la fuerza suele imponerse sobre la razón y el derecho.
Ahora bien, como ya había adelantado, el problema no se circunscribe a la policía y la relación de ésta con los habitantes a los que debe proteger. Parto de la convicción de que el sello de izquierda de un gobierno debe abarcar todas sus políticas. No se puede, o al menos no se debe, ser de izquierda en los programas sociales y de derecha en la seguridad pública; progresista en la promoción de la cultura y retrógrada en la estigmatización de los jóvenes y sus costumbres; liberal en el reconocimiento de la diversidad y conservador en la democracia. Para eso es el Programa de un partido, para que haya congruencia entre políticas que deben expresar los valores que lo animan y que tienen su realización en un modelo de sociedad que debe guiar su acción política.
En ese sentido, la auténtica división de poderes que existe en la Ciudad de México debería enorgullecer a los perredistas, así como el contar con una comisión de derechos humanos autónoma e independiente que no controla el gobernador ni es una veleta como la que tenemos a nivel federal. De la misma manera, el Programa del PRD indica hacia donde caminar, pues ahí está establecida su convicción republicana y municipalista. En lugar de concentrar el poder y reforzar el centralismo, la capital de los Estados Unidos Mexicanos debe caminar hacia ser la entidad 32 de la República.
De nada. Gracias al bloque de Nueva izquierda y ADN, Andrés Manuel López Obrador puede retar a debate a Felipe Calderón sin riesgo de ser sancionado por las instancias jurisdiccionales del PRD. Recordemos que en el último Congreso Nacional la Jihad Pejista, encabezada por Martí Batres y Gerardo Fernández Noroña, abandonaron la sesión y rompieron sus votos tras rechazarse la prohibición expresa a debatir con el titular del Poder Ejecutivo… Y hablando de mi amigo Gerardo: ¿Qué le habrá pasado? ¿Por qué se habrá quedado callado? ¿Por qué no regañó a Leonel Cota por declarar sobre los errores de AMLO en el 2006? ¿Acaso no le habrá llegado la síntesis informativa que él mismo elabora? ¿Será que ya está siendo tentado por el colaboracionismo? ¿Lo veremos en adelante modosito y moderado? ¿Le quitarán la suscripción vitalicia del Sendero del Peje? ¿O estamos ante un ardid publicitario para que los periodistas vuelvan a asistir a sus conferencias de prensa?... Con el fin de agradar a su patrón, algunos han querido comparar el 2006 con 1998 difundiendo la insidia de que al líder de entonces, Cuauhtémoc Cárdenas no quiso enfrentar al sistema como sí lo está haciendo López Obrador. La comparación es en sí excesiva, pues en 1988 no hubo las condiciones institucionales, económicas, políticas y organizativas que se tuvieron en 2006 para competir por la presidencia. Pero además, en lo que se refiere a “enfrentar al sistema” también es un exceso. Enfrentar a Carlos Salinas costó más de quinientos muertos. Hasta ahora, proclamarse “presidente legítimo” y recorrer el país hablando de resistencia civil ha sido un picnic en relación con lo ocurrido en ese entonces, aunque, eso sí, con desastrosas consecuencias electorales… Pero nadie tan patético como Porfirio Muñoz Ledo que en su afán de ser diputado se presenta como el radical de entonces y de ahora, olvidando su paso por el foxismo y su visita a Los Pinos para pedirle a Salinas que le permitiera competir como candidato a la gobernatura de Guanajuato y que le otorgaran su pensión por sus años en el servicio público…Después de asistir a la fiesta de uno de sus nietos, el director del Instituto de la Juventud del DF por fin se apareció y en pleno News Divine anunció que en el expropiado lugar harían tardeadas con “agüita” –como si la cerveza y la forma en que se divierten los jóvenes hubiera tenido la culpa de la tragedia- y se invitará a los padres de familia para que observen tan sano esparcimiento. Con este desplante mojigato para cultivar “buenas conciencias” demuestra que al menos él no entiende nada y es más sano su mutis. Y pobres jóvenes a los que obliguen a ir a una tardeada tan “aguada”… Francisco Chiguil cree que puede regresar a gobernar la GAM. La difícil y lamentable situación personal por la que atraviesa quizás explique el por qué no alcanza a ver la magnitud de los hechos y no comprenda todavía que dadas las circunstancias su cargo ya es insalvable. La que no tiene disculpa es Alejandra Barrales cuya actuación facciosa le afecta a todo el PRD. Por la obsesión de mantener para su grupo interno esa demarcación está involucrando al partido en una causa perdida e indefendible que da pie a que lo comparen con lo que hace el PRI respecto a Mario Marín y Ulises Ruiz y el PAN con Juan Camilo Mouriño…
lunes, 14 de julio de 2008
martes, 8 de julio de 2008
20 AÑOS DEL 6 DE JULIO
7 de julio de 2008
Fernando Belaunzarán
En 1988 la izquierda nunca tuvo la elección en la bolsa. Contra todos los obstáculos y adversidades imaginables e inimaginables, el movimiento democratizador más importante en la historia del país se abrió paso desafiando a un sistema omnímodo, autoritario y corrupto que hizo todo por aplastarlo. En aquellos tiempos, la autoridad electoral dependía directamente del gobierno federal; el PRI tenía mayoría absoluta en el órgano colegiado e imponía todas sus decisiones. Además, ese partido gobernaba los 31 estados de la república, el Distrito Federal y más del 95% de los municipios del país. Los medios de comunicación estaban subordinados al poder del Estado y no se preocupaban por cuidar las formas. La cobertura informativa era descaradamente desequilibrada y facciosa y, por lo mismo, la guerra sucia no se distinguía del resto de los mensajes porque era cotidiana y permanente. Eran otros tiempos y ser oposición implicaba riesgos a la libertad e incluso a la vida. Las libertades y reformas democráticas que vinieron después le deben mucho a ese 6 de julio de 1988, día de la insurrección cívica que cimbró al partido de Estado y lo resquebrajó de manera irreversible.
1988 es inseparable de Cuauhtémoc Cárdenas, el hombre que encabezó la ruptura en el PRI, generó alrededor de él una insólita unidad entre las fuerzas de izquierda más diversas, contrarió las políticas económicas neoliberales y defendió la tradición nacionalista y popular de la revolución mexicana. Su popularidad no fue resultado de la obra de gobierno, aunque fue Gobernador de Michoacán. Sin duda le ayudó ser hijo y heredero político de su padre, El General Lázaro Cárdenas, el ex presidente más entrañable para los mexicanos, pero su magnetismo se debió también a la entereza, sencillez y franqueza con la que enfrentó la desigual lucha contra el régimen priísta y se relacionó con el pueblo mexicano. La empatía que generó con millones de personas era notable, aunque peculiar.
El gesto adusto y serio y la falta de elocuencia no lesionaban su aura ni interferían con la comunicación subterránea, mágica, casi mística, que mantenía con amplios sectores, no sólo marginados sino también de la clase media y la intelectualidad. La devoción no fue fortuita. Al ingeniero Cárdenas, a pesar de no tener dotes de orador, se le escuchaba con atención porque sabía escuchar y transmitir confianza.
No era la perspectiva de ser beneficiarios de programas sociales lo que la gente veía en él sino al único que podía enfrentar y vencer al PRI y conformar un gobierno nacionalista y popular que revirtiera los efectos de la crisis. La gente se identificó con “El hijo del general” porque era el que mejor representaba el deseo de cambio al tiempo que rememoraba al Estado benefactor ya desmantelado. Era también el centro de un juego de símbolos de larga tradición: el padre bueno, el caudillo que enfrenta a los poderosos para beneficio de los desprotegidos, el hombre valiente que está dispuesto a correr los riesgos para traer a estas tierras ese valor encarecido llamado Justicia. Muchas circunstancias, mucha historia, muchas creencias, mucha desesperación confluyeron para ese momento único de la historia nacional.
Eran los tiempos de las elecciones de Estado como parte de la identidad nacional y no existía ningún contrapeso o equilibrio institucional para detener excesos. La intervención facciosa de los gobiernos priístas era una normalidad política que rehusaba ser revisada.
En aquel entonces los partidos fueron rebasados por el movimiento y las condiciones para competir eran muy limitadas. Cuahutémoc hubiera querido contar con el partido que en el 2006 fue despreciado y hecho a un lado –por eso lo conformó un año después. Por supuesto, también con los tiempos en radio y televisión o con la cobertura informativa que existieron en el último proceso. Sobra decir que no había recursos para pagar brigadas o activistas que promovieran el voto o quisieran sumarse a la estructura electoral, ya no digamos los 400 millones de pesos que hace dos años se destinaron para sostener estructuras virtuales. En 1988 el trabajo era básicamente voluntario y los riesgos de represión tan reales que fueron hostigados y detenidos activistas en distintos lugares del país y gente cercana al candidato, Francisco Javier Ovando y Román Gil Heráldez, fue incluso asesinada. Todavía vivía esa momia tenebrosa de nombre Fidel Velásquez que ante dichos crímenes escupió una estampa macabra del viejo régimen: “fue un pleito de cantina”. Después de esos muertos seguirían quinientos más en el sexenio y antes de que el PRD gobernara su primera entidad tuvo que resistir, con Cuauhtémoc Cárdenas a la cabeza, todo el peso del sistema, pues Carlos Salinas estaba obsesionado con destruirlo.
En 1988 los medios no fabricaron un candidato para después asustarse de su obra y combatirla. La imagen de Cuahutémoc no fue obra del presupuesto público ni tuvo acuerdos con las televisoras para difundir favorablemente sus dichos y hechos. Los grandes poderes fácticos tampoco coquetearon con él ni lo promovieron como una posibilidad para gobernar. Al contrario, resistió y se fortaleció al castigo desde el primer momento, desde antes de salir del PRI. Se arriesgó a entrar en la UNAM para hacer un mitin contra la oposición manifiesta y activa del gobierno federal y de las autoridades universitarias que respondían a los intereses priísta y no se arredró a pesar de que la intervención gubernamental fue grosera y prepotente y el linchamiento político y mediático contra el neocardenismo no tuvo pudor alguno.
A diferencia del 2006, el fraude fue descarado y las huellas del mismo quedaron por todas partes. Por supuesto, eso no minimiza todas las inequidades, mañas y trampas que se hicieron para evitar el triunfo de Andrés Manuel López Obrador. El fraude, sea sutil o sea burdo, no deja de serlo. Pero hace veinte años, ¿cuánto habría dado la izquierda por tener las condiciones que tuvo en la última elección presidencial? Estoy cierto que no hubiera permitido que se escamoteara su triunfo, menos aún habiéndolo tenido en el bolsillo.
De paso…
¡Bravo! No tengo la menor simpatía por Álvaro Uribe, pero me alegra y conmueve la liberación de Ingrid Betancourt y demás secuestrados a tal grado que considero que no debe escamotearsele el mérito del rescate, así no haya sido ejecutado como el guión de película holliwoodense que nos contaron. Las FARC están en descomposición y justamente repudiadas dentro y fuera de Colombia por utilizar métodos deleznables que desmienten cualquier buena causa que digan sostener. Lo único que les queda es liberar a todos los secuestrados que tienen y hacerle caso a Hugo Chávez, pues en eso tiene razón: deben desarmarse y acordar la paz… Los informes sobre el caso News Divine esperamos que sirvan para que la sociedad sepa exactamente qué pasó, por qué pasó y quiénes son los responsables. De seguro Marcelo Ebrard actuará en consecuencia y honrará su compromiso de que no habrá impunidad. No resisto, sin embargo, a hacer una exigencia como miembro de la dirección nacional del PRD y en concordancia con la historia, los postulados y principios de mi partido: ¡Basta de perseguir a los jóvenes por divertirse! ¡Ni una razzia, redada o apañón más!... Preocupa leer a viejos militantes de izquierda convertidos en periodistas del oficialismo reproducir argumentos que normalmente usan los conservadores para exculpar a los policías de sus excesos contra los jóvenes. Ahora resulta que escandalizan de cómo éstos se divierten y hay quién casi se santigua mientras relata en forma melodramática que en el News Divine regalaban cerveza a “los casi niños” que se quitaran una prenda mientras bailaban en una jaula. ¡Qué horror! ¡A lo que hemos llegado! ¡Virgen Santa!... Por cierto, ¿no sería una buena idea y a la vez una buena señal que sean jóvenes los que implementen las políticas públicas para ese sector en la capital del país? ¿Alguien se imagina a un hombre al frente del Instituto de la Mujer? Y es que existen dudas de por qué en director del Instituto de la Juventud capitalino no ha dicho está boca es mía ante los lamentables hechos en la Delegación Gustavo A. Madero: A) Porque estaba escogiendo dentadura postiza, B) Porque le molestaba la artritis, C) Porque no se decidía sobre el color del tinte para cubrirse las canas. Aclaro que no estoy pidiendo que nadie entre a las estadísticas del desempleo -al fin y al cabo, según ha trascendido, hay plazas disponibles en la policía… Buenas cuentas entrega el Presidente Nacional del PRD, Guadalupe Acosta Naranjo, de las elecciones en Nayarit. De no gobernar ningún municipio ahora el perredismo gobernará cuatro y además logró la victoria en tres distritos locales…Ya sabremos pronto quién ganó la elección en el PRD, según la Comisión Nacional de Garantías. Crucemos los dedos para que no triunfe ni la impunidad ni el veto…
Fernando Belaunzarán
En 1988 la izquierda nunca tuvo la elección en la bolsa. Contra todos los obstáculos y adversidades imaginables e inimaginables, el movimiento democratizador más importante en la historia del país se abrió paso desafiando a un sistema omnímodo, autoritario y corrupto que hizo todo por aplastarlo. En aquellos tiempos, la autoridad electoral dependía directamente del gobierno federal; el PRI tenía mayoría absoluta en el órgano colegiado e imponía todas sus decisiones. Además, ese partido gobernaba los 31 estados de la república, el Distrito Federal y más del 95% de los municipios del país. Los medios de comunicación estaban subordinados al poder del Estado y no se preocupaban por cuidar las formas. La cobertura informativa era descaradamente desequilibrada y facciosa y, por lo mismo, la guerra sucia no se distinguía del resto de los mensajes porque era cotidiana y permanente. Eran otros tiempos y ser oposición implicaba riesgos a la libertad e incluso a la vida. Las libertades y reformas democráticas que vinieron después le deben mucho a ese 6 de julio de 1988, día de la insurrección cívica que cimbró al partido de Estado y lo resquebrajó de manera irreversible.
1988 es inseparable de Cuauhtémoc Cárdenas, el hombre que encabezó la ruptura en el PRI, generó alrededor de él una insólita unidad entre las fuerzas de izquierda más diversas, contrarió las políticas económicas neoliberales y defendió la tradición nacionalista y popular de la revolución mexicana. Su popularidad no fue resultado de la obra de gobierno, aunque fue Gobernador de Michoacán. Sin duda le ayudó ser hijo y heredero político de su padre, El General Lázaro Cárdenas, el ex presidente más entrañable para los mexicanos, pero su magnetismo se debió también a la entereza, sencillez y franqueza con la que enfrentó la desigual lucha contra el régimen priísta y se relacionó con el pueblo mexicano. La empatía que generó con millones de personas era notable, aunque peculiar.
El gesto adusto y serio y la falta de elocuencia no lesionaban su aura ni interferían con la comunicación subterránea, mágica, casi mística, que mantenía con amplios sectores, no sólo marginados sino también de la clase media y la intelectualidad. La devoción no fue fortuita. Al ingeniero Cárdenas, a pesar de no tener dotes de orador, se le escuchaba con atención porque sabía escuchar y transmitir confianza.
No era la perspectiva de ser beneficiarios de programas sociales lo que la gente veía en él sino al único que podía enfrentar y vencer al PRI y conformar un gobierno nacionalista y popular que revirtiera los efectos de la crisis. La gente se identificó con “El hijo del general” porque era el que mejor representaba el deseo de cambio al tiempo que rememoraba al Estado benefactor ya desmantelado. Era también el centro de un juego de símbolos de larga tradición: el padre bueno, el caudillo que enfrenta a los poderosos para beneficio de los desprotegidos, el hombre valiente que está dispuesto a correr los riesgos para traer a estas tierras ese valor encarecido llamado Justicia. Muchas circunstancias, mucha historia, muchas creencias, mucha desesperación confluyeron para ese momento único de la historia nacional.
Eran los tiempos de las elecciones de Estado como parte de la identidad nacional y no existía ningún contrapeso o equilibrio institucional para detener excesos. La intervención facciosa de los gobiernos priístas era una normalidad política que rehusaba ser revisada.
En aquel entonces los partidos fueron rebasados por el movimiento y las condiciones para competir eran muy limitadas. Cuahutémoc hubiera querido contar con el partido que en el 2006 fue despreciado y hecho a un lado –por eso lo conformó un año después. Por supuesto, también con los tiempos en radio y televisión o con la cobertura informativa que existieron en el último proceso. Sobra decir que no había recursos para pagar brigadas o activistas que promovieran el voto o quisieran sumarse a la estructura electoral, ya no digamos los 400 millones de pesos que hace dos años se destinaron para sostener estructuras virtuales. En 1988 el trabajo era básicamente voluntario y los riesgos de represión tan reales que fueron hostigados y detenidos activistas en distintos lugares del país y gente cercana al candidato, Francisco Javier Ovando y Román Gil Heráldez, fue incluso asesinada. Todavía vivía esa momia tenebrosa de nombre Fidel Velásquez que ante dichos crímenes escupió una estampa macabra del viejo régimen: “fue un pleito de cantina”. Después de esos muertos seguirían quinientos más en el sexenio y antes de que el PRD gobernara su primera entidad tuvo que resistir, con Cuauhtémoc Cárdenas a la cabeza, todo el peso del sistema, pues Carlos Salinas estaba obsesionado con destruirlo.
En 1988 los medios no fabricaron un candidato para después asustarse de su obra y combatirla. La imagen de Cuahutémoc no fue obra del presupuesto público ni tuvo acuerdos con las televisoras para difundir favorablemente sus dichos y hechos. Los grandes poderes fácticos tampoco coquetearon con él ni lo promovieron como una posibilidad para gobernar. Al contrario, resistió y se fortaleció al castigo desde el primer momento, desde antes de salir del PRI. Se arriesgó a entrar en la UNAM para hacer un mitin contra la oposición manifiesta y activa del gobierno federal y de las autoridades universitarias que respondían a los intereses priísta y no se arredró a pesar de que la intervención gubernamental fue grosera y prepotente y el linchamiento político y mediático contra el neocardenismo no tuvo pudor alguno.
A diferencia del 2006, el fraude fue descarado y las huellas del mismo quedaron por todas partes. Por supuesto, eso no minimiza todas las inequidades, mañas y trampas que se hicieron para evitar el triunfo de Andrés Manuel López Obrador. El fraude, sea sutil o sea burdo, no deja de serlo. Pero hace veinte años, ¿cuánto habría dado la izquierda por tener las condiciones que tuvo en la última elección presidencial? Estoy cierto que no hubiera permitido que se escamoteara su triunfo, menos aún habiéndolo tenido en el bolsillo.
De paso…
¡Bravo! No tengo la menor simpatía por Álvaro Uribe, pero me alegra y conmueve la liberación de Ingrid Betancourt y demás secuestrados a tal grado que considero que no debe escamotearsele el mérito del rescate, así no haya sido ejecutado como el guión de película holliwoodense que nos contaron. Las FARC están en descomposición y justamente repudiadas dentro y fuera de Colombia por utilizar métodos deleznables que desmienten cualquier buena causa que digan sostener. Lo único que les queda es liberar a todos los secuestrados que tienen y hacerle caso a Hugo Chávez, pues en eso tiene razón: deben desarmarse y acordar la paz… Los informes sobre el caso News Divine esperamos que sirvan para que la sociedad sepa exactamente qué pasó, por qué pasó y quiénes son los responsables. De seguro Marcelo Ebrard actuará en consecuencia y honrará su compromiso de que no habrá impunidad. No resisto, sin embargo, a hacer una exigencia como miembro de la dirección nacional del PRD y en concordancia con la historia, los postulados y principios de mi partido: ¡Basta de perseguir a los jóvenes por divertirse! ¡Ni una razzia, redada o apañón más!... Preocupa leer a viejos militantes de izquierda convertidos en periodistas del oficialismo reproducir argumentos que normalmente usan los conservadores para exculpar a los policías de sus excesos contra los jóvenes. Ahora resulta que escandalizan de cómo éstos se divierten y hay quién casi se santigua mientras relata en forma melodramática que en el News Divine regalaban cerveza a “los casi niños” que se quitaran una prenda mientras bailaban en una jaula. ¡Qué horror! ¡A lo que hemos llegado! ¡Virgen Santa!... Por cierto, ¿no sería una buena idea y a la vez una buena señal que sean jóvenes los que implementen las políticas públicas para ese sector en la capital del país? ¿Alguien se imagina a un hombre al frente del Instituto de la Mujer? Y es que existen dudas de por qué en director del Instituto de la Juventud capitalino no ha dicho está boca es mía ante los lamentables hechos en la Delegación Gustavo A. Madero: A) Porque estaba escogiendo dentadura postiza, B) Porque le molestaba la artritis, C) Porque no se decidía sobre el color del tinte para cubrirse las canas. Aclaro que no estoy pidiendo que nadie entre a las estadísticas del desempleo -al fin y al cabo, según ha trascendido, hay plazas disponibles en la policía… Buenas cuentas entrega el Presidente Nacional del PRD, Guadalupe Acosta Naranjo, de las elecciones en Nayarit. De no gobernar ningún municipio ahora el perredismo gobernará cuatro y además logró la victoria en tres distritos locales…Ya sabremos pronto quién ganó la elección en el PRD, según la Comisión Nacional de Garantías. Crucemos los dedos para que no triunfe ni la impunidad ni el veto…
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